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¿Cuándo acabará el acoso sexual en Marruecos?

De algún modo, resulta aceptable acosar, denigrar, mirar con lascivia o agredir físicamente a una mujer.

04/09/2017 07:55 CEST | Actualizado 04/09/2017 07:55 CEST
STRINGER/AFP/Getty Images

Cuando me enteré de que Marruecos había sido sacudido por el último ataque sexual, en el que seis hombres abusaron sexualmente de una joven en un autobús público en Casablanca, a plena luz del día, delante de otros pasajeros, mi sorpresa no fue para tanto.

Los informes detallados de los medios y un vídeo publicado en YouTube muestran a seis hombres sin camiseta riéndose, mientras manosean una chica joven e intentan quitarle la ropa, sin que el conductor ni el resto de pasajeros se inmuten.

La naturaleza desvergonzada de este ataque sexual en público demuestra lo profundamente arraigado que está este problema, que no sólo ocurre en Marruecos, sino en muchos países del mundo.

Es un problema de las actitudes perturbadoras e inquietantes hacia las mujeres.

Estas actitudes proceden de la idea de que, de algún modo, resulta aceptable acosar, denigrar, mirar con lascivia o agredir físicamente a una mujer.

Proceden de la idea de que, de algún modo, resulta aceptable que los hombres pongan excusas para explicar por qué tienen permiso para perpetrar vergonzosas faltas de respeto y violencia hacia las mujeres, que suelen basarse en afirmaciones con las que aseguran que no pueden evitarlo.

Después de pasar cinco semanas viajando por Marruecos, puedo dar fe de la presencia de estas actitudes en Marruecos. Puedo dar fe de que hay actitudes muy descaradas y que se considera aceptable que los hombres te impongan a la fuerza sus desagradables e indeseables pensamientos sexuales.

Cuando llegué a Fez, me encerré en la habitación del hotel durante 11 días y no salí, porque no podía soportar más el acoso.

A diario, fui objeto de miradas obscenas y comentarios sexuales de hombres en la calle. Me sentía tan incómoda con ese acoso incansable que cuando llegué a Fez, una de las ciudades más grandes del país, me encerré en la habitación del hotel durante 11 días y no salí, porque no podía soportar más el acoso.

Y aun así, en el hotel, fui objeto de comentarios desdeñosos y de un comportamiento condescendiente por parte de los trabajadores (hombres) del hotel.

El carácter generalizado de estas actitudes hacia las mujeres en Marruecos también se hizo evidente durante dos charlas que dirigí como parte del trabajo que llevo a cabo con mi fundación Project Monma, que aspira a concienciar sobre la violencia y la discriminación contra las mujeres en todo el mundo. En ambas charlas, saqué el tema del acoso sexual y, en ambos casos, nadie en la sala, ni hombre ni mujer, negó que el acoso sexual fuera un grave problema en Marruecos.

Un hombre incluso explicó que cuando decidió no acosar sexualmente a las mujeres, sus amigos le criticaron por no hacerlo. Si eres hombre en Marruecos -según explicó- se espera de ti que acoses sexualmente a las mujeres.

De hecho, todas las mujeres que conocí en Marruecos, se quejaban de la implacable naturaleza del acoso sexual en el país.

Una mujer contó que siempre trataba de coger taxis en lugar de caminar por la calle, sólo por evitar el acoso. Otra mujer explicó que se había comprado un coche para no tener que ir andando por la calle, porque el acoso era insoportable.

No me cabe duda de que Marruecos tiene un serio problema con la forma en que sus hombres tratan a sus mujeres.

Y el acoso sexual de esta joven en un autobús marroquí no hace más que demostrarlo.

Esos hombres obviamente sintieron que no tendrían que enfrentarse a las consecuencias de sus acciones por haber llevado a cabo esa agresión sexual en un lugar público, delante de la gente.

Obviamente, sintieron que era aceptable hacerlo.

Lo que estos hombres hicieron a esa chica en el autobús es una consecuencia de tales actitudes.

Violencia.

Lo que esos chicos han entendido de su sociedad es que es aceptable tratar a las mujeres y a las chicas como objetos sexuales disponibles para abusar y agredir por diversión.

Resulta fundamental que, como comunidad global, hablemos de ello alto y claro, de la manera que podamos, para condenar y criticar no sólo a los hombres que se comportan así, sino también a las sociedades y culturas que promueven esas actitudes discriminatorias hacia las mujeres. Ahora que aumenta el flujo migratorio, especialmente en Europa y en otras partes del mundo, este problema va a convertirse en un problema de todo el mundo. Si hay hombres en Marruecos (y en más países) que creen que es tolerable agredir y acosar sexualmente a una mujer en Marruecos (y en más países), prensarán que es tolerable agredir y acosar sexualmente a una mujer en cualquier parte.

Tenemos que actuar ya allí donde ocurren estos escandalosos comportamientos, para garantizar que los hombres que actúan de esta manera aprendan que en ningún momento, en ningún lugar, es aceptable intimidar sexualmente, denigrar, humillar o agredir físicamente a las mujeres. Nunca.

Porque, si no lo hacemos, seguiremos viendo horrendos actos de violencia como los que vimos en el autobús en Casablanca y mucho, mucho peores.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano