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¿Por qué agitan algunos en Podemos las aguas con sus aliados en Canarias?

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Foto de los candidatos de Sí Se Puede al Ayuntamiento de Santa Cruz en las elecciones municipales de 2015/SSP

No sólo en Andalucía o en Madrid. El poder en torno Podemos y su entorno se disputa palmo a palmo, y esta semana ha tocado en Canarias, donde la secretaria de Organización de Podemos en las islas, Conchi Moreno, ha pedido la disolución de Sí se puede, organización política de la izquierda canaria que ha sido muy relevante en la acción política de Podemos en las islas de Tenerife y La Gomera, donde viven los casi un millón de los dos millones de habitantes que habitan en el archipiélago canario.

Alternativa Sí Se Puede (SSP) nació en 2007 en Tenerife al calor de las fuertes movilizaciones que se produjeron en las islas en la primera década de este siglo contra la bulimia desarrollista de Coalición Canaria, apoyada de manera entusiasta por el PP y por una parte del PSOE. Con la definición de ecosocialista y el reconocimiento del derecho de autodeterminación, en SSP confluyeron algunos nacionalistas de izquierdas de toda la vida, militantes ecologistas y activistas locales sin una filiación política concreta, constituyendo lo que uno de sus fundadores ha definido, con cierto humor y cariño, como "un partido posmoderno". Con el tiempo, incluso, se acercaron viejos simpatizantes socialistas que ya no reconocían a su viejo partido de referencia.

Sin un duro, casa a casa, asociación a asociación y pueblo a pueblo, SSP fue penetrando en un tejido político y social tan complejo como el canario, tan trufado de los clientelismos propios de un territorio pequeño cuyas élites tienen una concepción del poder casi patrimonial y familiar, particularmente en Coalición Canaria. Arraigaron en los principales municipios de la isla e incluso consiguieron gobernar el municipio de Buenavista del Norte de 2011 a 2015. Mucho antes de que la transversalidad y las asambleas fueran revitalizadas por el 15-M, en Tenerife ya había una organización política radicalmente democrática, con un liderazgo colectivo y una militancia muy diversa.

Los que hoy pretenden hacerle una OPA hostil a Sí se puede nunca consiguieron sacar de la irrelevancia a las listas electorales que se presentaban a la izquierda del PSOE.

Pero este camino hecho pasito a pasito cambió con la irrupción de Podemos en 2014. Con buen tino o no, ya el tiempo dirá, la mayoría de la militancia de SSP decidió participar dentro de la nueva formación política, permitida como estaba la doble militancia, sobre todo si se trataba de un partido local. La gente de SSP multiplicaba sus posibilidades de obtener representación política, y Podemos aprovechaba parte del ingente trabajo político de SSP. Como resultado de este proceso, que contó con la complicidad de la dirección estatal de Podemos y no sentó muy bien en algunos de los primeros integrantes de los círculos en Tenerife, buena parte de los dirigentes de Podemos en la isla de Tenerife son de SSP, así como numerosos concejales, consejeros del Cabildo y diputados en el Parlamento de Canarias elegidos en las municipales y autonómicas de 2015.

¿A qué viene ahora entonces este intento de alterar los equilibrios y remover las aguas con un aliado que en principio fue bastante cercano a la actual dirección regional? Aparte de la evidente batalla por el poder en toda organización política, hay también dos visiones de cómo se tiene que construir la llamada unidad popular en Canarias. Los más próximos a la dirección regional de Podemos y a su secretaria general, Meri Pita, practican un modelo más clásico de partido centralizado y fuertemente vinculado a las directrices estatales. Desde SSP se opta por un modelo más a la valenciana o a la catalana, donde se reivindiquen claramente las cuestiones diferenciales canarias y se federen distintas iniciativas de base en un territorio tan fragmentado como el archipiélago, donde existen plataformas políticas locales bien arraigadas que sospechan de que Podemos tiene una voracidad insaciable. Las espadas están en alto, sobre todo porque SSP tiene intención de organizarse también en la isla de Gran Canaria en torno a los críticos que allí existen con la dirección regional.

No es un hecho menor que los que hoy pretenden hacerle una OPA hostil a SSP, sectores tradicionalmente vinculados a una izquierda clásica de orientación más bien comunista, llevaban muchos años instalados en la irrelevancia electoral, hasta que llegó la ola de Podemos. Mientras que SSP consiguió arraigar en un momento adverso del ciclo político para la izquierda alternativa.

Queda por ver hacia dónde girarán las rastas de Alberto Rodríguez, el más mediático de los diputados canarios, antiguo militante de IU, y al que estos días alguno pedía en las redes que se posicionara.

Por lo pronto, nadie ha pedido refuerzos a Moscú, perdón, a Madrid, para diluir a una izquierda con un marcado discurso canario que se revuelve como los galos contra el imperio romano.