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La diplomacia de Juan Carlos I en Cuba que no aprendió Zapatero

03/03/2015 07:06 CET | Actualizado 02/05/2015 11:12 CEST

La "inoportuna" visita de José Luis Rodríguez Zapatero a Cuba para reunirse con Raúl Castro, encuentro que el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha llegado a calificar como "acto de deslealtad", recupera el manual básico de diplomacia que el expresidente socialista no aprendió de Juan Carlos I.

En la Cumbre Iberoamericana que acogió La Habana en noviembre de 1999, 507 años después del desembarco de Cristóbal Colón en la bahía de Bariay, cercana a la actual Holguín ("Nunca tan fermosa cosa vide", relató el genovés a los Reyes Católicos), Juan Carlos I fue el primer rey de España, y de momento el único, en pisar suelo cubano.

En su vista en la plaza de Armas al palacio de los Capitanes Generales, sorprendente e inabarcable como la propia Cuba, el historiador de la Habana Vieja Eusebio Leal, de ingente cultura e hispanista, invitó a Juan Carlos I a sentarse en el trono que llevaba siglos esperando al rey de España. Pese a las buenas intenciones de Eusebio Leal, Juan Carlos I tuvo en el salón del trono los reflejos de un buen rey y, cortésmente, rechazó la invitación. El gesto, ocho años antes del "¿por qué no te callas?" que se ganó por su verborrea el difunto Hugo Chávez, ahorró a la diplomacia española conflictos baldíos con caudillos latinoamericanos que hubieran malinterpretado la foto como derecho de conquista.

La cintura de la que Zapatero y Moratinos han carecido ahora, pese al ejemplo de Juan Carlos I en aquella Cumbre Iberoamericana que dejó otras anécdotas que siguen comentándose en la capital cubana. La más recurrente fue la noche en que La Guarida, célebre paladar que sirvió como escenario para rodar Fresa y Chocolate, cobijó a doña Sofía de Grecia. La casa real no llamó hasta dos horas antes y los vecinos se pellizcaban al verla escaleras arriba en un edificio sin ascensor. ¡La reina de España en Centro Habana, el barrio negro por excelencia! Al menos tuvieron tiempo para recoger las sábanas, muchas de ellas raídas, que se secaban sobre la fachada.

La visita real llenó durante muchas noches La Guarida, al igual que La Cocina de Lillian se quedó sin mesas desde que Jimmy Carter les visitara en 2002. Desde entonces, sus responsables publicitaron un menú con gancho: "Siéntase presidente por una noche". La misma cena que degustó el demócrata: frituras de malanga, arroz y frijoles y ropa vieja, todo regado con Marqués de Cáceres. ¡Un rioja descorchado junto al Trópico de Cáncer!

Diferencia de "talante" entre un buen provecho o una visita "indigesta" a la perla del Caribe.