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Del 'crack' de las criptomonedas a una civilización descentralizada

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Foto: ISTOCK

Aunque el primer crack del mercado de criptomonedas alternativas o altcoins se produjo con bastante sigilo en la economía española, en torno a ese primer ensayo se creó y se ha difundido una tecnología de efectos completamente disruptivos, la denominada blockchaino cadena de bloques criptográficos, con importante participación española.

Las razones del crack fundamentalmente se debieron a la inevitable aparición de nuevo hardware especializado en este tipo de monedas que, utilizado desde granjas de minado principalmente chinas, provocó un volcado masivo de divisas que desembocó en el hundimiento de su valor, en muchos casos con caídas casi hasta cero. Pero al hundimiento sobrevivieron dos éxitos inmensos: el primero, que el mercado había aceptado que el descifrado de cadenas de código específico podría tener valor fiduciario (y ello sin despertar reacciones legales en su contra desde los bancos centrales en prácticamente ningún Estado. Y algo todavía mayor, que la tecnología blockchain que había detrás de las criptomonedas y que permitía su comercio era un big bang de la nueva economía financiera: habían creado un mercado internacional tan opaco o transparente como se quisiese, seguro, difuso, sin intermediarios, legal, un proceso de destrucción creativa absolutamente revolucionario que está provocando la reacción estratégica de muchos bancos, buscando la adaptación urgente a esta tecnología.

Efectivamente, una buena parte de las transacciones y operaciones económicas en nuestro actual sistema económico-jurídico precisan de la intervención de terceros: bancos, fedatarios y una lista de intermediarios que encarece, retrasa y añade su parte de incertidumbre al sistema. ¿Qué sucedería si se pudieran suprimir esos terceros a nivel mundial? Transacciones económicas sin bancos (o con mucha menos presencia de estos), contratos a distancia con las mayores salvaguardas de seguridad en cuanto a su contenido, identidad y momento, contratos inteligentes (smartcontracts), sistemas de control a todo tipo de procedimientos mercantiles, administrativos, de auditoría, seguridad... a un coste mínimo.

De pronto, se podrían garantizar entornos de máxima seguridad jurídica y transparencia de cualquier operación, sistema de gestión, colaboración o ejecución en el ámbito público o privado. Naturalmente, se trata de una tecnología que nació en el software libre, y una vez más, de una forma invisible inauguramos un espacio social donde la humanidad no ha estado todavía. Incluso ya se habla de que en menos de una década el sistema tributario estará basándose en esta tecnología.

Al rey exiliado de la criptografía se le conoce enigmáticamente como Satoshi Nakamoto, aunque nos consta que tiene varias naturalezas, algunas no del todo privadas.

¿Quién está detrás de esta tecnología?

Si comenzó siendo un sólo individuo o siempre ha sido, como lo que es ahora, una suerte de inteligencia social secreta, una masonería libertaria, en cualquier caso, al rey exiliado de la criptografía se le conoce enigmáticamente como Satoshi Nakamoto, aunque nos consta que tiene varias naturalezas, algunas no del todo privadas.

En España, y con efecto no sólo europeo, Ramón Martínez, Jorge Fuertes y Armando Ramos, los dos primeros miembros de la Junta de Hispalinux, crearon el primer consorcio de minado de criptomoneda del mundo.

La idea, completamente original, utilizaba la potencia de minado distribuida entre unas monedas principales y aplicaba los resultados sobre otro conjunto de monedas de cadena secundaria, multiplicando de esta forma los resultados de la minería. Aparentemente complejo, pero sencillamente eficaz y... rentable.

Después de conocer un rápido éxito y demostrar que se podían hacer operaciones sobre las cadenas que se consideraban técnicamente imposibles, sus autores decidieron liberar el código que habían construido a la comunidad con fines educativos.

La suerte de las criptomonedas (que, por cierto, han vuelto a levantar cabeza) dictó sin embargo el destino de esa modernísima comunidad minera. No obstante, una parte del proyecto español en torno a la tecnología blockchain sobrevivió como cadena certificada de seguridad para todo tipo de operaciones complejas que precisan máxima seguridad, garantizando la custodia de todo tipo de operaciones en la cadena, incluidas firmas y sellos de tiempo; la inmutabilidad de cada dato de la cadena, ya que no se puede modificar nada de lo guardado; la seguridad: cualquier transacción es confirmada y guardada, validada por las operaciones posteriores, es por tanto infalsificable; su carácter distribuido y descentralizado: podemos tener cuantas copias queramos en cualquier localización, clientes, terceros de confianza, notarios, entidades...; su indestructibilidad.

Entre los varios paradigmas de la tecnología de cadenas de bloques criptográficos que nació de entre los cascotes de la crisis inmobiliaria en 2008, y reaccionando a los valores de aquel fracaso de la moral y de la inteligencia, parece destacar el hecho de que nadie que construya con blockchains puede hacer trampas. Se dice pronto, pero esa búsqueda desde la tecnología ha condicionado el nacimiento de una herramienta prometedora y emergente, parte de una nueva sociedad que tiene sus enemigos.