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Capítulo LXIII: El balneario

01/09/2013 08:42 CEST | Actualizado 31/10/2013 10:12 CET

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En capítulos anteriores...

La aventura parece haber llegado a su fin. Tras la muerte del Capitán Pescanova, Mister Proper vuelve a la civilización. Es el único superviviente de cuantos iban a bordo del barco. Aparentemente, el caso Mimosín está resuelto.

Al poco de volver a Marketinia, le prescribieron reposo en un conocido hospital de montaña, de esos a los que iban a recuperarse de sus excesos las estrellas de cine. Llevaba ya tres semanas allí y empezaba a encontrarse físicamente fuerte, aunque psicológicamente seguía muy tocado. Antes de aquello, le habían sometido a todo tipo de interrogatorios: la policía, la prensa, las compañías de seguros... Cuando se enteraron de que era el único superviviente de la catástrofe del barco, todo el mundo quiso hablar con él. Finalmente, el juez empezó a temer por su salud y optó por recluirle en aquel lugar apartado del mundo y esperar a que se repusiera.

Ese día, estaba en el jardín, tomando el aire sentado en un banquito. La enfermera le sacó de su ensimismamiento.

- Señor Proper, tiene visita.

- Don Limpio -contestó distraídamente.

Era el mayordomo de Tenn.

- Mayordomo, me alegro de verte -El Mayordomo y él habían coincidido cientos de veces en los platós de televisión durante los años gloriosos de la publicidad y habían acabado por hacerse grandes amigos.

- Y yo a ti también, chico -respondió el mayordomo-. Tienes buena cara.

- Cada vez mientes peor, tío. Sé perfectamente que tengo un aspecto horrible, pero de todas formas te lo agradezco.

El mayordomo se sentó a su lado y le acarició paternalmente una pierna.

- Por cierto, he leído esas declaraciones en las que cuentas cómo te metiste en todo este lío. Estás completamente loco, ¿por qué no me pediste ayuda? ¿Cómo se te ocurrió hacerlo todo por tu cuenta? Sabes que podías confiar en mi.

- No, amigo mío. Cuando el mono me contó todo aquel asunto de los billetes falsos, me acojoné. La policía estaba en el ajo. No sabía a quién recurrir.

- ¿Ni siquiera a mí? -el mayordomo parecía realmente dolido.

- Tienes que entenderlo, no quería comprometerte -respondió Mister Proper-. Te conozco, mayordomo. No te habría gustado actuar al margen de tu departamento. Y tu departamento estaba metido hasta el fondo en esta mierda.

- Todos no, amigo mío. Debiste contármelo. Yo te habría convencido de que Pescanova era un tío legal.

Mister Proper sonrió con tristeza.

- Supongo que sí. Me salvó la vida, ¿sabes? Y ahora, él también está muerto. Todos los que me aprecian, acaban muriendo. Está claro que hice bien no avisándote. Habrían terminado por acabar contigo.

- Bueno -suspiró el mayordomo- al menos conseguiste enterarte de lo que le había ocurrido realmente a Mimosín.

- Yo no estoy tan seguro de eso, mayordomo. El Gran Jefe me dijo que sólo querían hacerle daño. ¿Por qué iba a mentirme?

- Yo le hice la autopsia, ¿recuerdas? Te lo dije, se emplearon a fondo con él.

- Pero el Capitán me contó que le dijiste que había dos tipos de golpes: unos que parecían ser obra de un profesional y otros que no -le rebatió Mister Proper.

- Sí, vale, puede que dijera eso, ¿y qué? Igual le dieron entre dos y uno de ellos estaba pedo o colocado o yo que sé... pobre osito, con todas esas rajas en el cuerpo y toda esos trozos de fibra y lana saliendo por ellas. No sé...

- ¿Qué acabas de decir? -le interrumpió Mister Proper.

- ¿Cuándo, ahora? No sé... ¿qué he dicho? ¿lo de las rajas?

- No, no, después - le apremió el calvo.

- ¿Lo de la fibra... y la lana?

- ¿Había lana?

- Sí bueno, sobre todo había fibra, ya sabes, esas pelusas blancas que llevan los peluches por dentro, y también algo de lana. ¿Por qué lo dices?

-Mimosín no tenía lana por dentro. Su relleno era exclusivamente de algodón.

Era tan suave se publica por entregas: cada día un capítulo. Puedes consultar los anteriores aquí.