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Capítulo XXVII: El camello

28/07/2013 09:53 CEST | Actualizado 26/09/2013 11:12 CEST

el camello


En capítulos anteriores...

Por fin, Mister Proper ha descubierto que el misterioso personaje registrado a nombre de C que llamó al mono para darle el soplo de que el cocodrilo de Lacoste estaba acusándoles a él y a Mimosín de pagar la destellina con billetes falsos, es un camello. Ahora, ha quedado con él para intentar conseguir más información sobre la muerte de su novio.

Pasaban 20 minutos de las 10 de la noche cuando el camello entró en el bar, pidió una Coca Cola Light y cambio de cincuenta euros en monedas, y se puso a jugar a la máquina tragaperras. En realidad no era camello, sino dromedario. Los camellos tenían dos jorobas, - Mister Proper lo recordaba perfectamente de un álbum de cromos que había completado de pequeño - , y en la espalda de éste animal no había más que una. El calvo le observó con cierto nerviosismo. No sabía muy bien qué debía hacer, así que optó por mirarle fijamente a ver si conseguía que el dealer se fijara en él, pero no hubo manera. El camello parecía completamente ensimismado en las cerezas, piñas y sandías que subían y bajaban cada vez que él metía un cobre en la ranura y tiraba de la palanca. Finalmente, apuró de un trago el refresco y se marchó. Mister Proper pagó apresuradamente su consumición y salió tras él, justo a tiempo para verle doblar la esquina. Corrió en la misma dirección hasta llegar a una calle bastante estrecha y poco iluminada. Con cierta cautela, Mister Proper empezó a caminar. No había rastro del camello. Siguió avanzando. Cuando había recorrido unos cincuenta metros, pasó junto a un portal y escuchó una voz que le llamaba desde dentro.

-¡Aquí!

Había una puerta de cristal con marco de aluminio. Mister Proper la empujó y entró en la vivienda. Era el típico portal años 70, con un horripilante suelo de mármol, paredes de gotelé y un cuadro en bastante mal estado que representaba una batalla naval. El dromedario estaba de pie, con la giba apoyada en los buzones.

-¿Vives aquí?- preguntó Mister Proper.

-¿Yo?, que va, el conserje es cliente mío. Y a cambio de un pequeño descuento, me hizo hace tiempo una copia de la llave del portal. Resulta bastante útil para estas cosas. Bueno, ¿has traído la pasta?

-Si, aquí tienes - dijo mientras le pasaba un fajo de billetes.

El camello contó el dinero.

-Pero aquí hay 300 pavos. Te dije 120...

-Verás, es que en realidad lo que quiero no es droga. Te llamé porque necesito cierta información.

Al dealer no le gustó nada aquello.

-¿De qué coño vas tu? - le espetó visiblemente cabreado - ¿eres poli o algo así?

-No, no, tranquilo... Escucha, se que tu llamaste al Mono para darle cierta información sobre el Cocodrilo de Lacoste.

-¡Pero qué...!, ¡Ese puto simio!, ¡Encima de que trato de ayudarle, va y se pone a dar el chivatazo! Mira, tío, no se de que va esto, pero no me mola una mierda. Llévate tu pasta y olvida que me has visto.

El camello le puso el dinero en la mano y se dirigió a la puerta.

-Mimosín era mi novio.

Aquello hizo que el dealer se detuviera en seco. Poco a poco se dio la vuelta, suspiró y negó con la cabeza.

-Está bien... Joder, no se porque hago esto. Dime que quieres saber.

-¿A quién le dijo Lacoste que los billetes falsos se los habían pasado Mimosín y el Mono?

El camello se le quedó mirando en silencio durante unos instantes.

-Te lo advierto, chaval, te estás metiendo en un terreno muy peligroso. Esa gente no se anda con tonterías. Se que el osito no había hecho nada, pero a ellos esas cosas les importan una mierda. Disparan primero y preguntan después. ¿Porqué no te vas a casa y te olvidas de todo esto?

-No pienso hacer eso. Necesito saber qué le ocurrió a mi novio. Se lo debo.

-Muy bien - suspiró el dromedario - como quieras. No te voy a dar nombres. No los necesitarás. Ve a casa del lagarto. Mucho me temo que sus días de suerte se han terminado. Al parecer, alguien ha hecho llegar a oídos de cierta persona que él era el verdadero falsificador. No creo que tarden mucho en hacerle una visita. Y probablemente le harán cosas aún peores que las que le hicieron a tu novio. Si después de ver el espectáculo, aún te quedan ganas y huevos para seguir indagando, pues allá tu. Y ahora, por favor, desaparece y olvídame para siempre.

El camello se dio la vuelta para irse, pero Mister Proper le sujetó y le tendió de nuevo el fajo de billetes.

-Espera, toma, esto es tuyo. Es lo menos que puedo hacer.

Pero el traficante jorobado lo rechazó.

-No, guárdate tu dinero. ¿Sabes? Mimosín me caía bien. Le gustaba demasiado esta mierda que vendo, pero era un tío legal. No se merecía lo que han hecho. Espero que tengas suerte.

Y diciendo esto, salió por la puerta y desapareció.

Era tan suave se publica por entregas: cada día un capítulo. Puedes consultar los anteriores aquí.

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