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Los Reyes Magos no existen: los amaños en el fútbol

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Ilustración: Alfonso Blanco

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Eva Cañizares Rivas, abogada experta en Derecho Deportivo y directora del BNFit Fundición, Grupo Santagadea

Tahar Ben Jelloun escribió que la amistad es una religión sin Dios. Orfeo Súarez modifica parcialmente la afirmación para aplicarla al fútbol: el fútbol es una religión sin Dios. Nosotros añadiríamos, pero no sin creyentes. Como otros fenómenos sociales centrales en nuestra vida social -el dinero, la democracia-, el fútbol como espectáculo de masas descansa su éxito en una creencia compartida, en este caso, que la competición es mínimamente justa.

Los aficionados presuponemos que los resultados de los partidos son fruto de los méritos de los equipos o, en su defecto, de la aleatoriedad inevitable (una lesión de última hora, una decisión arbitral equivocada, un mal bote, etc). Pero no cabe en la mente de los aficionados que los resultados finales u otros aspectos del juego (los córners, las faltas, las tarjetas) hayan sido decididos previamente, y todo ello en aras de un factor ajeno al propio deporte: beneficiar a ciertas personas que compran la voluntad de los jugadores implicados para obtener réditos económicos en las apuestas online.

La principal amenaza es la existencia de la propia religión que es el fútbol, pues sin creyentes, esta deja de existir.

En este lado oscuro del fútbol, el dinero toma un valor incalculable para las dos partes implicadas. Por un lado, para los jugadores que militan en las categorías de fútbol aficionado, donde es más fácil caer en la corrupción, ya que los ingresos de los futbolistas están a años luz de los de los grandes equipos y de las grandes estrellas de la Liga profesional, más allá de que al ser competiciones no profesionales tales actividades no están tipificadas como delitos.

Por otro lado, los amañadores para los que el fútbol, más que una pasión deportiva, es una opción donde invertir dinero y, de una forma u otra, enriquecerse a costa de ello. Bien es verdad que, en principio, dicha actividad es totalmente lícita, pero cuando se manipulan las apuestas para controlar que se den los resultados programados, surge el amaño, la trampa. En esta dinámica, las apuestas online han llegado a su apogeo, como demuestra la entrevista a un corredor de apuestas que ha publicado recientemente El Mundo, en la que se pone de manifiesto que el fútbol nacional se está viendo sacudido por una trama de supuestos amaños de partidos que podría derivar en unas consecuencias nunca vistas en nuestro país.

El reportaje muestra cómo se trampean, sobre todo, partidos de Tercera y Segunda B - "hasta un 40%" -, pero también afirma que se acuerdan alteraciones de partidos de Primera y Segunda A con goles, córners, tarjetas y otras variables. Se apuesta y, por tanto, se manipula hasta el número de córners que se producen en cada encuentro - sobre todo en la Tercera División-. Y a medida que los distintos campeonatos de fútbol van llegando a la fase final de la temporada aumentan los temores de que surjan los famosos maletines y, sobre todo, la adulteración de las apuestas online, dada la opacidad del sistema de pago de las mismas, el monedero electrónico, que ofrece tantas ventajas que es el preferido por los tramposos.

La gravedad de los amaños radica en los bienes a los que amenaza. Ponen en peligro los varios negocios que se han desarrollado y aprovechado del fútbol, entre ellos, las apuestas legales, incluida la Quiniela. No es extraño que las propias casas de apuestas estén especialmente interesadas en perseguir a los amañadores. Pero la principal amenaza es la existencia de la propia religión que es el fútbol, pues sin creyentes, esta deja de existir: se habrá destruido la ilusión infantil que todo aficionado alberga cuando el árbitro hace sonar el silbato y da comienzo un partido. Ya sabríamos que los Reyes Magos no existen, y sin éstos, tampoco habrá derechos de retransmisión televisiva, venta de camisetas o de derechos de imagen.