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Apuntes para un domingo de octubre

29/09/2017 07:23 CEST | Actualizado 29/09/2017 07:23 CEST
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Los meteorólogos anuncian buen tiempo el Barcelona este domingo, algunas nubes y temperatura agradable, el termómetro pasará de los 23º. Me gustaría poder dar un paseo con mis hijos por la mañana, ir a un parque a jugar al baloncesto y caminar por el centro de la ciudad. Después tenemos un gran festejo familiar y prepararé una bullabesa con un suave regusto a hinojo y a coñac flambeado.

Me gustaría que el domingo fuera un día tranquilo, de esos días cálidos del arranque del otoño en la costa. Tal vez por la tarde podría leer con los niños un capítulo de una novela de Robert Louis Stevenson, de El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Hay una cita en esa novela que uso en ocasiones:

Formular una pregunta equivale, muchas veces, a tirar una piedra. Suba usted a lo alto de una colina, tome una piedra y échela a rodar por la pendiente. La piedra arrastrará muchas otras y, sin que usted lo piense, el pobre diablo que cultiva las lechugas en su huerta para pasar inofensivamente el día de descanso sufrirá descalabros mortales y su viuda contraerá segundas nupcias.

A mis hijos les encantan las historias que cuenta Stevenson, uno tiene 8 años, el otro 10, pasan miedo, pero me piden que siga leyendo. Les gusta que venga su hermana mayor y les lea cuentos, ella vive ya independiente, el domingo vendrá a comer.

Siempre he querido que mis hijos no tuvieran miedo a nada, que vayan formando sus opiniones poco a poco, sin convulsiones, no quisiera que fueran «antinada» ni «antinadie». Por esta razón dudo que el domingo que viene pueda salir a pasear con ellos, dudo también que la comida familiar discurra con tranquilidad.

Llevamos tantos días/semanas/meses/años dando vueltas por el laberinto catalán que es complicado ver la realidad con cierta perspectiva, estamos saturados de opiniones, de predicciones. Los acontecimientos se suceden día a día y cualquier sugerencia caduca de inmediato, no conviene ser agorero con los sentimientos a flor de piel. De momento no veo sino gestos y rostros cansados, miradas crispadas y pocas ganas de entendimiento. Las distintas orillas están siendo especialmente crueles con los equidistantes, parece que haya consenso en disparar a los pianistas, como en las viejas películas del oeste.

Soy hombre de leyes, intento ser prudente, no represento a nadie, protejo a mi familia, a mis amigos y también protejo mis principios. La Constitución y el ordenamiento jurídico son mis instrumentos de trabajo, la tutela de los derechos es mi actividad principal, la que da sentido a mi labor. Llevo 26 años viviendo feliz en Cataluña.

El principio de legalidad no es un instrumento de represión, ni mucho menos. El principio de la legalidad es la garantía fundamental, nadie debe ser atropellado en sus derechos.

La Constitución de 1978 no es una Constitución militante y es posible su reforma total, respetando unas pautas concretas

Mientras el debate era meramente ideológico por virulento que fuera consideraba que era un reflejo de esos derechos fundamentales, la Constitución de 1978 no es una Constitución militante y es posible su reforma total, respetando unas pautas concretas.

Cuando el Parlamento de Cataluña el 6 de septiembre aprobó las leyes que nos han conducido a este marasmo consideré que se había producido un cambio cualitativo, que ya no era un problema de respeto a la divergencia, una expresión de la libertad política; era algo distinto.

La ley que convoca el referéndum y la llamada ley de desconexión eran el quebrantamiento de derechos y garantías fundamentales, colocaba a una exigua mayoría del parlamento catalán y a su gobierno en la ilegalidad. Ya no había dos orillas, ya no había un conflicto político que pudiera afectar a la convivencia, una de las orillas ha quedado al margen de la ley, no solo de la Constitución, sino de cualquier ley de cualquier Estado de derecho. No es un problema de legitimación, de soberanía, de derecho a decidir, es un quebranto completo de las reglas de convivencia.

Barcelona está llena de banderas y carteles en los que se afirma que no es una cuestión de independencia, sino de democracia, asombra que abanderen estos eslóganes quienes han quebrantado los principios democráticos.

No es un problema de democracia, no es así, la democracia española tiene deficiencias, como la de otros países de nuestro entorno, los jueces y tribunales no son instrumento de nada, ni de nadie, los tribunales actuamos para garantizar derechos y libertades, para restablecer las instituciones legítimas y así se está haciendo en Cataluña, como lo hacen en cualquier otro punto de España.

Sin duda considero necesario que a partir del 2 de octubre se abran nuevos cauces de diálogo, se planteen las reformas más profundas, pero para eso debe reestablecerse un marco de respeto a la legalidad y a la Constitución, como paso previo para cualquier cambio.

Será complicado recomponer la convivencia, se ha perdido mucho tiempo y muchos esfuerzos en profundizar en las discrepancias hasta hacerlas casi insalvables.

Tengo asumido que el domingo 1 de octubre no será un día normal, muchísimos catalanes han sido declarados estos días ciudadanos de segunda categoría en su propia ciudad.

Será complicado recomponer la convivencia, se ha perdido mucho tiempo y muchos esfuerzos en profundizar en las discrepancias hasta hacerlas casi insalvables. Hemos visto a verdaderos profesionales en una y otra orilla agrandando la brecha, hasta sospechar que pueda haber secretas alianzas entre los extremos.

Sin embargo, soy optimista, puede que un optimista patológico y sin mucho fundamento. Creo y defiendo que el Estado debe ser generoso, pero previamente se deben restablecer esas garantías básicas, creo también que sería imprescindible que el Parlamento de Cataluña se disuelva y se convoquen nuevas elecciones aquí, el proyecto que aglutinó a una mayoría artificial se ha agotado, con sus luces y sus sobras.

También creo que a partir del día 2 las dinámicas serán distintas en el Congreso de los Diputados y que Europa ha de jugar un papel fundamental en convencer a los interlocutores de que no se trata de dos orillas de un mismo océano, sino de un lago circular en el que toda la costa está conectada, a todas partes tendríamos que poder ir a pie.

Mientras llegan esos días de calma me contento con recuperar cierto sosiego, con poder pasear tranquilo viendo como se destiñen todas las banderas. Espero que el Dr. Jekyll no sea devorado por Mr. Hyde, que no se lancen inconscientemente piedras a rodar por ninguna colina. Que haya nuevas reglas del juego, reglas comunes.

JOs

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