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'Big Pop'

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Foto: FACEBOOK

Los medios se han hecho eco esta semana de la demanda que la pintora japonesa Fumiko Negishi asegura haber interpuesto frente al artista pop Antonio de Felipe, reclamando el reconocimiento de su autoría sobre más de 200 obras firmadas por él. Negishi trabajaba en el taller de De Felipe y declara ser la verdadera creadora de los cuadros. De pronto, recordamos el caso de la artista Margaret Ulbricht, que Tim Burton llevó al cine en su película Big Eyes.

La precisión de la autoría no es sencilla ni puede hacerse en abstracto: autor es el creador de una obra, sin que esa creación pueda tampoco hacerse equivaler, simplemente, a su ideación. El autor de una obra pictórica no es quien la piensa, sino quien la pinta, independientemente de que, al hacerlo, esté trasladando al lienzo una idea o una realidad que le es ajena. Solo si esa premisa está a su vez plasmada en una obra distinta (aunque sea preparatoria, como lo es un boceto) de manera que la ejecución termine consistiendo en la reinterpretación o en la adaptación de lo que otro ha pensado y ha creado ya antes, podremos cuestionar no tanto la autoría material del resultado final como su condición de obra original.

Con los datos de que disponemos en este caso, encontramos que Fumiko Negishi dice ser la verdadera autora de cientos de obras atribuidas al pintor valenciano, si bien De Felipe niega la mayor explicando que la concepción integral de cada cuadro es suya hasta el detalle, y que Negishi solamente aplica la pintura siguiendo sus instrucciones y sujetándose estrictamente a su definición de la obra. Negishi -asegura De Felipe- no aporta nada creativo a las obras. Siguiendo esta aseveración, Fumiko Negishi sería una mera ejecutora técnica de instrucciones detalladas, y su papel en la creación de los cuadros se limitaría a una intervención parcial y predeterminada cuyo único fin es agilizar el proceso y facilitar la producción. En este sentido, es irrelevante que Negishi sea mejor o peor pintora; presumimos que tiene la técnica suficiente para trabajar en el taller de un artista reconocido y que es capaz de generar obras de calidad. Pero no es el hecho de que sea capaz de pintar obras propias lo que se discute, sino si las que Antonio de Felipe firmó con su nombre habiendo intervenido ella son realmente suyas.

No podemos llegar mucho más lejos ahora: sería en mi opinión necesario conocer el proceso creativo que se sigue en el taller de Antonio de Felipe para cada obra en disputa. Soy de la opinión de que, si Fumiko Negishi ejecuta íntegramente el cuadro plasmando una mera idea comunicada por un tercero, ella es la autora del mismo. Pero tampoco conocemos en qué grado esa idea es una mera descripción verbal (caso en que Negishi sería indudablemente autora) o pasa por la adaptación de una creación preexistente (un boceto de De Felipe, caso en el que habría que considerar tal vez que el cuadro es una adaptación de aquél, y Negishi entonces autora de una obra derivada), o bien se limita a trabajar sobre parámetros ya definidos en el propio lienzo completando trazos o diseños ejecutados por De Felipe (situación en la que podría considerarse que es coautora si su aportación incorpora una originalidad sustantiva, o bien reducirse a una mera ejecutante técnica sin valor autoral). Solo examinando el método de trabajo en cada lienzo y la intervención demostrable de cada una de las partes en esta disputa podremos encontrar una solución. Para eso están los jueces... o los arreglos extrajudiciales.