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Los personajes de Trueba

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Fotograma de La reina de España, de Fernando Trueba.

El artículo 87 de nuestra Ley de Propiedad Intelectual define quiénes pueden ser considerados autores de una obra audiovisual. Así, lo serán el director-realizador, los autores del argumento, la adaptación y los del guión o los diálogos y también los de las composiciones musicales, con o sin letra, creadas especialmente para esta obra. Esto significa que una obra audiovisual -como una película- generalmente tendrá varios autores conjuntos, aunque en España podamos encontrar excepciones (muy poco usuales) como el caso de Alejandro Amenábar.

No entraremos en discusiones artísticas acerca de qué es más importante a la hora de crear una película, si un buen guión o una buena dirección; hay guiones magníficos arruinados por una mala dirección y hay historias mediocres salvadas por un director con recursos... Pero el hecho es que todo director necesita partir de una historia en forma de guión para plantear su trabajo.

Fernando Trueba estrenó en 1998 su película La niña de tus ojos, una comedia dramática sobre las peripecias de un grupo de cineastas y actores españoles en la Alemania nazi. La película fue un éxito (ganó siete premios Goya, recaudó más de 9 millones de euros), y contaba con un guión firmado por David Trueba y el gran Rafael Azcona. Junto a ellos, figuraban también como coguionistas Carlos López y Manuel Ángel Egea.

Dieciocho años más tarde, Trueba estrena La reina de España, una cinta en la que regresa sobre los mismos personajes que protagonizaban La niña de tus ojos en una trama diferente que se desarrolla en la España de los años 50. Esta vez el guión está firmado únicamente por el propio director. De pronto, los guionistas Carlos López y Manuel Ángel Egea plantean una demanda ante la jurisdicción mercantil estimando que esa secuela de la historia original infringe sus derechos como autores del primer guión que realizaron, al haber empleado los personajes que crearon para aquel sin su consentimiento.

La primera pregunta para entender este enfrentamiento: ¿son los personajes de una historia algo que no pueda reutilizarse sin consentimiento de sus creadores, aunque se apliquen a una obra diferente? La respuesta debe ser afirmativa en tanto que sean creaciones originales de los autores, ya que pueden constituir elementos fundamentales de una obra, por lo que solo con la autorización de sus creadores podrán ser aprovechados por terceras personas. Los personajes incluso pueden registrarse como marca, y en el caso de creaciones gráficas (desde el ratón Mickey al último superhéroe de Marvel), su protección es evidente. Sin duda, yo puedo escribir una novela situando a Don Quijote -a Cervantes ya le pasó algo parecido- o a Sherlock Holmes como protagonistas, pero solo en la medida en que tanto uno como otro son personajes cuyas obras originales ya se encuentran en el dominio público. Lo que no puedo hacer es inventarme una nueva historia del Capitán Alatriste ni de James Bond si no tengo el permiso de Arturo Pérez-Reverte o de los herederos de Ian Fleming. Y apuesto a que no lo consigo.

La segunda pregunta: ¿Los personajes de La reina de España son entonces los mismos de La niña de tus ojos? Sin duda lo son. Y la tercera y más complicada: ¿ha vulnerado entonces Fernando Trueba los derechos de López y Egea como coguionistas de la primera historia? Aquí es donde está el problema. Los demandantes afirman que ellos crearon el primer guión e inventaron a esos personajes, vendieron su obra a Trueba, y su hermano David y Rafael Azcona lo modificaron manteniendo los rasgos fundamentales de la historia (incluidos los personajes), acreditándolos a ellos como coautores. En esa cesión no se autorizó la transformación de la obra para poder filmar una secuela, por lo que esos personajes solo podían utilizarse para la primera película. Una segunda obra con ellos no podía realizarse sin autorización.

Del lado contrario, Fernando Trueba sostiene algo bien diferente: el guión original de López y Egea fue íntegramente reescrito para La niña de tus ojos, no quedando prácticamente nada del texto inicial. Las creaciones originales fueron sustituidas por el desarrollo de David Trueba y Rafael Azcona, de modo que acreditar a López y Egea como coautores fue un error de la productora. Los derechos se cedieron a esa productora y por tanto el único permiso que se necesitaba para elaborar un nuevo guión era el suyo, no el de los hoy demandantes. No hay por lo tanto nada original -se afirma- en el guión ni de la primera película ni de la segunda que puedan reclamar como suyo.

Ahora el Juzgado tendrá que comparar todos los guiones y los contratos para deshacer el entuerto.