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Adios al Maybach, el Rolls Royce alemán

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Nunca es divertido anunciar el fin de una marca y suponemos que para Mercedes Benz tampoco habrá sido satisfactorio dejar de producir y vender su modelo más lujoso y más caro: el Maybach. Un coche de tres toneladas de peso y 630 caballos de potencia (en su versión más cara) del que se han fabricado apenas 3.000 unidades desde que iniciara su fabricación artesanal, hace diez años.

El Maybach tiene una historia plagada de anécdotas. Fue una obsesión casi personal del presidente de Daimler Benz, Jurgen Schrempp. Un excéntrico y apasionado ejecutivo que no podía soportar que su gran rival, BMW hubiese comprado Rolls Royce.
http://www.rolls-roycemotorcars.com/

Desde su llegada a la presidencia de la marca de la estrella no había hecho sino recortar y someter a la compañía a severas operaciones financieras para su recuperación. Así que ya era hora de poner un caramelo en la boca de los accionistas y llevar a cabo una operación de imagen.

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Maybach 62 S. Foto: maybachusa.com.

Tampoco a Schrempp le venía mal esta operación de imagen porque había sido sorprendido saliendo de una discoteca de Roma, con su secretaria y con una botella de champagne en la mano blandiéndola contra los paparazzi y los agentes de policía. Así que, primero se casa con su secretaria y después pone en marcha el proyecto Maybach.

Como primera medida, toma el nombre del que había sido el más lujoso coche de la Alemania de la entreguerra. Maybach era una fábrica de motores que se hizo famosa por equipar a los zepelines y que en 1919 decidió fabricar sus propios coches, imitando a los Rolls británicos. Pocos y carísimos, los Maybach pertenecen hoy día a ese club exclusivo de coches de colección, accesibles sólo para multimillonarios, como Hispano Suiza o Bugatti. Dejaron de fabricarse al comenzar la Guerra Mundial ya que Maybach se dedicó en exclusiva a fabricar motores para los Panzer y Tiger de las divisiones acorazadas del III Reich. Finalizada la guerra, siguió fabricando motores de todo tipo y fue absorbida por el consorcio Daimler Benz.

El primer Maybach de esta segunda generación apareció en 2002. Mecánicamente no deja de ser una extrapolación de la Clase S de Mercedes. Una inmensa berlina de 5,7 metros de largo y 2 metros de ancho, que necesita casi 14 metros para dar la vuelta. Para quien le parezca poco coche, existe la versión "62" que mide 6,20 de longitud. Para moverlo y para llevarlo a más de 250 kilómetros por hora (como la mayoría de los coches alemanes, su velocidad máxima está limitada electrónicamente a esta velocidad) se recurre a un motor de 12 cilindros cuya potencia es de 550 caballos gracias a un sistema de doble turbo: el mismo del Mercedes Clase S. Si a alguien le parece poco, la versión 62 S llega hasta los 630 caballos.

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Interior de un Maybach. Foto: maybachusa.com.

Pero lo de menos son las características técnicas o los 15 litros de consumo declarado. Ninguno de sus compradores habrá prestado mucha atención a esos detalles superfluos. Lo que verdaderamente importa es su nivel de confort, el empleo de materiales como el oro o la plata y la sofisticación extrema, que incluye todo aquello que el cliente desee como equipo opcional, pero en el que la nevera con cristalería de Bohemia es de serie y no falta una brújula que indica en todo momento la orientación de La Meca. Por algo será.

La aventura Maybach ha finalizado. Aunque como coche era un modelo poco justificable, como ejercicio técnico y de marketing aportaba algunas cosas interesantes. Pero Europa no está para muchas aventuras suntuarias. Mercedes ya anunció el cese de producción el año pasado. Dijo que se llevaría a cabo en 2013, pero se ha adelantado el final. Las malas lenguas dicen que es la forma en que los pocos modelos que quedan sin vender se revaloricen como coches de colección. Tal vez, porque lo cierto es que la mayor parte de sus compradores son coleccionistas que saben que lo que hoy cuesta más de medio millón de euros, no tardará en valer un millón dentro de unos años; y que cuantos menos haya en el mercado, más precio.
Lo cierto es que en Europa se han visto pocos. Hace tres o cuatro años se utilizó como coche oficial de los cancilleres germanos, pero no debe gustarle mucho a la sobria Angela Merkel porque a ella se le ve en los noticieros subir o bajarse de un BMW Serie 7 o de un Mercedes Clase S. Tal vez se lo haya regalado a su sastre.