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Con independencia de Catalunya se complica la Fórmula 1 en Montmeló

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Nada ocupa mas espacio en estos días en los medios de comunicación que una hipotética independencia de Catalunya. Se ha hablado mucho del futuro del Barça ante esta nueva situación y hoy quiero hablar de lo que podría ocurrir con otro club. El club más representativo de Catalunya: el RACC.

Con más de un millón de socios y 300.000 en Catalunya, el RACC es la entidad catalana con mayor número de asociados. Mucho más que cualquier otra entidad deportiva, social, mercantil o incluso política. Por tanto, no es descabellado pensar que también "lo que es bueno para el RACC, es bueno para Catalunya" y por tanto, lo que no es bueno para el club, tampoco lo es para los catalanes.

En el caso -hipotético, insistimos- de que Catalunya obtuviese su independencia, el Real Automovil Club tendría que comenzar por cambiar su nombre. Aunque no figure ya ninguna corona en su logotipo, difícil es denominar "Real" a quien no tiene un rey. Podría llamarse "Honorable Automovil Club de Catalunya" si quieren mantener un titulo honorífico, y las siglas HACC, que son fáciles de recordar.

Un segundo aspecto es su ámbito de actuación. Ya desde hace unos cuantos años, el RACC presta asistencia automovilística (y otros servicios) también fuera de su territorio natural. Hasta el extremo de que ha superado ampliamente al RACE (Real Automóvil Club de España) que en estos momentos apenas suma 250.000 socios, cuatro veces menos.

Este éxito de la entidad que dirige con mucho acierto Sebastian Salvadó le ha llevado a compartir la representación de España ante la Federación Internacional del Automóvil.

Ante una independencia, el RACC mantendría su representación internacional, parece obvio y debería mantener su capacidad de actuación fuera de Catalunya, pero a nadie se le escapa que el RACE tendría más ventajas asistenciales al actuar en su territorio natural. De la misma manera que el RAC británico o el ADAC alemán, también el RACC podría actuar en el territorio español, pero difícilmente en condiciones de igualdad frente a quien tiene la representación ante los organismos internacionales.

Pero es en su faceta como entidad organizadora de eventos deportivos donde más interrogantes se plantean. En la actualidad el RACC es el organizador del Gran Premio de España de Fórmula 1 en su circuito de Montmeló (cercano a Barcelona) y del Rallye de España-Catalunya por las carreteras de la provincia de Tarragona.

La Fórmula 1 la organiza el RACC porque tiene un contrato con Bernie Eclestone. Pero antes de esos acuerdos comerciales, hay un acuerdo previo entre la entidad catalana y la Federación Española de Automovilismo, que es la que detenta el poder deportivo nacional, sin el cual, ninguna entidad puede organizar ninguna prueba deportiva en España. Podría evidentemente, organizar el Gran Premio de Catalunya si una futura Federación Catalana de Automovilismo se crea y se integra en la Federación Internacional. Lo mismo puede decirse del Rallye.

Tendría poco sentido que el Gran Premio de España o el rallye de España los celebrasen entidades que no pertenecen ni a España ni están bajo el control deportivo de la Federación Española. El Gran Premio de España ya se celebró en circuitos como el Jarama (del RACE, pero hoy no homologado para Fórmula 1) y Jerez: y el Rallye de España también lo han organizado otros clubs en el pasado, por carreteras de Madrid o de Alicante.

A pocas semanas de las elecciones, en el RACC procuran ser extraordinariamente diplomáticos ante estas cuestiones. Nos responden que se trata de acuerdos puramente comerciales que no tienen por qué ser modificados ante una eventual independencia. Lógica la postura. De la misma manera que en el Barça nadie tiene el valor de decir que la independencia significaría la creación de una liga catalana, con el Español y el Sabadell como máximos rivales. Prefieren decir que ya se estudiará la manera de que no se produzca este cataclismo deportivo.

Todos somos conscientes de que, ente la complejidad de un tema como la independencia, estas cuestiones deportivas son una pequeña anécdota sin demasiadas repercusiones. Pero son indicativas de la cantidad de "pequeñas anécdotas" que van a condicionar las decisiones finales. Hay muchos componentes emocionales; realmente, todos estos componentes son emocionales, y los dirigentes políticos procuran cubrir con un manto de discreción lo que a muchos conciudadanos catalanes les causaría una notable desilusión: ni Fórmula 1, ni Campeonato del Mundo de rallyes... ni un Barça-Madrid cada pocos meses.