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Vuelve el Seat Toledo de toda la vida

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A mediados de octubre Seat va a lanzar la cuarta generación de uno de sus modelos más emblemáticos, el Toledo. Un coche que ha pasado por momentos de gloria y de fracaso y que ahora la marca española, de propiedad alemana, va a fabricar en Chequia.

El Toledo nació en 1991 y fue el primer automóvil salido de la planta de Martorell bajo el paraguas de Volkswagen y un diseño de Giugiaro. Unos meses después de su lanzamiento se celebraban en Barcelona los Juegos Olímpicos, que fueron aprovechados por Seat para afianzar este modelo y su internacionalidad. Pocos saben que hubo un Seat Toledo eléctrico (sí, hace 20 años), que fue utilizado para acompañar a los jueces y a la prensa en el recorrido de la Maratón; o que se regaló un Seat Toledo a cada medalla de oro en Barcelona '92. Fuese por los aros olímpicos o por su calidad, lo cierto es que el primer Toledo fue todo un éxito comercial. Su enorme portón trasero fue un acierto, como lo demuestra que los utillajes de fabricación fueron vendidos a la marca china Chery, que lo sigue fabricando, ahora con motores BMW, para el mercado local, con una producción que supera los 600.000 unidades y bajo el nombre de Chery Cowin.

Una segunda versión del Toledo, también diseñado por Giugiaro, aparece en 1998. Pero para entonces las cosas para Seat habían cambiado notablemente. Unos años antes (1991) Skoda había sido comprada por el grupo Volkswagen y en 1996 había lanzado el Octavia, competidor directísimo del Toledo. Durante un tiempo, el Seat se defendía muy bien ante el coche checo, de una marca que en Europa se identificaba como "del Este". Pero los checos, más arropados por Volkswagen que los españoles, pronto le dieron la vuelta a la situación y el Octavia llegó a venderse diez veces más que el Toledo en los mercados europeos. En España, gracias a una política muy agresiva de precios y a la conquista del mercado de los taxis, el Skoda le comió al Seat la mitad de su pastel.

Así las cosas, en Seat se comenzó a trabajar en una tercera versión del Toledo. Esta vez bajo la supervisión de Walter da Silva. Un diseñador que procedía de Alfa Romeo y que se caracterizaba por lo que se denominó por entonces el "estilo mediterráneo", también seguido por el francés Patrick le Quement en el Renault VelSatis. Pues bien, las formas rompedoras del VelSatis y del Toledo, fueron un estrepitoso fracaso.

El Seat era un excelente automóvil, con soluciones originales y una capacidad más que notable, pero la solución aportada a la parte posterior no gustó e los compradores. Cuando se lanzó en 2004 había unas previsiones de ventas de 40.000 unidades anuales y no se vendieron más que 20.000 en su primer año completo en Europa. En el mercado español, las cosas no fueron mejores y ni siquiera se superaron las ventas de la versión anterior, que ya estaba en su periodo de decadencia. Por si fuera poco, las ventas del Octavia doblaron a las del Toledo en un mercado que tradicionalmente Seat ha controlado con facilidad. El Toledo de tercera generación nació muerto y ni siquiera la aparición de un modelo "modificado" al que bautizaron como Altea, había podido salvarlo. El Seat Toledo dejó de producirse finalmente en 2009 después de que la marca decidiese lanzar un modelo alto de gama, directamente derivado de la versión anterior del Audi A3, al que ha bautizado como Exeo.

Pero lo cierto es que todos los fabricantes necesitan una berlina en el segmento medio y Seat no lo tiene. Así que ha decidido resucitar el Toledo, cuya cuarta generación comenzará a venderse este otoño, corrigiendo los errores de la tercera versión y volviendo a una concepción más tradicional: una berlina de tres cuerpos y con un generoso portón trasero, como en los Toledo "de toda la vida".

El responsable de su diseño es Alejandro Mesonero, formado en el posibilismo de la pujante industria oriental. Y la estructura mecánica está heredada del Skoda Rapid, con quien comparte línea de montaje en la lejana Chequia. Por lo tanto, una apuesta sobre seguro.

Cuando se presente de manera oficial ya tendremos oportunidad de dar las primeras impresiones de conducción, pero a priori, todo apunta a que nos encontramos con un Toledo bien concebido y con las garantías mecánicas de cualquier producto de la familia Volkswagen. Además, el precio anunciado (desde 14.000 euros) y las motorizaciones bajas en emisiones y consumos, apuntan al renacimiento de una denominación con larga historia.