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Ya son ganas de molestar, directora

12/12/2013 07:43 CET | Actualizado 10/02/2014 11:12 CET

Dicen en mi pueblo que a los políticos incompetentes lo que de verdad les gusta es jolestar, que es un verbo que no aparece en el DRAE pero que se sitúa un escalón más arriba que molestar. La licenciada en Medicina María Seguí, con méritos reconocidos en estas materias, incluido un master en política sanitaria en Harvard, es desde febrero directora general de Tráfico. Había cierta esperanza en que la señora Seguí rompiera la tendencia inquisitorial de los últimos tiempos de la DGT, exacerbada hasta el infinito por el anterior director. Pero no. Al conocido "síndrome de La Moncloa" habrá que añadir ahora el "síndrome de Josefa Valcárcel" que parece que ataca a cualquiera que ocupe el primer despacho de ese organismo del Ministerio de la Policía.

Seguí ha manifestado el interés de su departamento en poner en marcha un sistema de "reciclaje" de los conductores, con el fin de que conozcan las nuevas disposiciones que van introduciéndose en el cuerpo legar. Se ha apresurado a decir que esto no consistirá en un nuevo examen, lo que pone de manifiesto que toma por idiotas a los ciudadanos. Si quiere que se superen unas pruebas cuando se renueve el permiso, lo que menos importa es cómo se llame. Si no se pasa no se conduce; si no se paga, no se conduce. Todo lo demás es juego de palabras.

Comencemos por decir que toda actividad humana se beneficia con una formación continua. Desde un albañil hasta un magistrado mejoran en su actividad profesional si van adquiriendo conocimientos a lo largo de su vida. Nadie tiene sobre ello la menor duda. Otra cosa es que la autorización administrativa para desempañar una actividad pase obligatoriamente por una puesta al día continua. Un notario, un médico, un funcionario, un policía o un cocinero demostraron en su día su capacidad para desempeñar la función sin que tengan que pasar por sucesivas reválidas o reciclajes. Ni siquiera los licenciados en Medicina como la señora Seguí tienen que pasar por esta criba. Es más: finalizada su etapa en la Administración, la directora general podrá volver a la praxis clínica tras este paréntesis en la política, sin que nadie le someta a un examen de conocimientos. Y mira que cambian las cosas en Medicina en cuatro años.

Pero al conductor, leña al mono, ya que es el culpable de todos los males que sacuden a la sociedad. Ya está en marcha un nuevo marco legal, que entrará pronto en vigor y en el que las sanciones son mucho más graves que las que se aplican a la corrupción o al narcotráfico. Y ahora este globo sonda para recordarnos que todos somos pecadores y que nos espera el fuego del infierno si nos portamos mal.

El año 2011 (que es el último del que se tienen datos), se renovaron en España 3.466.468 permisos de conducir, frente a los 691.844 nuevos permisos.

Poner en marcha un sistema de examen con 5 veces más examinandos que los actuales nos parece, como primera reflexión, de una complejidad que dudamos mucho que pueda la DGT abordar sin inversiones más que cuantiosas.

Otra reflexión. Una medida de este tipo no puede establecerse en el ámbito territorial de competencias de la DGT. Porque podría darse el caso de que un ciudadano francés podría circular por España sin el menor problema con su autorización administrativa (que ese es el Permiso de Conducir) permanente mientras que no podría circular un conductor de Terrinches, provincia de Ciudad Real. Y ya es de carcajada pensar que un conductor de Hondarribia o de Palafrugell no tendría que pasar por este examen, ya que la DGT no tiene competencias ni en Catalunya ni en Euskadi. Por tanto, que la señora Seguí deje de jolestar y espere a decisiones en la Comunidad Europea.

Es cierto que entre los expertos europeos en materia de tránsito siempre se ha hablado de la necesidad de reciclajes. Ya viene de lejos y recuerdo que en los años en que Miguel María Muñoz estaba al frente de la DGT (años en los que se pusieron las bases de la actual seguridad vial) ya se pensó en la posibilidad de establecer cursos de formación voluntaria, pero nunca con el espíritu de criba con que ahora se presenta.

La DGT es el organismo oficial con más presupuesto en Comunicación. Campañas publicitarias en prensa, radio, internet y televisión en las que de manera muy reiterativa nos recuerdan constantemente los peligros de una conducción irresponsable. Sin embargo, no recuerdo ni un solo anuncio o campaña diciendo a los 26 millones de conductores cómo se circula por una glorieta (que parece que ignoran un porcentaje elevadísimo), que se debe regresar al carril derecho una vez finalizado el adelantamiento, o qué significan los ángulos de distancia mínima que aparecen pintados en algunas carreteras.

Si se conduce bebido no es por desconocer la norma; si se salta un stop no es porque no se conozca la señal; si se conduce bajo la lluvia hasta el límite de la adherencia no es porque no se sepa lo que recomienda la Ley. La DGT no utiliza las gigantescas posibilidades de comunicación de los nuevos medios, pero quiere mantener esa disciplina sangrante en la que, insistimos, el conductor es un delincuente en potencia y un elemento contributivo inestimable al que controlar por tierra y ahora por aire con cuatro nuevos helicópteros.

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