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¿Tienen los bancos una situación privilegiada?

28/09/2014 10:02 CEST | Actualizado 27/11/2014 11:12 CET

En principio, la razón de ser de los bancos es clara: canalizar lo que algunos quieren ahorrar hacia aquellos que prefieren invertir o gastar más de lo que en ese momento disponen. Hasta aquí, son una institución de gran utilidad. Digo esto porque este intercambio -de flujos financieros- es una de las explicaciones del progreso económico, ya que no solo pueden invertir aquellos que presentan superávit -les sobra-, lo cual fomenta la iniciativa empresarial y conlleva una clara creación de riqueza.

Si todos tuviéramos el dinero ocioso bajo el colchón, no cabe duda de que nuestro nivel de vida sería muy inferior al actual, pues muchas de las empresas que hoy día nos prestan servicios y venden productos no hubieran sido creadas por falta de recursos financieros. Un ejemplo cualquiera: ¿os gusta que existan supermercados que nos faciliten encontrar gran parte de los alimentos y productos domésticos en un mismo lugar? Pues todos empezaron de la mano de alguien que pidió dinero prestado para montarlo, o lo hizo más tarde para crecer.

Lo mismo ocurre con los medios de transporte, las nuevas tecnologías y casi todas las comodidades que nos rodean: alguien con dinero prestado quiso arriesgarse para obtener un beneficio. Los bancos son empresas que, como todas, buscan la maximización de beneficios con un crecimiento sostenible a largo plazo. El hecho de realizar una actividad útil para la sociedad no impide que sea lucrativa para los que la llevan a cabo. ¿O acaso querido lector le importa que el dueño del medio de comunicación que produce estas páginas que está leyendo de manera gratuita obtenga un beneficio a cambio de ello?

Bueno y ¿cómo ganan dinero los bancos? Sencillo, prestando más caro de lo que pagan ellos por recibir prestado. Tú, lector, ¿le dejarías 10 euros si sabes que el mes que viene el banco te dará 11? El banco deja tus 10 euros, solo a quien esté dispuesto a devolverle 14 (esto es lo que se conoce como el arbitraje de tipos). Con esos 3 euros que obtiene de plusvalía, cubre sus costes y la parte residual es su beneficio (simplificando mucho, obviamente el negocio bancario es mucho más complejo). Por todos es sabido que el dinero pierde valor con el paso del tiempo, así que en este sentido el banco ayuda a combatir la pérdida de poder adquisitivo -siempre que el tipo de interés que te dé sea mayor o igual a la inflación-, y además te otorga enormes facilidades y servicios como poder pagar con tarjeta y no tener que llevar efectivo contigo a todas partes, o hacer transferencias de dinero en cuestión de segundos, haciéndonos ganar tiempo y seguridad. Por tanto, hasta aquí se merece su beneficio. Ayuda a los ahorradores y a los inversores, y por ello obtiene un beneficio.

Tras este primer plato alagador, pasemos a un segundo algo más amargo. Es evidente que existe algo de riesgo en la relación actual entre las instituciones financieras y los poderes públicos.

Hay un riesgo moral producido por la actual situación privilegiada de los bancos. Si cuando un banco -empresa- no es rentable, invierte mal y entra en situación de insolvencia, en lugar de dejarla quebrar, es rescatada o ayudada por el Estado, bancos centrales, UE y demás instituciones preservadoras del actual sistema, produce una sensación de colchón de seguridad que anima a los bancos a asumir más riesgo, pues en caso de colarse, recibirán ayuda. No hay cosa que dé más miedo que la frase "Too big to fail", que para mí es "tener más suerte que nadie, pues soy tan grande e importante que no pueden dejar que me pase nada".

Un buen ejemplo y muy utilizado en los libros de economía para ilustrar esta teoría es la comparación de la conducción del propietario de un coche en dos días distintos, el día que lo compra y que todavía no tiene seguro y lo conduce hasta casa con máxima precaución, y a los días, cuando ya lo tiene asegurado a todo riesgo. Este "riesgo moral" es esa sensación de seguridad provocada por saber que en caso de que le pase algo al coche el seguro correrá con el coste, y es el que hace que el comportamiento al volante sea menos prudente. Ahora, cambien coche por banco, y conducción por concesión de crédito, y entenderán el riesgo moral de los bancos en nuestro actual sistema. En algunos casos, este comportamiento es consciente y en otros no, pero es así. ¿A que si le digo que pase lo que pase el 5 en un examen lo tienes asegurado estudiaría menos? Pues igual le pasa a los bancos al conceder crédito, habrá unos que con el 5 ya asegurado estudien más y otros menos, pero todos tendrían el incentivo de arriesgarse más por la no percepción de riesgo.

Pero hay también un flagrante conflicto de intereses. En España, el Estado lleva unos años en los que gasta más de lo que ingresa -déficit público-, y si hacemos una simple resta el resultado es igual a más deuda. Solo podemos gastar más de lo que ingresamos pidiendo prestado. El Estado, por tanto, como cualquiera, debe encontrar financiación. Y ¿quién se la da? ¿Quién le presta dinero a una persona-empresa que gasta cada año más de lo que ingresa? Solo se me ocurre que alguien que cree que esa situación es temporal, y que se gasta más de lo que se ingresa para invertir y el día de mañana poder devolver esa deuda e ingresar más que antes (osea pensamos que está sembrando para después recoger). Solo a alguien que cumple esas características estaríamos dispuestos a prestarle nuestros ahorros.

Y si todos pensamos que el Estado español no cumple este requisito, ¿quién le presta dinero? Aquí encontramos dos culpables principalmente: 1) Aquellos ingenuos inversores que interpretan que la deuda estatal no conlleva riesgo, ignorando la muy factible posibilidad de impago -default- y quita de deuda, y 2) el flagrante conflicto de intereses que acabo de mencionar y que está instaurado en España sin visos de marcharse donde el principal tenedor de deuda estatal son nuestros bancos. ¿Cómo? ¿Quieres decir que nuestros privilegiados bancos son los que financian a quienes les conceden estos privilegios? Pero espere, que se pone más negro aún: es que además es el propio Estado otro de los principales tenedores de deuda. ¿Qué? Eso no puede ser, eso es imposible. ¿Cómo voy a tener yo deuda de mi propia empresa?. Bueno si tú y yo lector tenemos una empresa juntos, y en ésta una hucha para vivir el día de mañana cuando dejemos de trabajar, y decidimos romperla y comprar bonos de nuestra propia empresa para financiarla, estaríamos ante un caso parecido, pero de nuevo habría que hacer un pequeño cambio: esta vez, empresa por Estado y hucha por pensiones. ¿Y qué sentido tendría esto? ¡Es muy arriesgado! ¿Y si la empresa va mal? No comeríamos hoy, ni mañana, ¡Qué insensatez! Pues sí querido lector, tanto como invertir el 90% del fondo de pensiones en deuda española.

Y esa es la reflexión que quería compartir hoy con vosotros. Cuando un empresario asume riesgo, y le va mal su negocio, asume sus pérdidas y nadie acude a rescatarle. ¿Pasa igual con los bancos?

Pero bueno, tampoco se trata de ser tan críticos, porque a fin de cuentas, sigo creyendo que los bancos son una gran fuente de creación de riqueza, tanto que las considero instituciones indispensables para el desarrollo económico. La utilidad de los mismos no debe ser medida por el uso que le den algunos, si no por el potencial que ofrece su correcta utilización. Y si alguien lo duda, pregúntele a quien financió sus estudios y a día de hoy goza de un trabajo estable, o a quien montó su empresa también financiado por nuestros bancos. Y si tiramos de la cuerda, nos daríamos cuenta que la mayoría de nuestros puestos de trabajo son generados por personas con el coraje de tomar prestado nuestros ahorros e invertirlos corriendo un riesgo.