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Barcelona valiente

18/08/2017 14:05 CEST | Actualizado 18/08/2017 14:06 CEST

EFE
Miles de personas se han reunido hoy en la Plaza de Cataluña para homenajear a las víctimas del atentado de ayer

Casi todas las semanas, Barcelona me acoge procedente de Madrid. Estoy seguro de que cuando vaya en unos días encontraré una ciudad dolida, pero convencida de que no se puede dejar vencer por el miedo.

Nuestra misión nos lleva a estar al lado de las víctimas de la violencia en todo el mundo: guerras, atentados, violaciones de derechos humanos. Sabemos muchísimo de lo que supone para las personas perder seres queridos por disparos y explosiones, golpes y cuchilladas. O lo que puede significar vivir con miedo. Lo conocemos, es terrible. Por eso nos sale del alma una honda solidaridad con las familias y amigos de las víctimas del atentado de Barcelona, y también con todos sus habitantes, que lo han vivido con consternación.

La violencia, el odio y el miedo son tan terribles aquí como en otros lugares del mundo. Hace una semana, un atentado arrancó la vida a 17 personas en un restaurante de Ouagadougou, la capital de Burkina Faso. Los ataques en mercados, calles y plazas de ciudades de Oriente Medio y de África son trágicamente frecuentes. Y a menudo compartimos la angustia de las personas con las que trabajamos, que se ven obligadas a convivir con el miedo, en cualquier instante y lugar. De hecho, la inmensa mayoría de las víctimas del terror se cuentan entre la población musulmana. La muerte violenta no solo llega por el terrorismo; cada vez más mujeres, hombres y niños mueren bajo las armas de conflictos que se ceban con los civiles, con los inocentes.

Si algo ha mostrado Barcelona es su universalidad en la acogida, su constante búsqueda de alternativas solidarias a las injusticias, su pacífica hospitalidad.

Cada estrategia terrorista tiene su trasfondo. La del fanatismo de Estado Islámico es tan brutal como compleja. Sin embargo todas comparten un objetivo: romper lazos, extremar agravios y azuzar el miedo. Muchas veces lo consiguen, otras no. Nada es más deseado por los fanáticos asesinos que un crecimiento de la xenofobia en Europa, que los derechos y libertades se laminen, que se destruyan puentes entre comunidades. Como lo es para otros que aprovechan esa espiral de odio y así fomentar el racismo

Hace unos meses visité campos de desplazados, huidos de las orillas del Lago Chad debido al terror de Boko Haram. Historias sobrecogedoras de violencia. Una vez asegurada la supervivencia en el lugar donde se refugiaron, su mayor anhelo era volver a su tierra, a su modo de vida, en paz. Sentirse protegidos resulta esencial, como lo es sentir que el terror no les apartará de su ser, de su forma de vivir, de su comunidad.

Barcelona es una ciudad abierta y tolerante. Lo sé por experiencia. No cambiará. La violencia no se puede combatir con más miedo. Hay que hacerle frente con vigilancia e inteligencia para la protección.

Los muros son una falsa defensa, también lo sabemos por experiencia. Primero, porque la gente que huye del horror y la pobreza encontrará maneras de saltarlos. Segundo, porque los muros dividen y separan, dificultan el entendimiento y la comprensión de lo que ocurre al otro lado, y por ende fomentan la desconfianza, que fácilmente deriva en más odio y más violencia

Si algo ha mostrado Barcelona es su universalidad en la acogida, su constante búsqueda de alternativas solidarias a las injusticias, su pacífica hospitalidad. Tiene una luminosidad especial, que no es solo el sol, es el reflejo de la diversidad y de miles de encuentros entre diferentes que se dan en sus calles cada día.

No cambies, nunca, y menos ahora.​