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Cinco aprendizajes imprescindibles sobre el machismo y la violencia hacia las mujeres

07/12/2017 08:48 CET | Actualizado 07/12/2017 08:48 CET
Imagen de la campaña #MeNiegoA las violencias machistas, de Oxfam Intermón

Durante mis años de trabajo en Oxfam Intermón he aprendido mucho sobre las violencias contra las mujeres y las niñas. Destaco estos cinco sentires.

  1. Se trata de una plaga, con los hombres a modo de langostas, que no deja a las mujeres de ningún país o territorio a salvo, en paz. Cada feminicidio, cada violación, cada golpe, es abominable. Cuando vienen en masa es devastador. En Honduras, hombres asesinan a más de 400 mujeres al año. 400, una a una, en un país de 9 millones de habitantes. Una tasa 50 veces mayor que la española. Y sale gratis, el 97 % de los casos quedan impunes. En India cada 20 minutos se denuncia una violación, y muchas más se desconocen. Las violencias machistas, con la violación al frente, se ha convertido en un arma de guerra favorita en los conflictos modernos, que lo más moderno que tienen es su foco brutal en la población civil. No resulta extraño que en Oxfam hayamos arañado tiempos, energías y alterado prioridades, para apoyar a quienes luchan, a las mujeres y sus organizaciones que enfrentan con valentía el machismo violento.
    Hay que reforzar y difundir los protocolos internos de líneas seguras de denuncia y de apoyo en los 90 países en los que trabajamos.
  2. Las víctimas deben ser creídas y apoyadas. Una aparente obviedad que queda lejos de la realidad que sufren millones de mujeres violentadas, a las que pocos creen y casi nadie apoya. Lo vemos en algunos juicios y comentarios sobre los mismos en España. Lo sufrieron las mujeres víctimas de violencia sexual en el conflicto colombiano, el último grupo de víctimas en ser reconocido y escuchado. Y eran decenas de miles, con casos brutales. Le ocurre a la mayoría de las mujeres que pasan por el infierno libio, a las que tratan de arrojarse al mar a luchar por sus vidas, y que sufren o presencian la violencia por parte de sus captores y explotadores. Lo cual no se tiene en cuenta a la hora de considerar su situación a la llegada a las costas europeas o en las rutas. Lo vemos en muchas organizaciones, incluida la nuestra. No estamos exentos de situaciones de abusos y acosos. Y lo primero que debemos hacer es creer a la víctima y apoyarla. Empezando por reforzar y difundir los protocolos internos de líneas seguras de denuncia y de apoyo en los 90 países en los que trabajamos.
  3. Las violencias contra las mujeres no son solo de pareja o dentro de la familia. En un porcentaje alto de los casos las humillaciones, los insultos, los palos, vienen del hombre que dijo o dice quererla. Vaya querer. Dicho esto, la opresión se despliega en todos los espacios sociales, políticos y económicos. En la propiedad de la casa o la tierra, en las brechas salariales, en la libertad de disponer de recursos como el hombre. En Guatemala son las mujeres campesinas quienes se enfrentan a la gran empresa agroexportadora que les roba la tierra y sobre todo el agua. Robo con violencia en el sentido más estricto de la palabra. Cuando esta defensa de los recursos naturales se hace voz, y alta, por parte de la mujer, entonces se la asesina como a Berta Cáceres y a decenas de activistas por los derechos humanos. Sí, también se asesina a hombres, pero sobre todo a mujeres, con ese trasfondo machista que trufa el poder económico. "¿Qué se han creído?". O el poder político. En Bolivia tuvieron que sacar una ley para proteger a las mujeres víctimas de la violencia política. En las elecciones de la última década más mujeres, muchas de ellas lideresas indígenas, han accedido a alcaldías y concejalías de sus comunidades, a puestos electos en gobernaciones. La respuesta del hombre ha sido matar a varias de ellas.
    Debemos abogar por una educación no sexista que genere relaciones sanas entre las personas, y confrontar los celos, la exclusión de la mujer de espacios sociales y económicos
  4. Es muy importante asegurar buenas leyes, políticas eficientes, presupuestos que doten una justicia efectiva y un conjunto de instituciones comprometidas en la protección de las mujeres y la persecución de los violentos. De hecho, un estado, una sociedad, no es creíble en su enfrentamiento contra las violencias a las mujeres y las niñas si no cuenta con todo esto. Sin embargo, hay países donde lo anterior alcanza niveles notables que no logran atajar las violencias machistas. ¿Qué ocurre? Que las normas y las costumbres sociales arraigadas no son fáciles de cambiar así no más, por ley, por una política, máxime en países donde el nivel de cumplimiento de las mismas es reducido. Y son precisamente esas normas sociales, y estereotipos machistas las que perpetúan la opresión, las que alimentan, legitiman y normalizan las violencias machistas. Los comportamientos y actitudes machistas del día a día forman parte de un solo, y gran problema, que incluye el abuso, el acoso, las diferentes manifestaciones de la violencia. En Oxfam, más allá de trabajar sobre las políticas públicas y los presupuestos, donde contamos con gran experiencia, estamos mirando al cambio necesario en todas esas actitudes que de forma sutil o expresa están detrás de las violencias contra las mujeres. Debemos abogar por una educación no sexista que genere relaciones sanas entre las personas, y confrontar los celos, la exclusión de la mujer de espacios sociales y económicos, las brechas y desigualdades de todo tipo, ese "sentir y hacer social" que es caldo de cultivo de la violencia psicológica, los golpes y los feminicidios. Ofrecemos nuestro humilde apoyo a las organizaciones de mujeres, a los movimientos feministas que llevan décadas denunciando esto, tantas veces a costa de sufrir más insulto y persecución.
  5. Finalmente, hay que concluir que esto va de hombres. Parece de nuevo una obviedad, y no, hay que insistir. Tendemos a achacar la violencia a un comportamiento demente, de tipos a los que se les "fue la pinza". Bien, claro que es un comportamiento brutal y extremo. Dicho esto, oigan, son millones de casos, en todos los países y culturas. Algo pasa con nosotros, ¿no creen? Comparto lo que le oí decir a un compañero en Bolivia tras escuchar los casos de violencia política a las mujeres en este país. "Me avergüenzo de formar parte del género masculino, me comprometo a ponerme de su lado, amigas".

Esto he aprendido. Gracias, compañeras, por enseñármelo.