José Mota

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Cuando fuimos eternos

Publicado: 08/06/2012 11:20

Fuimos eternos entonces, en los tiempos de nuestro Macondo personal, y citando a García Márquez rememoro mi pasado, tan bien lo captó el Nobel... soñábamos más que ahora, o por lo menos un servidor. Tocaba soñar, era como una especie de lotería que le tocaba a la conciencia, a razón de tres o cuatro historias por noche; era curioso porque uno despertaba y tenía la sensación de que aquello no se había acabado, de que de una manera u otra -como por arte de magia- lo soñado se perpetuaba a lo largo del nuevo día. Recuerdo mientras desayunábamos el tazón de suero con sopas de pan el ruido que hacían las esquilas de las ovejas, el ladrido de los perros y el voceo de los pastores en su afán de controlar aquel ejército de compañías blancas. Luego, con un poco de suerte, la lluvia abundante en forma de chaparrón, así de pronto, bestial, que dejaba un olor a tierra humedecida que te transportaba el sentido: ya no llueve así ni huele así... o tal vez seamos nosotros que no nos bañamos dos veces en las aguas del mismo río.

Buceando en mis recuerdos, sobrevuelo mi niñez y me sorprendo a lomos de un triciclo recorriendo una y otra vez el circuito de Le Mans que dibujan las callejas de la plaza de mi casa. Ese niño que fui, siempre me espera, allí en Montiel, de corto, sentado, ajeno al tiempo -donde siempre es hoy y nunca mañana, donde el futuro es presente, es aquí y es ahora. De repente una música me transporta de inmediato en el tiempo: ¡La calle era nuestra, todavía no nos la habían arrebatado las máquinas con ruedas! Mi barrio era un parque de atracciones, el balón -boomerang fallido, que al chutar, con frecuencia no volvía- nos hacía soñar. Era un tiempo en el que menos, fue más. ¿Era mágico todo? No lo sé. Tal vez no, tuvo que ser la edad, la edad de cuando fuimos eternos, cuando le hacíamos constantes burlas a la vida y no temíamos al soñar... y yo soñé ser pirata, vaquero,Tarzán, casado, soltero, amigo, enemigo, el bueno, el malo... y Quevedo.

Recuerdo muy bien las guerras de cantos, batallas poco recomendables, donde uno casi siempre terminaba con una brecha en la frente, y supongo que también aprendimos a esquivar las tortas de la vida o por lo menos a adivinar sus trayectorias. Otro capítulo era el de los paseos al río, qué voy a contar cuando Jaime Campmany contó los peligros de los mismos en su "Jinojito el lila". Afortunadamente en nuestro pueblo no tuvimos que lamentar tragedias de críos.

Nos sobraba salud y nos faltaba día, rendidos del cansancio éramos capaces de dormirnos sobre las ascuas de un brasero. Esto me trae a la memoria la anécdota que mi padre me contó sobre Francisco de Quevedo y el Rey. "¿O ese banco es de lana o ese niño es de bronce? -decía su majestad cuando acompañábase de Quevedo en uno de sus viajes y haciendo un alto en un palacio observó en sus jardines cómo un hermoso mancebo de piel blanca como la lana dormía plácidamente sobre un banco de piedra. El conceptista repuso: "No hay más lana ni más bronce que el no saber que hay mañana y tener los años once" -por significar la ausencia total del paso del tiempo en los niños y a la vez la fragilidad de la vida que duerme junto al peligro de las aguas confiada. El río en la poesía española del Barroco significa metafóricamente el paso inexorable del tiempo: "solo el Tíber quedó cuya corriente, si ciudad la regó/ ya sepultura murmura con funesto son doliente". La anécdota quedó en el recuerdo de la tradición oral, pasó de la literatura del siglo de oro al refranero y desde allí nos advierte premonitoriamente a la posteridad. De todos modos: ¿Podremos recurrir de nuevo a la magia de Peter Pan y soñar con recuperar el paraíso perdido? ... De momento, me temo que nos tendremos que conformar con saber que UN DÍA FUIMOS ETERNOS.

 
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14:50 de 09/06/2012
Me ha agradado mucho tu comentario José, porque además de ser manchego como tú (de Santa Cruz de Mudela, buenas navajas y mejores mozas, o al menos eso dice el cantar) yo también tengo en la memoria aquellas tardes de fútbol en las eras, aquellas calles de tierra y aceras de piedra, el sabor de la leche en cántaras verdes y del aceite en alcuzas de latón, los interminables bocadillos de pringue, las pesetas aplastadas por el tren, los baños en los charcones y en las albercas... ¿Éramos eternos? Seguramente, pero también felices y, sobre todo, libres.
12:14 de 09/06/2012
✮ De no ser por el arte y la cultura, el ser humano no tendría paz en su alma... Gracias a todos los que hacéis más placenteras nuestras vidas...
10:50 de 09/06/2012
Jose, tú y artistas como tú que sacais sonrisas a las piedras nos ayudais a vivir nuevos 'momentos de eternidad'. Gracias por estar ahí, hacer la gran labor social que haceis y además de vez en cuando hacernos ver que también sois humanos.
06:18 de 09/06/2012
Tras el Tio de la Vara llega... el Tio de la Brasa, jajajaja dicho sea con cariño. ;)
23:57 de 08/06/2012
Bonito artículo. Aunque seguro que la niñez no sólo está en el recuerdo y la añoranza, siendo mayor de vez en cuando uno también se siente niño.

Un abrazo!
19:48 de 08/06/2012
De mayor quisiera escribir así, José. El paso del tiempo y el juego de la memoria nos invitan una y otra vez al recuerdo de la infancia. Los días felices.
18:49 de 08/06/2012
"Bautizao" con vino blanco,
de la tina de mi abuelo,
he nacido en Manzanares...
"me bañao" en el Azuer
y por eso soy manchego.
Y se de "pedrás"... un rato,
y de atar botes a los perros,
de tocar de noche los llamadores,
para después salir corriendo...
Motaaaa... aaaay,
recuerdos "pa´l tio la vara".
17:27 de 08/06/2012
Gran articulo. En tiempos complicados ver la alegría y tranquilidad con que los niños afrontan el día a día produce envidia y vertigo.
17:22 de 08/06/2012
La Mancha, Castilla , España , Europa . Estos conceptos para los Eternos no existen. como no existe el mañana. Yo también me retrato en tus palabras que parecen extraídas del ADN. Cuando yo era Eterno. vivía en Francia, hijo de emigrantes de los años 60. Mis calles no eran Le Mans, pero eran las de San Francisco. No se había inventado todavía la adrenalina y ya la estábamos quemando. Quizás es lo que hace falta en estos tiempos. Gracias Jose por este viaje en el tiempo.
17:00 de 08/06/2012
Gracias José Mota gran artículo, comparto muchos de recuerdos que describes.Fuimos e intentaremos ser ETERNOS.
15:25 de 08/06/2012
Como sigais moderando tanto os vais a quedar los vips.........bien por vosotros.
foto
Superusuario de El HuffPost
Pueblo Llano
Acabemos con la Partitocracia
18:20 de 08/06/2012
A mi también me ha pasado, y me he dio a releer las condiciones de uso, y tengo que admitir, que algo de razón tenían cuando me moderaron un par de respuestas sobre todo...e intento decir lo mismo, con algo menos de vehemencia y desde entonces no me ha vuelto a pasar, no puedo opinar sobre tú comentario por que no lo he visto, pero de momento, no me parece que sea excesivo, igual dentro de poco tengo que darte la razón...en estos menesteres nunca se sabe...
14:20 de 08/06/2012
Montiel, Almedina, Santa Cruz, La Puebla, La Torre, Infantes... qué recuerdos y qué infancia, la mía en Almedina, qué añoranza de aquella inocencia... Saludos
13:35 de 08/06/2012
El tiempo nos devora, el mítico, nunca mejor dicho, Tempus fugit. Ahora, en estos tiempos de crisis en los que por culpa de los malos augurios y el pesimismo que nos imponen a los ciudadanos desde distintos medios y esferas de la sociedad, nos pasamos la mitad de la vida sufriendo sin disfrutarla. Yo soy joven y por tanto no he vivido apenas la vida, por lo que tampoco tengo un mar de recuerdos a los que escapar para evadirme de la actual realidad. Pese a todo, comporto contigo la idea de que ahora ya no nos dejan soñar, se nos disparan continuamente premisas de que jamas llegaremos a nada en la vida y que debemos estar contentos con el hecho de vivir. Esa concepción suena muy ceniza y muy distante a los tiempos modernos que corren. Para terminar me alegra leerte como columnista en el Huffington Post. Un saludo.
13:20 de 08/06/2012
Yo también me lo temo.... aunque en estos tiempos que nos toca vivir, cada vez tiene uno más ganas de recuperar esos paraisos perdidos que todavía se alojan en nuestras memorias que cada vez más se parecen a las de los peces.... Un saludo!
foto
Superusuario de El HuffPost
Sergi Ruiz
Acción Ciudadana
19:15 de 08/06/2012
Los paraísos perdidos son lo que se encuentran en el interior de cada uno, siendo más inalcanzables que perdidos, pero eso sí esos paraísos son los que nadie nos podrá arrebatar por mucho que nos amarguen la vida.
13:00 de 08/06/2012
José, que recuerdos, yo soy de Alcázar de San Juan y nos tuvimos que venir a Madrid por motivos de trabajo de mi padre, pero tus recuerdos han sido los mios, me encanta oir palabras manchegas en tus programas, las recuerdo y me trasladan. El otro día pasé por tu pueblo rumbo a recoger a mi hija que está de maestra en un pueblecido de Jaen (Siles) y me encanta la tierra roja, el olor a tierra mojada. Gracias