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El grito silencioso

16/02/2017 07:19 CET | Actualizado 16/02/2017 07:19 CET

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Foto: Cristina García Rodero

«Todo lo que te ocurre a ti, me ocurre a mí. No puedes mirar el sufrimiento de los otros sin sentirlo dentro de ti. Puedes mirar o no mirar, pero ese sufrimiento te duele a ti también, y cuando te das cuenta te sientes responsable. Y piensas, ¿qué puedo hacer?»

Vicente Ferrer sintetizo así su vida y obra. En definitiva, aprendió a sentir antes que a comprender. La Guerra Civil Española le enseñó, desde muy joven, que no existe nada más importante que las personas, y que nunca debe anteponerse un ideal a una vida humana. En contra de la teoría dominante que proclama que no hay nadie indispensable, el cooperante demostró con su idiosincrática forma de entender la justicia y los derechos humanos, que dicha premisa neoliberal es incierta. La diferencia entre una persona grande y una persona mediocre no está en sus conocimientos ni en su experiencia, está en su manera de ser.

Desde que en 1969 decidiera poner en marcha junto a Anna Ferrer su proyecto de cooperación, han sido muchos los profesionales de la fotografía que han viajado para conocer su trabajo. Para la Fundación es fundamental contar con la colaboración y amistad de todos ellos, puesto que concebimos la fotografía como un lenguaje universal. El periodismo y el fotoperiodismo tienen el deber de ser útiles a la sociedad enfrentándose abiertamente a un sistema político, económico y social cada vez más contrario a la equidad y la justicia, y cuyo concepto de éxito es el triunfo del individualismo. Pensamos, como Albert Camus, que «En esta tierra hay plagas y víctimas y, en la medida de lo posible, hay que negarse a estar con la plaga».

La verdadera generosidad con el porvenir es darlo todo en el presente. Cada vez que uno de nosotros cede a sus vanidades, vive para aparentar o presumir, corre el peligro de traicionarse y alejarse de la realidad. No podemos permitir que la cultura del codazo y la competitividad gane la batalla a la lucidez y sensibilidad. Deberíamos tomar conciencia de lo que queremos ser y saber ver lo que nos ocurre. Nadie presume ya de una superabundancia de humanidad, ya no resulta rentable. En este contexto, vale la pena recordar a Tagore: «En algún recodo del camino de la evolución, el hombre se negó a seguir siendo una criatura cuadrúpeda y se obligó así a adoptar una postura corporal portadora en sí misma de un gesto permanente de insubordinación.» Vicente Ferrer y Cristina García Rodero, han recogido el testigo y cada uno desde su propio espacio, se ha rebelado contribuyendo a desdibujar las barreras territoriales a favor de los derechos humanos, dando voz a quienes otros ignoran.

Cristina García Rodero no toma fotografías, las cincela. Ver cómo trabaja es una lección de vida. Sabe diluirse entre la gente a favor de una causa, demostrando empatía con el dolor y el sufrimiento ajenos, en detrimento de sí misma. Posee una incalculable fuerza que la hace extraordinariamente grande dentro de su pequeñez. No hay obstáculo que la paralice. Personifica, sin engreimiento alguno, los valores del fotoperiodismo más humano y sincero. Todo su trabajo es una búsqueda incansable de respuestas, una rebelión contra aquello que de fugaz e incompleto tiene el mundo. Y nos confirma una vez más, que el arte que no se basa en el sentimiento no puede ser arte.

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Foto: Cristina García Rodero

Las fotografías de Cristina García Rodero tienen nombre propio y producen la misma fascinación que cuando abrimos por primera vez una caja mágica. Es como si sus retratos, al saberse observados cobrasen vida y nos susurraran al oído: "todo lo que perece desea durar". Al final sus imágenes acaban mostrando su personalidad con tanta fuerza como un dibujo renacentista. Para Cristina García Rodero hacer fotografías es un medio de comprensión, una forma de gritar, de saberse parte del mundo y de sentirse libre. El arte es en definitiva, la distancia que el tiempo da al sufrimiento.

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Foto: Cristina García Rodero

Lo único que podría detener la esperanza que mantenemos es que finalmente no seamos capaces de identificar la crueldad y las injusticias como lo que son. Los sueños del hombre varían, pero la realidad del mundo es nuestra patria común. Aunque a menudo parezca que todo está perdido, la mirada comprometida que adivinamos en Tierra de sueños demuestra que no es así. Tenemos fe en el futuro porque encaramos el presente con la intención de cambiarlo.

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Foto: Cristina García Rodero