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Un santuario llamado Decathlon

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Tienda Decathlon abierta recientemente en pleno centro de Madrid (Foto: Decathlon.es).

Vaya por delante que no soy accionista de Decathlon. Ni siquiera tengo un primo o un sobrino que trabaje en ella y me saque los artículos con un 20% de descuento. Por otra parte, sé que en España dedicar una tribuna en un medio para hablar de una multinacional es casi un pecado, a no ser que se use para descalificarla o ponerla como ejemplo de todo lo malo que ha traído la globalización. En España, sólo hablan bien de una gran compañía los especialistas o los profesores de las escuelas de negocio para divulgar modelos de gestión.

En España, los empresarios que lo hacen bien, que crean trabajo y valor, que son reconocidos en medio mundo, donde se consumen sus productos, merecen más bien poco. Y en muchos casos, nada. Cuando trascienden y empiezan a ser conocidos más allá de las paredes de su oficina casi siempre es porque se gastan el dinero en alguna campaña de imagen. Aquí hemos rendido homenaje en los espacios públicos (nombrando calles, centros de congresos, colegios o teatros) a dictadores, militares, políticos de dudosa condición, escritores de segunda o artistas de medio pelo, pero muy raramente le hemos dedicado una dirección a un científico y menos aún a un empresario. La animadversión española por esta figura es proporcional a la sospecha con que vemos el capitalismo, a pesar de ser el mismo sistema que nos da de comer y nos procura tantos y tantos productos y servicios.

Como decía, no soy accionista ni amigo de nadie en Decathlon, pero me gustaría destacar algunas cosas acerca de esta compañía. No conozco sus números. Entiendo que irá bien, puesto que no para de abrir tiendas y en las que ya tiene abiertas, es patente el aluvión de compradores casi cualquier día de la semana. Decathlon, como hiciera antes Ikea con el diseño de interiores, ha permitido el acceso de mucha gente al equipamiento deportivo más variado. Como dicen los más pedantes, ha "democratizado" un bien escaso en otro tiempo. Aunque, eso sí, haya sido a costa de poner contra las cuerdas a muchas pequeñas tiendas de deporte que han cerrado o se han tenido que reinventar.

Si el deporte es la religión del siglo XXI, Decathlon es uno de sus santuarios más visitados.

Cuando yo era niño, sólo había dos o tres tipos de zapatillas deportivas. No importaba que hicieras running -que antes era sólo correr o hacer footing-, tenis, fútbol, baloncesto, o caminatas por la montaña. Siempre llevabas el mismo calzado. Lo mismo cabía decir de las prendas que uno se ponía encima. Una camisa o un pantalón corto eran eso, una camisa y un pantalón corto que valían prácticamente para casi todo. Y uno ni se preguntaba siquiera por el material del que estaban hechos, por su elasticidad o por su capacidad de ventilación.

Poco a poco Decathlon nos ha ayudado a equiparnos para cada deporte con prendas de materiales y diseños específicos, y muchas veces por un precio asequible. Jugar al baloncesto no es comprar una pelota y unas botas, y ya está. Las pelotas tienen tamaños, las canastas también, dependiendo de la edad. Hay muchos materiales diferentes que facilitan más o menos el agarre del balón y varios pesos. Hay balones para jugar bajo techo y en exteriores. Pero no sólo eso. En Decathlon, un entrenador de baloncesto se puede comprar hasta las pizarras y los kits de preparación que usan los profesionales, e incluso las canastas para montarse una pista por su cuenta. Y lo mismo vale para el senderismo y la acampada, donde podemos elegir entre decenas de tiendas y accesorios, el golf, la natación, el ciclismo, el pádel, el aerobic o el boxeo.

Cada deporte cuenta con cientos de referencias de producto que van dirigidas a todo tipo de deportista, desde el neófito hasta el practicante más experto, pasando por todos los estadios intermedios. De alguna manera, Decathlon nos ha hecho a todos especialistas en equipamiento deportivo, y ha puesto a nuestra disposición todo ese material que hasta no hace mucho no existía, era muy difícil de encontrar o estaba al alcance de unos pocos por su elevado precio. Supongo que las economías de escala que derivan del hecho de vender tanto y en tantas partes del mundo permiten a esta compañía ir ampliando un catálogo que parece que no tiene fin y que siempre me sorprende.

Conozco a auténticos fanáticos de Decathlon, empezando por mi hijos. Si el deporte es la religión del siglo XXI, Decathlon es uno de sus santuarios más visitados.