BLOGS

Una marca por la vida

10/09/2015 07:06 CEST | Actualizado 10/09/2016 11:12 CEST

Varias generaciones de jóvenes llevan años utilizando masivamente su piel como medio de expresión narcisista, sin otros fines, en la mayoría de los casos, que la propia reafirmación estética. Pero la piel también puede servir como lugar de reivindicación, como soporte de una insignia de carácter político, como punto de partida para la apertura de un debate y un diálogo necesarios.

Eso es lo que pretende una iniciativa que se ha ido extendiendo desde Estados Unidos y que consiste en tatuarse el signo ortográfico punto y coma. Project Semicolon empezó hace dos años con Amy Bleuel, una chica que a los dieciocho perdió a su padre por suicidio. La propuesta consistía tatuarse o dibujarse en la piel un punto y coma como símbolo de una resistencia ante el sufrimiento psíquico, de lucha contra la depresión, la adicción y el suicidio; como símbolo de un principio, y no de un final.

2015-09-09-1441822288-7444317-Capturadepantalla20150909alas20.06.52.jpg

Este signo de puntuación se utiliza donde una frase debería acabar, cuando el autor del texto decide continuarla por voluntad expresa. Si has sobrevivido a un intento de suicidio, la frase que no termina es tu vida, y el autor que decide que así sea eres tú.

Pero la irrupción de la muerte voluntaria que se ha vislumbrado deja una marca sobre el cuerpo, como evidencia de que ese pasaje al acto, afortunadamente fallido, ha tenido consecuencias en el sujeto que lo ha protagonizado. La marca funciona como una forma de simbolizar ese amago de encuentro con el propio fin y, al mismo tiempo, como un código que invita a articular un discurso sobre lo que es tan difícil poner en palabras. Sus portadores se reconocen entre sí, creando un vínculo automático que hace más fácil la identificación y el apoyo mutuos.

La pregunta sobre el significado del tatuaje permite iniciar una conversación que de otro modo no tendría lugar. Y hablar sobre un asunto es un primer paso para que reducir el estigma en torno a esa cuestión. Hablar sobre un intento de suicidio puede llevar a entender las razones de otro, los contextos, los motivos, y a facilitar la posibilidad de ayuda y apoyo.

Y si has perdido a alguien por suicidio, esa muerte que se ha verificado también acarrea las consecuencias del estigma y del sufrimiento silenciado que demanda una atención que no recibe. Es ahí cuando la insignia del punto y coma puede funcionar como reclamo de atención e inicio de diálogo.

Pero creo que el tatuaje también funciona como punto de contención para el propio sujeto, como una marca que frena la pulsión de muerte y subraya que la decisión de seguir viviendo forma parte de un deseo escrito con tinta en la piel. Quizás pueda tener otras lecturas de pertenencia más siniestras, pero en la medida en que contribuye a combatir el ocultamiento vergonzante de una realidad que es necesario afrontar, creo que se trata de algo positivo.

A falta de un discurso social sobre la existencia y la prevención del suicidio, esta iniciativa espontánea ayuda a concienciar y visibilizar un problema para el que escasean recursos de todo tipo.

El 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, y la reflexión sobre ese pequeño símbolo, ese punto y coma, es una excusa más para abrir la conversación en torno un tema silenciado que requiere mayor atención de la que está recibiendo.

Diez personas mueren por suicidio cada día en nuestro país, el triple que por accidentes de tráfico. Intentemos que esa pausa ortográfica ayude a detener la cifra lo más posible y dé paso a vidas que no escriban su punto final.

NOTICIA PATROCINADA