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Primero el carro y después los bueyes

15/03/2017 13:09 CET | Actualizado 16/03/2017 07:38 CET
EFE

En una mañana del pasado mes de febrero, escuché la entrevista que la periodista Pepa Bueno hizo en la Cadena SER al candidato a la secretaría general del PSOE, Patxi López. Aún no he salido de mi asombro. Quienes me conocen o han leído los artículos que sobre el modelo de partido he publicado en algunos medios de comunicación saben que soy enemigo racional del sistema de primarias para la elección de cargos orgánicos e institucionales. La respuesta a la pregunta sobre su proyecto político fue: "El proyecto político de Patxi López se basa en...." Y siguió argumentando al respecto. Por si me quedaba alguna duda, esa respuesta vino a confirmar mi oposición al método de elección que la moda francesa ha impuesto en el socialismo español.

He de decir que yo no me afilié ni milito en el PSOE para llevar adelante el proyecto político de Patxi López. Hasta ahí podíamos llegar. Ni el de Patxi ni el de nadie en particular. Soy militante socialista, al corriente de mis cuotas, para desarrollar el proyecto político del PSOE, surgido del debate y contraste de ideas y pareceres del conjunto de la militancia de ese partido. Mientras se siga con el sistema de primarias, ese proyecto político colectivo y común habrá desaparecido del mapa. En el supuesto de que cualquiera de los tres candidatos resultara elegido secretario general del PSOE por los votos de los afiliados y militantes, ¿estaría dispuesto a liderar un proyecto político surgido del Congreso Federal que no fuera el suyo? La respuesta es negativa con toda seguridad, de lo que se deduce fácilmente que al Congreso Federal no le quedará más remedio que votar el proyecto personal del secretario general elegido una semana antes. Volveremos a poner el carro delante de los bueyes.

¿Y cuáles son las credenciales de esos candidatos a la secretaría general del PSOE para hablar de SUS proyectos políticos? Me pregunto cómo se puede confiar en quienes deciden presentarse en sociedad con estos dos emblemas: "Me presento para ser líder" y "Tengo un proyecto político personal". En un partido como el socialista debería estar prohibida la presentación personal para ocupar un cargo.

Los poderes fácticos existentes en la sociedad española defienden métodos como las primarias porque les permiten meter la cuchara en organizaciones que no están bajo el predominio de su capacidad de presión.

Dije más arriba que el sistema de primarias es una copia del modelo del Partido Socialista francés. Pero con algunas diferencias. Manuel Valls era primer ministro del Gobierno de Hollande hasta que decidió presentar su candidatura a la nominación como candidato socialista a la presidencia de la República Francesa en las primarias de su partido. En ese momento, Valls dimitió de su cargo institucional. Aquí en España no se lleva eso de dimitir para competir en condiciones de igualdad con el resto de militantes que aspiren a presentar su candidatura. Y puesto que los socialistas defendemos que todos debemos tener las mismas oportunidades independientemente de la situación personal o familiar de cada uno, sería razonable que en esa competición entre aspirantes a líderes, las ventajas no estuvieran siempre del lado del que ocupa un cargo remunerado orgánico o institucional. Solo quienes tienen esa situación pueden permitirse el lujo de recorrerse España para publicitar su candidatura. El resto de los mortales no podrán hacerlo salvo que sean ricos por su casa.

¿O es que alguien cree que serán iguales las oportunidades de ser elegido para el que es diputado nacional o presidente o presidenta de una Comunidad Autónoma o secretario general del PSOE o de alguna de sus federaciones que para el que ocupa su tiempo trabajando en una empresa privada o en el sector público? ¿De dónde sacará este último el tiempo y el dinero para hacer una campaña capaz de competir con los medios, tiempos y recursos del cargo orgánico o institucional?

Por cierto, debería ser obligación de cada candidato mostrar con pelos y señales el origen de cada euro que inviertan en sus frenéticas excursiones para publicitar sus candidaturas. Mostrar las transferencias bancarias de quienes aporten dinero voluntariamente, indicar el titular/es de las cuentas corrientes donde se ingrese ese dinero, explicitar el coste de cada acto que se realice, incluido el coste del local donde tenga lugar la actividad, factura de hoteles y restaurantes donde el candidato y su equipo recuperen fuerzas y descansen. Así se evitarían especulaciones y comentarios.

Los poderes fácticos existentes en la sociedad española defienden este tipo de métodos de elección que les permiten meter la cuchara en organizaciones que no están bajo el predominio de su capacidad de presión. Inclinar la balanza para que el afiliado individualmente compre el producto que mejor le vendan desde fuera del partido entra dentro del juego de influencias que esos poderes ejercen en la sociedad española. En un sistema de elección por delegados congresuales, resulta más difícil que esa influencia surta efecto. Ha bastado ver la promoción que se ha dado al anuncio de quien va a anunciar que se va a presentar a las primarias para que todos sepamos que determinados medios de comunicación u otros grupos de presión actuarán potenciando a uno u otro candidato, no buscando el mejor interés del partido, sino el interés que más convenga a sus propietarios y a sus intereses.

En la imitada Francia, parece que los candidatos que disputarán la segunda vuelta de las presidenciales francesas serán Le Pen y Macron. Ninguno de los dos fue elegido en primarias. El candidato republicano y el socialista, que sí lo fueron, van camino del matadero.