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El estado de la Unión: hoy por hoy sigue en la UVI

18/09/2013 07:33 CEST | Actualizado 17/11/2013 11:12 CET

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La semana pasada tuvo lugar en Estrasburgo el Debate sobre el Estado de la Unión. Cada año, durante toda una mañana de Plenario, el Presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, somete al juicio del Parlamento Europeo. En esta ocasión se trataba del último de los debates de esta legislatura 2009-2014.

Participé en ese debate para discrepar del tono autoabsolutorio de las políticas del austericidio que han sumergido a la UE en la peor crisis desde que existe. Estamos ya en plena recta final de la legislatura, con unas elecciones europeas ya próximas, mayo de 2014, donde son muchos quienes piensan que nos estamos jugando nada menos que el futuro de la UE. ¡Es momento de hacer balance y de rendir cuentas!

A día de hoy la UE sigue padeciendo los efectos de una "Gran Recesión", la peor hora de su historia. Contra toda evidencia, el discurso de la Comisión intenta envolverse todavía en una suerte de narrativa edulcorada, que trata de hacer pasar por "recuperación" y "luz al final del túnel" lo que no es sino un punto de inflexión en un ciclo negativo que dura ya demasiado. El manejo de la crisis ha sido simplemente pésimo. Error de diagnóstico, error de estrategia y error de dirección política

Pero lo cierto es que la crisis no ha terminado. Ninguna macro-magnitud puede ser sobreactuada, encapsulada en su examen, fuera de todo contexto. El significado real de "dejar atrás la recesión" es un puro efecto estadístico: tras una interminable caída, se suaviza ahora la bajada, aunque aun estemos lejos de lo que fue el punto de partida.

Nada hasta ahora permite sonar las campanas de un "tiempo nuevo o mejor". Con el propagandismo de la gestión conservadora de la crisis, se pretende legitimar esa estrategia de austeridad aplicada implacablemente. Y convalidan también el sentimiento de culpa y penitencia que se ha perseguido imponer a los países con mayores problemas, quebrando como nunca antes el principio europeo de solidaridad.

Tanto triunfalismo económico está lamentablemente injustificado, pero no es inocente: pretende convalidar la errónea política aplicada. No puede camuflar ni tapar el enorme daño social causado a nuestro modelo europeo, la masiva destrucción de empleo ni la creciente desigualdad e injusticia provocada por los ajustes de la crisis; las esperanzas rotas ni las vidas truncadas de muchos europeos, no sólo entre los más jóvenes.

Hay todavía hoy 27 millones de parados en la UE, casi 6 de los cuales en España: Muchos, sin cobertura y sin esperanza de encontrar un empleo, se retiran de las listas del paro. ¡Pero eso no equivale a una reducción del paro! La "reducción de las listas del paro" (demandantes activos de empleo) no se debe a la creación neta de puestos de trabajo (ni siquiera en la raquítica cifra de ¡31 empleos!). ¡Se debe por el contrario, al regreso de emigrantes extranjeros; a la emigración de españoles, y a la desmotivación de miles de españoles que han dejado de "apuntarse" en el INEM porque ni esperan trabajo ni reciben ya ninguna prestación!

A los 27 millones de parados se suman otros 25 millones que sufren pobreza severa y padecen riesgo de exclusión.

El déficit público supera en mucho lo que en su día se presentó como un tope de imposible cumplimiento, y luego fue revisado siempre al servicio de la misma estrategia, una y otra vez fallida. La deuda pública está en niveles sin precedentes desde que existe el euro, (¡en España se aproxima al 100% del PIB!) los mismos en los que, según una investigación económica de esas que dan cobertura teórica a sus políticas, el crecimiento real deviene prácticamente imposible.

Lo que se presenta como un éxito es en realidad, allí donde existe (que ojo no es en todas partes), un crecimiento raquítico, sin empleo y sin esperanza para los jóvenes. Y todo siempre en perjuicio del modelo social que debería preservarse y del proyecto europeo.

Nada en esa narrativa demuestra que tan brutal y dogmático ajuste fiscal, a palo seco, fuera imprescindible ni adecuado.

El estado de la UE no es bueno, ni siquiera aceptable. Hay que corregir el rumbo. Seguimos necesitando un plan de crecimiento y empleo, financiando con recursos la innovación y la cohesión con un presupuesto robusto. En suma, una respuesta europea, un pacto social que garantice el futuro de la UE.