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Septiembre 2017: el debate de la UE en el Parlamento Europeo

13/09/2017 07:19 CEST | Actualizado 13/09/2017 07:20 CEST

JFLA

En su primer Pleno de septiembre, el Parlamento Europeo (PE) sostiene con la Comisión Europea el anual Debate sobre el Estado de la Unión. La costumbre parlamentaria, y su práctica consolidada en el curso de los años, quieren hacer de esta ocasión una reflexión polifónica. En ella, los portavoces de los Grupos Parlamentarios examinan los diagnósticos y recetas con que el Presidente del Ejecutivo comunitario, Jean Claude Juncker, mide el pulso comunitario. Septiembre de 2017 encara la recta final de la legislatura 2014-2019.

La presente legislatura arrancó con la continuación de la Gran Recesión desatada en 2008, hoy comúnmente señalada como la peor, más profunda y prolongada crisis de la construcción europea desde su puesta en marcha en la segunda mitad del siglo XX.

Cumplidos tres años de este mandato del PE y de la Comisión, dos radiografías compiten por hacerse con el relato de la "salida de la crisis"y la evaluación de daños.

De un lado, los más optimistas dan por fin por superado el valle de la Gran Recesión. El crecimiento económico -modesto, moderado, reducido todavía por sectores y países, pero ya en curso de ruta hacia su sostenimiento en el tiempo venidero- permitiría "dejar atrás los temores" -fundados y persistentes durante casi una década- de ulteriores recaídas y recidivas de la crisis.

Por su parte, el trauma del Brexit -se nos dice- habría dado lugar a una toma de conciencia del interés de confluir en una "unidad estratégica" desde la que negociar los términos y los costes del "divorcio del Reino Unido (RU)" respecto del resto de la UE. De paso, se celebran asimismo las sucesivas "derrotas" electorales de los pujantes populismos que han acechado, amenazantes, todos y cada uno de los procesos electorales nacionales de los últimos tres años: en España (por dos veces), Austria (presidenciales), Países Bajos, Francia -presidenciales y legislativas-, Reino Unido (anticipadas), varios Länder alemanes y, dentro de escasas fechas, las elecciones legislativas federales alemanas, las formaciones populistas no habrían conseguido imponerse (¡pese a concitar porcentajes electorales de apoyo hasta hace poco impensables!) frente a quienes apoyan la integración europea.

Al dictamen complaciente respecto de la superación de la Glaciación europea suele añadirse ahora el elogio del liderazgo "reformista" de Macron a la hora de entablar un entendimiento estratégico con la canciller Merkel, lo que se interpretaría en clave de reseteo del añorado "eje franco-alemán" (léase germano-francés), desfallecido estos años por un defecto de fuelle por parte de una Francia exhausta y atribulada por los embates del nacionalismo reaccionario (el FN de Le Pen) y del terrorismo yihadista.

Las alegadas consecuencias de estas nuevas coordenadas lo serían el reimpulso de la "Europa de la Defensa" (embrión de una Política de Defensa y Seguridad Común apuntada en el Tratado de Lisboa) y una profundización de la Unión económica y monetaria (con un FMI europeo y un incipiente presupuesto propio de la Eurozona).

De otro lado, una visión menos optimista (y menos edulcorada) es la de quienes hemos sostenido una posición más exigente respecto del manejo de la crisis y de su dirección estratégica. Nos resistimos a abrazar este relato encomiástico. No nos limitamos a evaluar mucho más críticamente los costes -inmensos, tanto los más tangibles como los intangibles- del desaguisado y la pérdida de voluntad de integración causados por la Gran Recesión. Exigimos también, ante el anual Debate sobre el Estado de la UE, algo más que un ejercicio supuestamente "realista" de "redimensionamiento" a la baja de las ambiciones antes proclamadas -las que el llamado "Libro Blanco de la UE" llama "hacer menos, pero mejor"... una "UE más pequeña" pero, quizá, más "eficiente"...

¡Decisivo, este Debate sobre el Estado de la Unión! Muchos lo advertimos hace tiempo: nos encontramos ante la última oportunidad de recuperar la UE y el método comunitario.

Es cierto, reconozcámoslo, que el Brexit ha reaproximado a los demás Estados miembros en la búsqueda de una posición negociadora común. Una posición capaz no sólo de hacer frente a los extremos más inaceptables de la pretensión británica de aprovecharse de las ventajas de estar fuera de la Europa Política y de la primacía su Derecho y de la jurisdicción del Tribunal de Justicia, pero permaneciendo dentro del mercado y con acceso a los consumidores, capitales y servicios continentales (en "lo mejor de ambos mundos"). Pero también es cierto que la inconclusión de la situación todavía abierta está lejos de lanzar ningún mensaje claro de reaseguramiento que dé tranquilidad y certeza a los tres millones de ciudadanos comunitarios (entre ellos, 115.000 españoles) que residen en Reino Unido... así como a los ciudadanos británicos en otros Estados de la UE.

Si es cierto que el crecimiento aleja paulatinamente el temor a una inminente nueva recesión (una nueva "Triple Dip"), también lo es que el balance de desigualdad y empobrecimiento tras la 'glaciación' europea dibuja un paisaje minado de perdedores de la crisis, abandonados a su suerte y expuestos al resentimiento y al desenganche del proyecto de integración supranacional apoyando repliegues nacionales o la utopía regresiva del populismo reaccionario.

Si es cierto que algunos gobiernos de los EE.MM han recuperado niveles de interlocución política (así en la incipiente asignación presupuestaria para una Política Exterior y de Defensa; sobre todo en la respuesta a la amenaza yihadista), también lo es que ese núcleo interior se desvincula de los procedimientos diseñados para la formación de la voluntad de la UE (decision making process) tal y como aparece descrito en los Tratados europeos. Florecen, por contra, los subgrupos intergubernamentales anómicos, ajenos a las reglas y formatos institucionales.

Si es cierto que ante los episodios más dramáticos de la llamada "crisis migratoria", se han adoptado en sucesivas "Cumbres" y "Consejos extraordinarios" decisiones y estrategias diseñadas para no cumplirse, también lo es que su incumplimiento y la clamorosa ausencia de voluntad política de los EE.MM para acatar sus propios compromisos han devenido en un paisaje que cronifica los males que debería combatirse: de un lado, la insolidaridad (negando el carácter vinculante de la "solidaridad" exigido en el art. 80 TFUE); al mismo tiempo, de otro, la pavorosa indolencia ante la tragedia de muertes en el mediterráneo y la exposición a los tráficos ilícitos de miles de subsaharianos aherrojados a arriesgar la vida o la esclavitud por la insoportable ausencia de vías y procedimientos legales para intentar obtener la protección humanitaria que la UE les escamotea al coste de infringir el Derecho internacional y europeo.

Y sí, es cierto también que la Comisión cuenta aún con el apoyo de (todavía hoy) una mayoría proeuropea en el PE frente a los gobiernos díscolos. Pero igualmente es verdad que ahí continúa, jactancioso, ¡ese "Grupo de Visegrado"! notoriamente Hungría y Polonia, remando contrapedal, desafiando las reglas del Estado de Derecho, y negándose a cumplir con los estándares constitucionales a cuya observancia se obligaron con su rúbrica al acceder al "Club" (los llamados "criterios de Copenhague"). Como asimismo lo es que su agresiva retórica antieuropea no ha encontrado hasta la fecha, por parte de la Comisión, ninguna disuasión efectiva, ni contención ni correctivo, ni ninguna respuesta sancionadora y contundente tal y como prevé el art. 7 TUE (retirada de su derecho de voto en el Consejo).

Septiembre de 2017: ¡Decisivo, este Debate sobre el Estado de la Unión! Muchos lo advertimos hace tiempo: nos encontramos ante la última oportunidad de recuperar la UE y el método comunitario, aun con las limitaciones de la aproximación por medio de "pequeños pasos"... Las elecciones europeas de 2019 se acercan en el calendario como una cuenta atrás. La perspectiva verosímil de que se las haga coincidir (último domingo de mayo de 2019) con las cuatrianuales elecciones autonómicas y locales en España -sin descartar su coincidencia con unas nuevas elecciones generales anticipadas para entonces por Rajoy ante el agotamiento de la actual aritmética parlamentaria y presupuestaria en España-, de modo que al mismo tiempo los españoles votásemos en varias urnas a la vez... incrementaría probablemente la participación: ...good news, al menos por eso.