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Superpotencia en espionajes: ¿Hacia un Gran Hermano totalitario?

07/11/2013 07:50 CET | Actualizado 06/01/2014 11:12 CET

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1. He dedicado mis últimas colaboraciones en esta columna de opinión a un asunto que reviste la mayor importancia e ilustra singularmente la urgente necesidad de que la UE despliegue todo su potencial de relevancia global, superando las señales de declive que ensombrecen su presente y su futuro. Tanto en su proyección global como particularmente en su relación bilateral con otros actores importantes, es imperioso que la UE sea capaz de mostrarse fiel a sus valores proclamados y de hablar con voz unitaria y coherente, digna de ser escuchada ante terceros países. Es el caso del escándalo suscitado por las revelaciones del espionaje masivo, sistemático y sostenido en el tiempo que la NSA (National Security Agency) que EEUU ha venido ejercitando sobre las comunicaciones telefónicas y electrónicas de millones y millones de ciudadanos europeos sin la más minima conexión con ninguna amenaza terrorista.

2. El Parlamento Europeo (PE) ha sido la única institución de la UE que ha hecho algo al respecto, y la única que ha hecho todo lo que podía hacer: conducir una comisión de investigación (LIBE inquiry); exigir explicaciones a las autoridades de transferencia de datos de seguridad de los EEUU; y recomendar la suspensión de los acuerdos en vigor con los EEUU, además de requerir a la Comisión que deduzca consecuencias políticas del quebranto de confianza en la negociación en curso del ambicioso Tratado de Comercio e Inversiones entre la UE y EEUU.

3. Asombrosamente, ningún Gobierno nacional de los Estados miembros (EEMM), como tampoco ningún Parlamento Nacional ha adoptado hasta la fecha medidas significativas por su parte. La prevalencia de la desunión y de los intereses cortoplacistas de los distintos gobiernos ha hecho una vez más inviable que la UE pueda ser tomada en serio, vista la arrogante displicencia con que los servicios de seguridad e inteligencia de EEUU han despachado hasta ahora la cuestión.

A estos últimos, les hemos escuchado esgrimir argumentos inaceptables: desde que "todos lo hacen" (lo que equivale a exaltar cínicamente la regla de "todo vale") hasta, nos guste o no, lo hacen "por nuestro propio bien" puesto que estarían velando no sólo por la seguridad de los propios EEUU sino también por la nuestra, la de los europeos. En suma, que estaríamos siendo espiados "por nuestra propia seguridad".

4. Lo más llamativo -y merece comentario- es hasta qué punto el régimen de opinión pública que en última instancia debemos identificar en toda democracia, se ha deslizado en EEUU por una pendiente preocupante. Es la situación en la cual el presidente Obama -que supuso en su momento una esperanza inédita de restauración del prestigio de los EEUU como gran valedor de valores, derechos y libertades inherentes al concepto mismo de la democracia constitucional- parece haber sido abducido por la lógica securitaria desatada hasta niveles paroxísticos por la Administración Bush. Es decir, por la misma Administración conservadora que precedió a Obama, y contra cuyos excesos construyó Obama su formidable plataforma electoral.

Además, entristece ver cómo la opinión pública americana parece haber arrumbado toda consideración sobre los derechos y libertades -singularmente los derivados de la privacidad y de la garantía de la inviolabilidad de las comunicaciones- en aras de una prevalencia de la seguridad rayana en la histeria antiterrorista, por más que conduzca a abusos que nada tienen que ver con el combate contra esa amenaza.

5. La inquietante disolución de los valores fundantes de una democracia constitucional digna de ese nombre, de la mano de las prácticas terriblemente intrusivas en los derechos de los ciudadanos, nos abisma hacia la abdicación individual y colectiva de esos derechos antes tan preciados. Y nos despeña hacia la resignación ante un monstruoso Gran Hermano totalitario que intercepta y graba sistemáticamente todas nuestras comunicaciones sin autorización judicial.

¡Es totalmente inaceptable, además de escandaloso! ¡Ningún superpoder tecnológico autoriza o legitima la demolición de las garantías de nuestra libertad que están todavía hoy consignadas en la letra inviolable de nuestras Constituciones escritas (Art. 18 de la Constitución Española y Art.8 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE)!

6. Es grave lo que está pasando. ¡Como igualmente grave parece que nos hayamos habituado a conocer, sin pestañear, por los noticiarios globales, esas terribles operaciones por las cuales los ataques por drones (misiles no tripulados) liquidan sin juicio previo a supuestos terroristas, sean talibanes o sean personajes buscados (wanted) por la Seguridad de los EEUU! ¡Estamos asistiendo así a la normalización de brutales ejecuciones extrajudiciales, no solo del sujeto buscado, sino de cuantos le acompañen en el momento del ataque, daños colaterales de una ejecución decretada de la que nadie responde ante ninguna ley ni ante ninguna Justicia!