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Tragedia rutinizada

06/07/2017 07:23 CEST | Actualizado 06/07/2017 17:40 CEST

JFLA

Proliferan estos días (como desgraciadamente es ritual desde hace años) los editoriales, comentarios y tribunas de opinión que apelan a los valores fundacionales de la UE... a cuenta de su contraste con la soledad con la que Italia -uno de los Estados fundadores, y cuna del Tratado de Roma (1957)- brega con la desesperada crisis humanitaria en aguas del Mediterráneo: ¡decenas de miles de migrantes sobreviven a duras penas (mientras otros tantos mueren, pereciendo en el intento) a travesías imposibles por el desierto y el mar en manos de traficantes de seres humanos, indefensos!

La más elemental coherencia entre lo que la UE dice ser y lo que hace, supone la obligación de acometer una empresa solidaria (¡art. 80 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea!) de escala paneuropea que hiciese saber a Italia que no está sola en la UE, ni ha sido abandonada a su suerte en la frontera sur más vulnerable de Europa: ¡porque resulta ser la más próxima al infierno libio, una escombrera entre las ruinas de un Estado fallido devenido en un no Estado minado por mafias criminales y yihadismo!

Pero ante este capítulo europeo de las migraciones mundiales (cerca de 65 millones de desplazados en busca de refugio se mueven por todo el planeta), no sólo los italianos echan de menos la UE. Ni sólo la echan de menos ante las insuficiencias de su mezquina respuesta ante tan sangrante tragedia en el mar Mediterráneo.

Así es. Millones de europeos echamos de menos una UE mejor que ésta, menos tacaña y elusiva de sus responsabilidades. Echamos de menos la UE en la articulación de una estrategia común contra la evasión fiscal que busca su echadero no sólo en apeaderos remotos del dinero oculto al fisco (Nevada, Delaware, Hong Kong...) sino en las así llamadas "planificaciones fiscales predatorias" y "agresivas"; y en los "Tax Rulings" maquinados desde los EE.MM (y sus overseas territories, como en los casos de Holanda y Reino Unido en el Caribe), en contra de sus maltrechas haciendas estatales, abocadas ante la escasez de ingresos a recortar prestaciones y perpetrar destrozos contra el modelo social que era la esencia de Europa.

Urge absolutamente que todos los Estados miembros -España entre ellos- se apresten, y cuanto antes, a proporcionar ayuda humanitaria operativa.

Si algo nos han enseñado los trabajos hasta ahora de la Comisión de Investigación del Parlamento Europeo sobre los Panama Leaks, es eso precisamente: que ante la compleja maraña de Tax Rulings y las prácticas contra la Hacienda pública de los asesoramientos expertos, de la Banca de Inversiones opacas al exterior, de despachos profesionales y consultorías dedicadas a la elusión y al fraude, sólo puede hacerle frente la armonización fiscal y de la legislación que impongan un valor europeo frente a la minoría sin escrúpulos de quienes se aprovechan -entre los intersticios de la globalización- de las lagunas legales y los agujeros del sistema para salirse con la suya contra todos los demás, que somos la inmensa mayoría.

Pero ahora sigue siendo perentoria y prioritaria una respuesta europea a la escalofriante tragedia en el Mediterráneo... Que no es la tragedia de Italia, sino la de toda la UE, por más que ritualicemos con vacuas declaraciones un compromiso verbal carente de contenidos. Y a cuanto anteceda a esa tragedia en el Mediterráneo: la ruta de los traficantes de la desesperación de miles de subsaharianos que arriesgan su vida (¡y cuántos de ellos la pierden!) para testar la suerte de hacerse rescatar un día, o perecer en el intento, por una patrullera italiana de la Guardia di Finanze o por los Carabanieri.

Urge absolutamente que todos los EEMM -España, sin duda, entre ellos: gobierno del PP ¿a qué esperas para ayudar en Italia y cumplir con el mandato de solidaridad del art.80 TFUE?- se apresten, y cuanto antes, a proporcionar ayuda humanitaria operativa. Solidaridad real. De una vez. ¡Acción, ahora!

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