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El incendio perfecto

23/07/2012 08:46 CEST | Actualizado 21/09/2012 11:12 CEST

Me refiero en esta ocasión a los fuegos que asolan nuestros montes, y no al incendio que el Gobierno de Rajoy ha generado en nuestra sociedad con su política de recortes sociales. Por desgracia el fuego en el monte sólo ocupa algún espacio en los medios cuando ya es inevitable y se extiende por los campos y montes peninsulares. Cada verano vivimos con impotencia la misma tragedia, aunque el debate se enfría al llegar el otoño, para desaparecer hasta el año siguiente. El gavísimo incendio de Valencia, y los fuegos de Canarias han sido detonantes de nuevo de la reflexión.

En lo que llevamos de año ya van más de 100.000 hectáreas calcinadas, la mayor parte de ellas por un número muy pequeño de fuegos. Hay muchos factores que influyen en que los incendios se produzcan, y en que se extiendan, pero hay tres que considero especialmente relevantes: el cambio climático, los recortes presupuestarios y el abandono rural.

Los datos sobre cantidad de fuegos y superficie quemada varían mucho de un año a otro, sin una tendencia definida. Hay años en los que hay muchos fuegos, y otros en los que disminuyen. Sin embargo hay un dato que mantiene una indiscutible tendencia al alza: el de los llamados Grandes Incendios Forestales (GIF). Se trata de incendios que afectan a una superficie superior a las 500 hectáreas. Los grandes incendios se producen cuando se dan unas condiciones ambientales extremas de sequedad, temperatura y viento. En esas circustancias es prácticamente imposible luchar contra ellos, y las llamas se extienden sin freno a veces durante días enteros. Algunos de estos incendios se han cobrado un alto número de vidas humanas, como el de Guadalajara de julio de 2005 que se cobró 11 vidas humanas. El fuego se convierte en un enemigo imbatible cuando el medio ambiente es un infierno de sequedad, temperatura y viento.

La mala noticia es que el número de días en verano en que esas condiciones tan favorables a los grandes incendios se producen van en aumento. Cada verano son más los días en que la fatídica regla de los 40 se cumplen. Es un síntoma más de que algo está cambiando en nuestro clima.

A ello debemos unir el abandono del mundo rural, que hace que nuestros montes cada vez estén menos trabajados, y por tanto sean más vulnerables al fuego. La falta de actividad en muchos montes, hacen que el combustible esté listo para prender.

Y la puntilla llega con los recortes generalizados a las políticas ambientales, y más concretamente a la prevención y la lucha contra los incendios forestales. Esos recortes pueden parecer inocuos a quien no está familiarizado. Pero los incendios en Valencia sin ir más lejos ponen de manifiesto cómo la prevención es la mejor inversión. El pequeño ahorro que se pudiera conseguir reduciendo en la lucha contra incendios, supone finalmente un enorme coste al analizar los daños de los enormes incendios.

En definitiva nos encontramos en un escenario ambiental en el que el aumento de los grandes incendios parece inevitable en el corto plazo. La receta contra ellos no es sencilla e implica decisiones e inversiones en ámbitos diversos donde la prevención debe jugar un papel prioritario. Por ello decimos que los incendios se apagan en invierno.

Nota: Este artículo se escribió antes de que este domingo se declarase el incendio en el Alt Empordá (Girona).