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El circo del libro

25/05/2017 07:26 CEST | Actualizado 25/05/2017 07:27 CEST

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Cartel de la Feria del Libro de Madrid 2017.

"Vaya mierda de cartel el de este año, infantil y a todas luces hecho a toda prisa por alguien que se habrá llevado una pasta por media hora de curro, lo que vuelve a poner de manifiesto que se trata de un evento meramente comercial, y no cultural, su verdadera razón de ser, donde el único objetivo es hacer caja con rostros conocidos de la farándula y medios de comunicación que publican solo por su cara bonita. O la invasora troupe de youtubers, instagramers e influencers capaces de congregar interminables colas de adolescentes para firmar las estúpidas ocurrencias que cuelgan cada día en la red y que han reunido en forma de libro...".

Vuelve la Feria del Libro de Madrid. Y también, como siempre, las mismas y aburridas críticas, alentadas no solo por quienes, una año más, no podrán participar en ella, sino por quienes llevan décadas acudiendo y pretenden seguir haciéndolo del mismo modo: como los reyes del mambo.

Qué mala es la envidia.

Y qué malo vivir del pasado.

Pero vayamos por partes.

El cartel puede gustar más o menos, pero ha logrado su objetivo con creces: que todo el mundo hable de él y, por tanto, del evento que publicita. Dudo mucho que cuando esta feria acabe su cartel se olvide tan fácilmente como los de ediciones anteriores que ya nadie recuerda.

En cuanto a las intenciones comerciales... ¿de qué creéis que vive el mundo editorial? ¿Del aire? ¿Y cómo se financia la Feria? ¿Con sonrisas? Las editoriales y librerías expositoras deben rentabilizar la inversión que supone el alquiler de las casetas y los gastos de personal, el transporte... De igual modo, la Feria necesita buenas ventas para justificar su existencia, mantener patrocinadores, atraer otros nuevos y aspirar, como mínimo, al mismo presupuesto para la siguiente edición. Conclusión: si en los últimos años esto lo consiguen principalmente las ventas de youtubers, instagramers,influencers y gente de la tele, ¿a quién le importa? Habría que agradecérselo. Sus ventas permiten que la Feria siga existiendo. Y que otros autores podamos participar en ella.

"¿Y qué pasa con nosotros? También queremos darnos a conocer y no nos dejan estar", claman los que están empezando. Los que disponen desde que le dan a la tecla de Internet, la mejor ventana para darse a conocer en todo el mundo. Los que nacieron con word y el corta y pega para corregir sus novelas sin el mínimo esfuerzo. Ni en tiempo ni en papel. Los que para enviar su "obra maestra" a una editorial no tienen más que adjuntar un documento y hacer clic. Antes debías estar muy, pero que muy seguro de ti mismo. Y de que lo que habías escrito tenía calidad suficiente como para aspirar a publicarse. Porque te ibas a dejar un dineral en fotocopias, encuadernaciones y envíos certificados. Por eso, cuando recibías una negativa por respuesta tenías dos opciones: o decir "esto no es lo mío" y tirar la toalla, o apostar por ti, escribir otra novela e intentarlo de nuevo.

Ahora existe una tercera opción: autopublicar. El modo de cumplir un sueño para quienes llevan años intentándolo. Pero el recurso de la pataleta para los que, inspirados por los talent shows televisivos, pretenden alcanzar sus propósitos a la primera de cambio, privándose de la necesaria experiencia del "no", del enorme valor y aprendizaje que supone el rechazo. Porque la única manera de crecer y madurar es recibiendo golpes, no caricias. Y se escudan en argumentos tan peregrinos como que las editoriales que los rechazan sólo se mueven por intereses comerciales.

Todo lo contrario que el sello que sí les ha publicado. Como Amazon. Que vive del aire. Porque no saca ningún beneficio de los miles de autores como él (o ella) de quienes sacará al mercado sus novelas sin tener en cuenta ningún criterio de calidad, porque se van a dejar los cuernos para intentar venderla a través de esa ventana que todo lo puede. Que bajarán los precios de sus obras para colarse en las listas de los más vendidos. Y que incluso la regalarán para subir a lo más alto. Que se vanagloriarán de haber conseguido un mayor porcentaje de beneficio por cada ejemplar vendido en comparación con el que les ofrecería una editorial convencional sin pensar en que esto no se debe a una altruista acción de mecenazgo, sino a que Amazon, además de editor es distribuidor y punto de venta. Y que ellos, los autores, verdaderos genios renacentistas que saben de todo, además de escribir, editan, maquetan y corrigen sus textos, diseñan la portada, redactan la sinopsis y sus propias biografías y se convierten en sus propios agentes de prensa.

Siempre he considerado esto como una carrera de fondo. Y que el verdadero objetivo es seguir corriendo. No llegar a la meta.

Siempre he considerado esto como una carrera de fondo. Y que el verdadero objetivo es seguir corriendo. No llegar a la meta. Porque salvo para unos cuántos elegidos, ya sabéis, eso de estar en el lugar adecuado en el momento justo, allí no hay nada. Y no importa lo mucho que corras. Si no eres uno de ellos nunca la alcanzarás. Nunca.

Por eso no dejé de correr después del primer "no" a mi primera novela. Ni de los que vinieron después. Tampoco de los "no" a la segunda. La tercera. La cuarta. O la quinta. Incluso la sexta. Así durante casi veinte años. Porque seguí creyendo en mí. En lo que escribía. Y respetando la opinión de quienes me rechazaban. Nunca pensé que mis novelas fueran malas. Ni muchísimo menos. Simplemente que no era mi momento. Por eso decidí seguir aprendiendo. Creciendo. Y madurando. Hasta que llegó el primer "sí". Publiqué. Y firmé por primera vez en la Feria. Entonces se cayeron todos los mitos. Porque nada fue como había imaginado. Porque me di cuenta de que no dependía de mí, ni de lo que escribiera, que algún día llegara a ser un elegido. Podría haber tirado la toalla. Pero decidí continuar corriendo. Hubo otro sí. Y otra Feria. Después un tercer sí. Y una nueva Feria. Este será el cuarto año que participe. Con mi cuarta novela, El suicida impertinente, una de esas escritas hace casi veinte años y que gracias a Versátil ha encontrado su momento. Qué lástima si hubiera decidido tirar la toalla y autupublicarlo, editando, corrigiendo, maquetando y diseñando la portada como si me creyese capaz de todo, ¿no creéis?

Nada me garantiza que vuelva el próximo año. O que publique la novela que actualmente estoy escribiendo. Porque, a diferencia de muchos, soy consciente de que no hay sitio para todos. Y que el que yo pueda estar ocupando no me pertenece. Porque esto no es como aprobar unas oposiciones y vivir, nunca mejor dicho, "del cuento". Pero mientras tanto disfrutaré de lo que he conseguido, y de haberlo hecho como solo un escritor debe hacer: escribiendo.

Y si un día, pese a continuar publicando y estar invitado, decido no acudir a la Feria, será mi decisión. Y no culparé de ella a youtubers, instagramers,influencers o famosos reconvertidos en literatos. Ellos no tienen la culpa de nada. Y sus editores, tampoco. Solo están aprovechando su momento. Que terminará pasando. Como el de los que hubo antes que ellos. Para que sean otros quienes aprovechen el suyo cuando les llegue. Permitiendo con sus escandalosas ventas y millonarios beneficios que un servidor, por ejemplo, publique y pueda estar firmando en la caseta de al lado, sin importarme que solo vengan a verme familiares, amigos... y algunos lectores que han oído hablar de mí y sienten curiosidad por leer lo que escribo. Para mí es más que suficiente. Mucho más.

Si no pensáis igual, echadle un par de huevos (u ovarios) y culpad a quienes os dan, o pretendéis que os den de comer. Los lectores. Porque son ellos quienes compran los libros de aquéllos a quienes tanto menospreciáis. Y si venden más que vosotros solo puede ser por una razón: ellos les dan algo que vosotros no podéis ofrecer. O que otros, los que no se quejan, simplemente no quieren darles.

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