Juan Moscoso del Prado

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El 25-S desde el Congreso

Publicado: 27/09/2012 11:20

El 25 de septiembre tuve un mal presentimiento. No son buenos tiempos para los ciudadanos, para la esperanza y el optimismo, para la política, para casi nada. Aún y así todavía confío en que los graves problemas económicos y sociales que afectan a nuestra sociedad y que tienen origen en decisiones políticas, las que llevaron a esta crisis y las que se adoptaron para seguir rutas equivocadas para intentar salir de la misma, sólo se resolverán desde la política, desde nuestras instituciones democráticas.

Por supuesto, nuestro sistema político debe también ser capaz de transformarse, en algunos sentidos profundamente, para seguir siendo, sí, seguir, a pesar de sus defectos, el garante de nuestro modo de vida, de nuestros derechos y libertades, y el cauce para expresar y confrontar la pluralidad ideológica de nuestra sociedad.

Algo así reflexionábamos los diputados que el martes salimos a la calle preocupados tras ver en televisión desde nuestros despachos las violentas escenas que pasaban ahí mismo cien metros más abajo en la plaza de Neptuno. La misma violencia con la que crecimos los que somos navarros o vascos y que también ha vuelto a nuestras calles.

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Esa violencia absurda que causó el martes heridas irreparables a varias personas, manifestantes y policías, añadía preocupación a la zozobra que venimos sintiendo desde hace meses todos los días cuando acudimos a unos edificios atrincherados tras vallas a los que sólo les falta el alambre de espino, los edificios que albergan a los representantes de todos los españoles elegidos democráticamente. No son estas las oficinas creadoras del fallo del sistema que ha provocado esta crisis, dijo un compañero de grupo y escaño mientras mirábamos hacia Neptuno bajo el primer cielo gris del otoño madrileño, quizás, pienso yo. Lo que sí son es las oficinas de donde deben salir las soluciones, pienso yo, y también las oficinas donde no se tomaron las decisiones que debían haber evitado esa situación. Aunque desde la mismas cada vez se pueda hacer menos para controlar las fuerzas tectónicas de unos mercados que campan a sus anchas tras décadas de desregulación, pero ya no caben más excusas.

El 25 de septiembre fue un día triste para nuestra democracia y un día en el que tuve un mal presentimiento. Un presentimiento no sólo de la violencia que trajo sino de la deriva social e institucional que vivimos sin que este Gobierno ni las instituciones europeas ni muchos políticos parezcan capaces de impedir.

Ese día dentro del Congreso hubo grupos parlamentarios que se dedicaron a aprovechar el incendio para sacar provecho, hubo muchas intervenciones provocadoras, incendiarias, irresponsables, populistas, otros -esa es mi opinión- intentamos lo contrario. Para algunos el rodeo del Congreso sólo supuso alguna incomodidad a la hora de entrar, de llegar, de salir, para muchos marcó un antes y un después.

 

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