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Me he criado sin padre y no quiero que sientas lástima por mí

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MUM IN BED
Jon Ragel via Getty Images
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Nunca he cuestionado la educación que se me ha dado. Al volver la vista atrás, me he dado cuenta de lo normal que me parecía haber crecido sólo con mi madre. En ningún momento sentí que me faltara algo por no tener contacto con mi padre o porque mi familia sólo estuviera compuesta por mi madre y por mí. Solamente soy consciente de que mi infancia fue diferente a la del resto cuando me preguntan por mi niñez o en qué trabaja mi padre.

No tengo recuerdos de mis padres siendo felices juntos. Recuerdo muchas peleas. Mucha tensión. Solía sangrar por la nariz por culpa del estrés. Y, por culpa de la ansiedad, se me caían los vasos sin querer en la cena. Recuerdo sentirme nerviosa cuando estaba con mi padre y segura cuando estaba con mi madre.

Mis padres nunca se llegaron a casar. Estuvieron juntos, se separaron, volvieron y se acabaron separando definitivamente. Después de eso, viví con mi madre y veía a mi padre todos los fines de semana o cada dos fines de semana (sinceramente, no tengo muchos recuerdos de esa época). Todo lo que recuerdo es sentirme segura y yo misma cuando estaba con mi madre. Supongo que mi madre se dio cuenta y, después de un desagradable proceso judicial, le concedieron la custodia completa a ella.

Me sentía muy triste por el daño que le había provocado a mi padre -creía que de verdad era culpa mía-, pero al mismo tiempo me sentía aliviada. Muy aliviada. Recuerdo que, durante mucho tiempo, todas las noches antes de dormir me echaba a llorar y pedía perdón por lo que había hecho, pero me sentía segura en mi cama, en casa con mi madre. En nuestra casa.

Mis heridas y las de mi madre tardaron un tiempo en cicatrizar, pero el resto de mi infancia fue feliz y me he convertido en una buena adulta (al menos eso creo).

No, no tengo secuelas por haber tenido problemas con mi padre. No siento que me falte algo por no haber tenido la influencia de una figura masculina en mi infancia. No soy una persona enfadada o confundida. Cuando pienso en mi infancia, no veo una ausencia. Me doy cuenta de lo fuerte y cariñosa que era mi madre, que trabajaba para pagar el alquiler mientras estudiaba y mientras el resto de su familia estaba en Alemania. Era, y es, mi modelo a seguir. Siempre apreciaré la relación, cercana y de amistad, que todavía tenemos.

No creo que nadie haya tenido una infancia perfecta. Los malos momentos te ayudan a apreciar la vida que tienes ahora. Crecer sin mi padre me ha hecho una persona más fuerte, más independiente, más amable y más agradecida por las relaciones que mantengo con mis amigos y con mi novio. Me siento afortunada, y la verdad es que lo soy.

Creo que debido a la educación que he recibido no concibo el matrimonio o la familia igual que los demás. Al contrario de lo que me dice la mayoría de la gente que está en mi contra, el matrimonio no es una relación divina y una familia típica no tiene por qué ser sinónimo de sana o de feliz. Una familia fuerte puede estar compuesta por un hijo único y un padre o una madre fuertes. Hay muchas combinaciones posibles. Lo único que importa es que haya amor. Y una relación de pareja no necesita un matrimonio para demostrar lo que hay.

Mi novio y yo llevamos siete años juntos y no pensamos casarnos. No necesitamos comprometernos o adaptarnos a la postura del otro porque es algo que nos parece bien a los dos. Nos resulta raro que nos tachen de progresistas o de poco ortodoxos cuando lo más natural que existe es disfrutar de la compañía, quererse y apoyarse incondicionalmente.

Este post fue publicado originalmente en la edición australiana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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