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Don Juan quiere ser estrella del rock

21/11/2015 09:59 CET | Actualizado 21/11/2016 11:12 CET
SERGIO PARRA

El de Don Juan es uno es uno de los mitos más conocidos de la civilización occidental. Ha sido versionado en más de 500 versiones teatrales distintas, en cerca de una decena de películas y en múltiples versiones artísticas; y además de todo es, quizá, materia ideal para una ópera rock.

Esto es lo que han debido pensar Darío Facal y su equipo al poner en escena El burlador de Sevilla de Tirso de Molina.

La propuesta es bastante obvia: al comenzar la obra, saludan al público una serie de micrófonos puestos en primer plano; a la vez, la disposición de los actores es la de una banda de rock. Esta idea general estructura la obra. Como dice el programa, la obra pretende "encontrar el humor de este personaje subversivo que nos seduce con su profundo amor a la vida, con su enorme necesidad de vivir deprisa y tener un cadáver bonito".

Bonito es, y mucho, Alex García, el actor que interpreta a Don Juan. Tiene planta y cierto desparpajo pero, por alguna razón, se le ha dicho que la profundidad del personaje se gana con una voz grave, seductora y, sobre todo, jadeante. Y, créanme, más de dos horas de jadeos acaban siendo contraproducentes.

Catalinón (Agus Ruiz), por su lado, ha sido convertido en mera sombra de Don Juan, y no estoy seguro de que sea un acierto. La escena más sobrecogedora de la obra, el "romance de la calavera", la interpreta él. Y, ¿qué quieren que les diga? A mí eso de que el personaje gracioso dé miedo no me acaba de convencer.

De las cuatro protagonistas femeninas, todas guapísimas y bastante correctas, destacaría el papel de Tisbea (Manuela Velléz) y de doña Ana (Alejandra Onieva). Aunque, en general, los personajes femeninos desentonan mucho menos que los masculinos, todos los actores jóvenes necesitaban trabajo con el verso, unos más que otros.

don juan rock

La adaptación tiene sus más y sus menos. Han cortado más de 1.000 versos, algunos quizá no tan necesarios, como la "loa de Lisboa", y han añadido múltiples escenas musicales que llenan el espacio que dejan los versos.

La obra tiene varios momentos interesantes. Por ejemplo, en un nuevo ejemplo brechtiano, Don Juan baja al escenario a que le acabe la frase, especialmente sexual ("y el mayor gusto que en mí puede haber es burlar una mujer y dejalla sin honor"), una espectadora. Esto resulta arriesgado pero intuitivo y divertido.

Otro acierto es, sin duda, incorporar a Emilio Gavira como rey, se come la escena el tío. Asimismo, la propuesta de incorporar una cámara en todas las escenas de sexo parece coherente con la obvia invitación al voyerismo de una obra que comienza in medias res, con un acto de seducción-traición. Este añadido, además, permite varios guiños brechtianos en los que Don Juan mira pícaramente al público mientras comete sus "fechorías".

No obstante, esta misma propuesta del director se rompe en la última escena de sexo, la de Aminta (Judith Dianake), en la que el director opta por presentar una simbólica desfloración con pañuelo en lugar de seguir con la cámara.

En mi opinión, seguir con la cámara hubiera sido más lógico, pues al fin y al cabo, todas las engañadas son vírgenes, y no acabo de ver la necesidad de separar el engaño (o burla) de Aminta del resto. Además, claro, dudo que Tirso pensara que Aminta fuera gitana, por mucho que la sitúe en Dos Hermanas.

En fin, se trata de una propuesta interesante, en ocasiones exagerada, que invita a ver el aspecto más subversivo y, por lo tanto, comercial, de nuestro querido antihéroe. En general, la obra está pensada para atraer a un público joven que va a disfrutar de las subversiones, lo que siempre es de agradecer.

De jadeo en jadeo, descubrimos a un Don Juan que, mientras desea convertirse en una "pistola del sexo", tiene el riesgo de parecer un chico salido de una boy band.

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