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Lo que aprendí después de trabajar cuatro años en McDonald's

04/12/2015 21:56 CET | Actualizado 04/12/2016 11:12 CET
ASSOCIATED PRESS
In this Jan. 20, 2012 photo, the McDonald's logo and a Happy Meal box with french fries and a drink are posed at McDonald's, in Springfield, Ill. McDonald’s Corp. saw net income jump by 11 percent in the fourth quarter, as the fast-food giant continued to attract budget-conscious customers with low prices. (AP Photo/Seth Perlman)

Entre los 18 y los 22 años estuve trabajando en McDonald's. Intercalé medias jornadas y jornadas completas durante esos cuatro años, siempre con la esperanza de encontrar un trabajo "mejor". Nunca ascendí, nunca fui encargada, nunca conseguí nada importante en el tiempo que pasé allí.

Básicamente, era el estereotipo absoluto del apático trabajador de McDonald's. Perezosa, estúpida, sin iniciativa.

Con los años, vi cómo ese estereotipo fue evolucionando de muchas formas. La cara de los amigos de mis padres cuando les dije lo que hacía. Los comentarios con saña, tipo: "¿Es que todavía sigues trabajando en McDonald's?" o "Yo nunca podría trabajar en un sitio así". Los ánimos de mis amigos: "Directamente, no te presentes hoy" (dado que no es un trabajo de verdad...).

En mi propia mente también se fue desarrollando el estereotipo. Era una trabajadora pésima: demasiado lenta, torpe y resentida con mis circunstancias. Pensaba que era demasiado buena para McDonald's. Me justificaba constantemente a mí misma: "¡Es un curro de mierda! Pero necesito dinero... Ja, ja, ja". Era una estudiante muy aplicada que disfrutaba de las conversaciones intelectuales. No estaba hecha para esas labores físicas inútiles.

No llegué a mejorar nunca. Y lo que es más: no quería mejorar. ¿Por qué debería intentar ser buena en algo que era inferior a mí?

No obstante, con los años, mi actitud empezó a cambiar.

Empecé a sentirme orgullosa de mi trabajo.

"McDonald's es asqueroso y grasiento. Pero mi humillación, y la de mis amigos y mi familia, no era porque hiciera hamburguesas. Era porque se suponía que yo era mejor que eso".

Me pregunté a mí misma cuál era la diferencia entre McDonald's y otros trabajos para principiantes que tenían otros estudiantes. ¿Por qué mi trabajo era mucho más deplorable que otros?

¿Es porque se trataba de una gran empresa? No, porque entonces trabajar en Starbucks o en Ikea sería igual de humillante.

¿Es por la falta de ética de la empresa? Supuestamente, H&M y Gap utilizan trabajadores en condiciones de esclavitud.

¿Quizás por la comida rápida? Pero Telepizza tampoco está tan mal visto...

¿Porque no es del ámbito intelectual? No, porque trabajar en Zara o como recepcionista se considera aceptable.

Entonces me di cuenta.

Se supone que McDonald's es un trabajo para gente que que no puede hacer otra cosa. Me di cuenta de que en la mayoría de empleos para principiantes no cogían a gente como la gente con la que yo trabajaba.

En McDonald's había personas con discapacidad, con sobrepeso, personas que no eran convencionalmente atractivas, que no hablaban mucho inglés, jóvenes adolescentes y mucha diversidad racial. Estas personas constituían la columna vertebral del lugar. Los respetábamos como a nuestros mejores trabajadores.

Luego me fijaba en otras tiendas, como Starbucks, y la mayoría de las veces veía a gente que se parecía a mí. Blanca, veinteañera, razonablemente atractiva, delgada, hablante nativa de inglés.

Este era mi perfil y el de la gente de mi alrededor. Cumplía bien los requisitos para trabajar en una tienda de ropa. Se supone que quien procede de una buena familia no acaba trabajando en McDonald's al lado de aquellos que no pudieron lograr algo mejor.

Si eres blanca y veinteañera, serás ridiculizada por trabajar en McDonald's. Pero no creo que lo mismo se aplique a personas discapacitadas o mujeres inmigrantes de mediana edad, por ejemplo. Sus amigos no comentarán entre risitas: "¿Cuándo vas a buscarte un trabajo de verdad?". Porque ese es el trabajo que se espera para ellos.

McDonald's es asqueroso y grasiento. Pero mi humillación, y la de mis amigos y mi familia, no era porque hiciera hamburguesas. Era porque se suponía que yo era mejor que eso; más inteligente, más trabajadora y con más talento que la gente con la que trabajaba. Me merecía un "buen" trabajo. Tenía una imagen inflada de mí misma que procedía de haber sido siempre una persona privilegiada.

"Si piensas que eres mejor que esas personas porque trabajas en la venta al pormenor u organizas archivos como recepcionista, te equivocas".

Me di cuenta de que esta actitud era mucho más asquerosa que las patatas fritas. Porque no soy mejor que un trabajador de McDonald's.

Vale, quizá tenga destrezas diferentes. No tengo músculos y me agobio con cualquier tipo de presión. Siempre seré mejor en trabajos de oficina que en trabajos manuales. Pero no es porque sea más inteligente, más válida o más capacitada que un buen trabajador de McDonald's.

Hay diferentes tipos de trabajos, y sólo porque consideremos inútil el trabajo hecho por personas marginadas no significa que esto sea cierto.

No soy tan trabajadora como mis compañeros, que a veces hacen turnos de 20 horas para asegurarse de que ningún cliente se quede sin su hamburguesa de medianoche.

No soy tan inteligente como nuestro gerente convertido en ingeniero. Aprendió a arreglar todas las máquinas para que no tuviéramos que llamar al mecánico.

No soy tan organizada como aquellos que hacen las previsiones y piden los ingredientes para miles de clientes cada semana sabiendo que, si la cagan, no sólo tendrán que vérselas con un jefe cabreado. Los clientes siempre esperan en la cola, dispuestos a gritar, a tirar bebidas, a soltar insultos racistas porque les falta kétchup. No soy lo suficientemente paciente como para lidiar con ello.

Estas son las destrezas y habilidades.

Si piensas que eres mejor que esas personas porque trabajas en la venta al pormenor u organizas archivos como recepcionista, te equivocas

Para mí, el tiempo que pasé en McDonald's tiene un valor incalculable. Vale, no quiero volver a servir patatas ni a hacer más hamburguesas, pero aprendí algo más importante. Empecé a desprenderme de mi arrogancia. Empecé a cuestionar las formas en las que deshumanizaba a la gente por su trabajo. Dejé de equiparar mi aversión por las grandes empresas de mierda con mi aversión por sus peones. Desarrollé más empatía.

Y si se considera como un borrón en mi currículum, no veo el porqué.

Este artículo apareció originalmente en Medium.

El post fue publicado anteriormente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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