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Una carta y un reto para los lectores del HuffPost

05/04/2015 10:03 CEST | Actualizado 05/06/2015 11:12 CEST

Estoy a un paso de cumplir 100 años. Cuando reflexiono sobre las muchas experiencias satisfactorias de mi larga vida, debo incluir en ellas mi correspondencia con algunas de las personas más fascinantes del mundo. Hay un disfrute sensorial especial en la experiencia de escribir una carta, sellar el sobre y enviarlo por su camino. Ya sea porque te has sacado algo de dentro (algunas cartas están escritas, en efecto, con ira) o porque has escrito una carta de amor (mis favoritas), sigue siendo la manera más personal de comunicarse, especialmente cuando se escribe a mano.

Después de mi accidente cerebrovascular, tuve fans que querían que les hablara de mi camino hacia la recuperación. Responder sus cartas se convirtió en parte de mi terapia y firmarlas con mi propia mano, un placer.

En un mundo en el que "todo lo viejo es nuevo otra vez" me sorprende escuchar que los jóvenes están ahora comprando discos de vinilo. ¿Es esto un buen augurio para que retornen las cartas escritas a mano? Eso espero.

A pesar de la conveniencia de las nuevas tecnologías, esta antigua forma de comunicación sigue siendo impactante y se debe utilizar con más frecuencia.

Imagina un niño que escribe a Santa Claus una carta a los padres pueden atesorar; una carta a "Querido John" o "Querida Jane" que el destinatario puede manchar con lágrimas y releer cuando el corazón ya ha sido remendado; un Nuevo Testamento sin las Epístolas.

Aunque nadie duda de la emoción y la satisfacción que genera en el ego un tweet de 140 caracteres enviados a una multitud de seguidores o lo eficaz de esos correos electrónicos con siglas que sustituyen palabras y esos emoticonos pequeños y cucos que suplantan a los sentimientos, insto a los lectores a descubrir el placer de comunicarse por lo que hoy se conoce con el término despectivo de correo caracol.

Mi esposa Anne ha mantenido un tesoro de cartas y poemas que he escrito para ella durante 60 años de matrimonio. Incluso puede citar algunos de ellos. También puede ver en esos papeles el hombre que era y el hombre en que me convertí. Anne también ha archivados meticulosamente décadas de cartas entre mí mismo y gente como mis amigos Henry Kissinger, Francis Albert Sinatra, Brigitte Bardot y otros tantos, además de colegas como Lord Laurence Olivier y Dalton Trumbo. Todos ellos dan fe de un estado mental; todos ellos reflejan lo que estaba pasando en su vida o la mía; todos ellos ofrecen una idea de los pensamientos privados y de los sueños de ese momento y en ese tiempo.

He escrito 11 libros y estaba seguro de que el que publiqué en mi 98º cumpleaños sería el último. Sin embargo, he estado leyendo un montón de esa correspondencia salvada y he decidido que haré otro libro, mucho más ambicioso de lo que un hombre de mi edad suele contemplar. Ya he empezado a trabajar en mi libro de Cartas.

Ahora, aquí está mi reto para todos los que lean esta carta abierta:

Escribe hoy una carta hoy para alguien a quien ames, que pueda ser conservada, saboreada, y que pase a los demás miembros de la familia cuando llegue el momento adecuado. Envía una invitación escrita a mano por correo en vez de un evento. Recibe un regalo y escribe a mano una nota de agradecimiento. Expresa tus sentimientos a un miembro del gobierno sobre un tema que te importa y ponlo en un buzón. Recuerda que, cuando estés firmando la carta de su puño y letra, estarás certificando que tú y sólo tú eres responsable de su contenido. No creo que eso sea posible con un correo electrónico.

Hazme saber de ti, preferiblemente no a través de un comentario, sino de una carta personal entre tú y yo. Al principio, el redescubrimiento de esta forma de comunicación puede parecer extraño, pero te prometo que se hace más fácil cuanto más lo usas y, en última instancia, es más gratificante.

Espero que te unas a mi cruzada para poner en boga de nuevo el arte de escribir cartas a mano.

Un cordial saludo,

Kirk Douglas

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