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Orgullo y prejuicio: World Pride Madrid 2017

23/06/2017 07:31 CEST | Actualizado 23/06/2017 07:31 CEST

AFP/Getty Images

Esta semana, en Madrid, da comienzo el World Pride, el evento más grande dentro de las celebraciones del Orgullo LGTBI. Un despliegue y derroche de medios, dinero e imagen que, lejos de lo que parece, contamina más que alimenta en muchas ocasiones el progreso dentro de la lucha LGTBI.

La organización del evento, encabezada por AEGAL (Asociación de empresarios y profesionales para ocio, turismo y cultura gay friendly... o así es como se definen) deja bastante que desear en lo que refiere a la representación de un Orgullo real, crítico y político. Desde hace años, y como viene haciéndose desde el Ayuntamiento de Madrid en anteriores ediciones, se confía la organización principal a una institución privada, que, preocupada por conseguir patrocinio y beneficios, se olvida de la parte simbólica real de este acontecimiento para priorizar su capitalización.

Asistimos a algo innegable, a un proceso de mercado donde los símbolos y consignas que comenzaron siendo políticos se han endulzado hasta conseguir generar productos susceptibles de ser comprados por todo tipo de público.

Puesto que la existencia de la comunidad LGTBI es patente y se torna imposible no reconocerla, el capitalismo adquiere una nueva visión de mercado con la que explotar unos ideales totalmente alejados en su origen de lo que se intenta promover. Así, la bandera arco iris se vuelve un sello que se adapta a mecheros, ropa, e incluso latas de bebidas o embalajes de hamburguesas, que irónicamente irán a parar a la papelera o al suelo de cualquier calle... Los eslóganes que se manejan para promocionar el evento son tan naif como las imágenes que las acompañan, dejando un amplio abanico de mercado al que poder atraer bajo una única premisa, la fiesta.

Si bien la fiesta y celebración del Orgullo LGTBI son una necesidad para su comunidad en primer término, y en segundo, para el resto de la sociedad, como medida integradora también lo es recordar por qué. Hay una parte histórica dentro de estas celebraciones que no debe desaparecer de las premisas organizativas del Orgullo: Stonewall y la lucha por los derechos LGTBI. La parte que tiene que ver con enseñar a esta y a las generaciones posteriores, cada vez más jóvenes, que el día del Orgullo LGTBI nace de los disturbios que se produjeron en un bar de Nueva York el 28 de junio de 1969. Donde los y las protagonistas fueron en especial personas trans, drag queens y travestis que se enfrentaron a los policías que llevaron a cabo la redada y ataque contra las personas que se encontraban dentro del local. Un enfrentamiento duro y violento que marcó el comienzo de una lucha larga que llega hasta nuestros días y hace necesario el recuerdo de lo ocurrido, sus protagonistas y de figuras como la de Sylvia Rivera.

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La gente intenta impedir las detenciones por parte de la policía en el pub Stonewall el 28 de junio de 1969

Stonewall supuso el principio de un movimiento internacional por el reconocimiento y derecho a ser de las personas LGTBI dentro de la sociedad, en igualdad. Sin discriminación, sin abusos, ataques o persecuciones. Todo ello se extendió también a España, donde la represión mantuvo al colectivo silenciado y perseguido durante varias décadas, algo que postergó un estigma que, a día de hoy, sigue siendo alimento de la LGTBfobia.

Sin embargo, y gracias a ellas, fueron muchas las personas valientes que decidieron comenzar a hacer valer su existencia, a demostrar que el derecho a disponer de la libertad para construirse a sí mismas es innegable a cualquier ser humano, y que el Orgullo es fiesta y lucha, todo a la vez. Es a causa de todas esas personas que, a lo largo de estos años, esta celebración ha ido ganando representación y visibilidad. Gracias a que la gente cada día tiene menos miedo a salir del armario, a expresar su sexualidad y su identidad de género. Gracias a la militancia y la lucha que permiten hacer real y legítimo ser como quieras y amar a quien desees. No es gracias a los carteles vagos donde se anuncia el Orgullo como un mero reclamo turístico, tampoco a las botellas de vodka con la bandera arco iris, ni a las grandes empresas que cuelgan símbolos LGTBI de sus fachadas, pero después del Orgullo permiten e invisibilizan actos homófobos en sus locales.

El Orgullo LTGBI no lo inventaron las corporaciones, las páginas de empresas gay friendly, los ayuntamientos o las marcas de ropa, lo crearon personas de la comunidad que supieron dar la cara y enfrentarse por sus derechos cuando sabían que sino nadie más lo haría. Sin pensárselo dos veces y sin promoverlo como un hecho aislado, sino como el nacimiento de una identidad colectiva de lucha por la igualdad.

Gamma-Rapho via Getty Images
Día del Orgullo LGTBI en la Place de la Nation de París

Tampoco debemos dejar que sea todo este entramado organizativo capitalista el que determine qué imagen debe dar el Orgullo, puesto que su riqueza se encuentra en la diversidad. Condenar que la imagen de este evento sea loca, escandalosa o excesiva contribuye también a condenar a las personas que ven en ese día la reafirmación de su identidad personal, política y social. La plumofobia es algo extremadamente segregacionista que permite al patriarcado ordenar a las personas queer dentro de su propia estructura, cuando por naturaleza éstas buscan desmarcarse de los roles que impone.

Por tanto, es de gran importancia entender que la libertad es el valor principal con el que surge el Orgullo, y que sólo manteniéndolo como elemento central en torno al cual se construye la lucha, llegaremos a representar una realidad. Realidad que conforman personas con identidades tan plurales como maneras de ver su sexualidad y género sienten. Sin juicios de valor, sin juicios morales, sin capitalización y sin machismo. Con más o menos pluma, con aliados y con aliadas, en unidad, pero con memoria y responsabilidad social. Con sinceridad hacia lo que somos.

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