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PSOE: la fortaleza de un año después

04/10/2017 07:51 CEST
EFE

En estos días se ha cumplido un año del momento clave que volcó toda la atención, no sólo de los medios de comunicación sino también de toda la sociedad, en el PSOE; el fatídico comité federal del 1 de Octubre, que mediante un 'golpe de estado' acababa con la secretaría general de nuestro partido.

Obligándose a sí mismo a verse dirigido por una gestora, el Partido Socialista comenzaba un camino que, duro pero necesario, le pondría la mayor de las pruebas en su camino: recuperar la confianza de sus filas y demostrar su auténtica democracia interna. Finalmente fue innegable la lección que dimos a toda la ciudadanía, a pesar de las trifulcas y lo mucho que costó reconocer a much@s de nuestr@s dirigentes la crisis de representación en la que estábamos inmersos.

Soy de las personas que piensa que todo ocurre por alguna razón y sin duda los socialistas de corazón entendemos esto más que cualquier persona ajena a la asociación política, al haberlo vivido en nuestras propias carnes. Hemos pasado por un proceso tan profundo en los últimos tiempos que nuestra situación actual muestra la clara imagen de un cambio radical en nuestra forma de participación activa en el partido, así como la vida política del mismo. En cuestión de meses sufrimos una situación tan compleja que, como se suele decir, hemos pasado de pincharnos y no sangrar a tener la hemoglobina por las nubes, navegando por nuestras venas a un ritmo frenético.

Quiero ser el altavoz que cuente, sin miedo a represalias, la labor que las bases de este histórico partido han llevado a cabo en este último año.

Podríamos decir que este proceso nos ha dejado de todo a su paso, a veces ha intentado arrasarlo todo, pero otras a estado a la altura de dotarnos de mayores cotas de compañerismo y, sinceramente, con esto último hemos de quedarnos. Me gustaría demostrar con palabras el sentimiento de unidad que sigue imperando (y cada vez con más fuerza) en la vida de muchas personas que volvimos a encontrar a nuestra familia en la militancia socialista. Quiero ser el altavoz que cuente, sin miedo a represalias, la labor que las bases de este histórico partido han llevado a cabo en este último año, sin dejar de lado en ningún momento aquello que nos llevó a luchar por cada injusticia: ese sentimiento de honestidad que movió en 1879 a nuestro fundador y sus colegas a formar una organización que 138 años después ha demostrado seguir tan viva como el primer día, le pese a quien le pese.

Quiero recordar el camino que aquellos días comenzaban las plataformas que siguieron creciendo alrededor de cada territorio, aglutinando más y más militancia que se unía a la causa de recuperar aquellos valores y principios perdidos que nunca debieron de dejar de representarnos en las instituciones. Equipos de personas que siguen despiertos, llenos de vida y esperanza por conseguir que esta magnífica fuerza siga moviendo montañas.

Después de todo lo que he vivido, toda la gente a la que he conocido y los problemas a los que juntas y juntos nos hemos enfrentado, sólo queda esperar a que el camino que aquel día comenzamos siga su curso en el resto de procesos restantes y que no cesemos nunca en ilusión y ganas insaciables de cumplir con un proyecto que complete el cambio de nuestro partido en cada ámbito. No debemos olvidar nunca de dónde venimos y por qué seguimos aquí, motivados por aquellos quienes, como nosotr@s mism@s, representan los valores que perseguimos.

No me quedan más que palabras de aliento, agradecimiento y motivación para toda la militancia socialista en general y, para la Plataforma Somos La Izquierda de León, en particular, por lo orgullosa que estoy de haber formado parte (como me consta que le ocurre a much@s de sus todavía participantes) y a todas aquellas personas que, posteriormente, se han ido uniendo a nosotr@s, por haber sido el apoyo para mucha gente cuando se viven momentos difíciles. Pero también ha estado ahí para celebrar los momentos de gloria que hemos tenido y que, estoy segura, seguiremos teniendo. Porque combatimos batallas duras, pero el mayor reto y la mayor satisfacción es la conformación de una gran familia de compañeros y compañeras a la que le queda mucho recorrido todavía.