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"Jiji, jaja" con Donald Trump, pero lo suyo no tiene gracia

28/08/2015 07:33 CEST | Actualizado 27/08/2016 11:12 CEST
AFP

Lo de Donald Trump no tiene gracia. Así de claro. La verdad es que no la ha tenido nunca, pero ahora que, inexplicablemente, además de ser el favorito entre los candidatos republicanos cada vez acorta más su distancia con Hillary Clinton, la tiene menos aún. ¿Los motivos? Básicamente que hay que tener cuidado -y mucho- con lo que dice que aspira a hacer si se convierte en el próximo presidente de EEUU.

Cuando Trump anunció formalmente sus intenciones de ser el candidato republicano de cara a las presidenciales de 2016, muchos pensaron que el show estaba garantizado. Aquel señor que sea la etapa del año que sea siempre está moreno, con su pelo inmaculadamente peinado, sus trajes cuidadosamente elegidos y que permanentemente alardea de ser millonario, se vendía como la persona perfecta para volver a hacer a América "grande". Entonces, comenzó a explicar cómo piensa actuar: diciendo verdades incómodas: alegando que sabe de qué habla puesto que él mismo se ha beneficiado de los defectos de la política estadounidense y de sus líderes.

Parece que esto, de momento, le funciona bien. Al menos esto es lo que refleja la última encuesta publicada por Reuters/Ipsos, en la que el 77% de los republicanos han dicho que Trump es "atractivo" porque no está preocupado en ser "políticamente correcto", mientras que un 68% ha indicado que lo es porque su fortuna personal hace que no le deba nada a quienes colaboren con su campaña.

Sin embargo, más allá de sus formas, el problema está en sus objetivos. La América en la que Trump cree deja fuera a los que le molestan. Esto es, básicamente, a los inmigrantes. Ya el año pasado el magnate dijo durante una reunión de activistas de conservadores que los 11 millones de indocumentados que están en EEUU, "nunca votarían por los republicanos". "Más vale ser listo y más vale ser duro. Se están quedando con nuestros trabajos y hay que ser cuidadosos", concluyó.

EXPULSAR A LOS SIN PAPELES

Si bien es cierto que todos los candidatos republicanos apuestan por poner coto a la inmigración ilegal, ninguno tiene en mente ideas como las que ha propuesto Trump: construir un muro en la frontera con México, expulsar a los millones de inmigrantes ilegales y acabar con el derecho -constitucional- a la ciudadanía por nacer en EEUU, un derecho del que se benefician los que despectivamente llamó "bebés ancla".

Suene o no a locura la política migratoria de Trump, las consecuencias de algo así ya empiezan a valorarse y a temerse. El portavoz del Southern Poverty Law Center (SPLC) -centro que analiza los grupos de odio en EEUU-, Mark Potok, aseguró a la agencia Efe que grupos de derechos civiles de EEUU temen un "contragolpe" de los crímenes de odio contra la comunidad hispana debido a la retórica antiinmigrante de Trump. Para ejemplificar los riegos, Potok recordó que una retórica como esta disparó en más de un 40% los crímenes de odio contra hispanos entre 2003 y 2007 durante una época en la que el entonces presentador de la cadena de televisión CNN Lou Dobbs incluso llegó a sugerir que los inmigrantes traían la lepra.

Cabe preguntarse también si Estados Unidos merece tener como presidente a una persona capaz de menospreciar públicamente a las mujeres al nivel que lo hace Donald Trump. Cuando alguien del sexo opuesto no le gusta, no tiene ningún reparo en calificarlas de "cerdas gordas", "perras" o " animales desagradables", por citar solo algunos. También es capaz de decir en directo que una periodista es dura con él lo es porque estaba "menstruando".

Con todo, parece bastante improbable que finalmente Trump se salga del todo con la suya y llegue a la Casa Blanca. El problema está en lo que genere el tiempo que aguante en campaña, puesto que su discurso está basado, cuanto menos, en el odio y el desprecio. Un irreverente con el que hay que tener cuidado.

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