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La censura del siglo XXI y la crisis de Qatar

13/06/2017 07:23 CEST | Actualizado 13/06/2017 16:08 CEST
WIKIPEDIA

En los países y épocas en que la comunicación se ve impedida, pronto todas las demás libertades se marchitan. La discusión muere por inanición, la ignorancia de la opinión de los demás se convierte en rampante, las opiniones impuestas triunfan.

La intolerancia se inclina hacia la censura, y la censura promueve la ignorancia de los argumentos de los demás y por lo tanto a la intolerancia misma. Un círculo vicioso rígido, que es difícil de romper.

—Primo Levi (Turín, 31 de julio de 1919 - ibídem, 11 de abril de 1987) sobrevivió en Auschwitz. 'The Drowned and the Saved' (Summit Books, New York, 1988).

No concibo peor destino que el de vivir en la oscuridad; de no poder acceder al conocimiento de lo que ocurre a nuestro alrededor —ni al pensamiento de quienes lo analizan. Tenía sólo ocho años cuando murió Franco, pero cuatro décadas más tarde, la sola mención del término "censura" me sigue helando la sangre.

Pasa el tiempo y me resisto a convertirme en una criatura de sangre fría. En diciembre del año 2013, asesorando a una distribuidora cinematográfica en Dubai (Emiratos Arabes Unidos), volví a sentir el tijeretazo de la censura con El Lobo de Wall Street. Como ocurre con todas las películas extranjeras, el Consejo Nacional de Medios de Comunicación del Gobierno de los Emiratos Arabes Unidos nos pidió una copia subtitulada en árabe y censurada de todo lo "indecoroso" antes de aprobar su emisión.

La censura, digital en una primera fase, escanea cada fotograma buscando la piel (desnudos) y sugiriendo su eliminación. La sangre y la violencia no parecen alterar a estos censores. Tras las imágenes, le llega el turno a las palabras. "Joder" aparece 544 veces en los 180 minutos de la cinta. Eliminados así el cuerpo desnudo y el lenguaje soez, se procede a una lectura detallada de los textos. Se buscan posicionamientos políticos en favor de la democracia, contra la religión o en defensa de la homosexualidad, temas que obsesionan a los censores de Emiratos Arabes Unidos.

Al final del proceso, El Lobo de Wall Street menguó un tercio, eliminando casi 45 minutos de cinta a tijerazos. Todo ello para "proteger" de nocivas influencias a una ciudadanía, victima ya de la intensa desnutrición intelectual a que la someten sus gobiernos.

Junto al canal de televisión qatarí Al-Jazeera y veinte medios más, el 'Huffpost Arabi' también lleva semanas censurado.

Me apasionan la cultura árabe y sus gentes y me entristece ver cómo, delante de nuestras narices, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto castigan a su ciudadanía, eliminando sin pudor la libertad de prensa. Me enfada que la comunidad internacional no haga nada para evitarlo. Ni siquiera en España —donde aún recordamos lo que es eso— levantamos la voz.

Animados sin duda por la visita de Trump, esta coalición de países ha convertido su cruzada contra la libertad —pobremente disfrazada de lucha antiterrorista— en la mayor crisis diplomática del Golfo. Una crisis que ha convertido al Estado de Qatar, posiblemente el país que más ha invertido en educación, deporte, arte y cultura en el mundo árabe, en cabeza de turco, y nunca mejor dicho.

Junto al canal de televisión qatarí Al-Jazeera y veinte medios más, el Huffpost Arabi también lleva semanas censurado. Como lector, blogger, pero, sobre todo, como consejero delegado del Huffpost Arabi, la censura de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto me ha vuelto a congelar la sangre. Y lo hace porque dichos países representan más de la mitad de la audiencia de habla árabe y soy muy consciente que quienes nos leen allí precisan saber qué ocurre y qué se piensa en el resto del mundo cada día, como nosotras y nosotros. Sin embargo, sus gobiernos les siguen obligando a mantener un régimen de desinformación y oscuridad medieval. Por fortuna existe el VPN, ¡Hola!.

En realidad, los gobiernos de esos países piden algo muy claro, aunque no nos queramos dar por enterados. Exigen cerrar Al Jazeera, HuffPost Arabi y otros veinte medios que, con sus noticias y reportajes, contribuyen a la modernización de la región. Se trata de cerrar esos canalizadores de contenidos que transportan las extrañas ideas de la diversidad de pensamiento, que promueven los Derechos Humanos, que defienden la democracia y que, si siguen expandiendo su influencia, ayudarán a conseguir un mundo árabe más libre e igualitario.

Así, cuarenta y dos años después de que Franco dejase de atormentarnos, la censura sigue dañando mis oídos. Sus tijeretazos me hielan la sangre, pero lo peor no es eso; el verdadero problema es que impiden que las nuevas generaciones, y quienes quieren pensar libremente en árabe, no puedan acceder a su propia Ilustración.

¿Te quedarás sentado? Yo no.

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