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Casi me muero por culpa de los tampones

"Me diagnosticaron síndrome del shock tóxico (o TSS), una enfermedad que puede conllevar duras secuelas o incluso ser mortal".

22/09/2017 07:29 CEST | Actualizado 22/09/2017 09:59 CEST
nixki via Getty Images

Después de tres semanas en Australia, me diagnosticaron síndrome del shock tóxico, más comúnmente llamado TSS, una enfermedad que puede conllevar duras secuelas o incluso ser mortal. ¿La causa? Los tampones y la copa menstrual.

Nada más llegar, todo se convirtió en una verdadera pesadilla. No quise hablar sobre ello en el blog ni en las redes sociales porque no quería preocupar a mis allegados que no estaban al corriente. Quería recuperarme antes de compartir mi experiencia, ya que pienso que es mi deber protegeros.

TODO EMPEZÓ CON LA REGLA

Desde que opté por el DIU, tengo reglas más dolorosas que con la pastilla, pero esa vez era diferente. Acabábamos de llegar a Australia y estábamos en Helpx en Bargara, así que no quería estropear el ambiente, pero a partir del momento en el que empecé a tener migrañas todos los días, acompañadas de dolores de estómago que me hacían casi perder la consciencia, entendí que algo no iba bien. Además, estaba completamente extenuada y me dormía en mitad del día, lo cual no era nada habitual.

No sé cómo explicarlo, pero sabía que el problema era de orden ginecológico, así que pedimos cita para el día siguiente gracias a nuestros anfitriones David y Kerrie, que conocían a un ginecólogo, y tuve mucha suerte. El doctor me hizo una batería de tests y unos días más tarde llegó el diagnóstico.

ESTAFILOCOCO ÁUREO + SÍNDROME DEL SHOCK TÓXICO

Me quedé en shock durante unos minutos. No lograba organizar mis ideas. Pensaba en mi madre, que me había dicho que tuviera cuidado, porque había oído hablar de una chica a la que tuvieron que amputar la pierna por esa infección causada por un tampón. No podía dejar de pensar en eso. Antes creía que era un mito, pero ese día supe que era una terrible realidad...

EL MIEDO A MORIR

"Temí por mi vida". Esa frase suele salir en las conversaciones. Sobre todo en el sur. Nos encanta exagerar. Pero os prometo que en ese momento era verdad. Estaba lejos de mi casa, en shock, el médico seguía hablándome en inglés y mi cerebro hacía un esfuerzo tremendo por no abandonar la conversación. Aunque me hubiera hablado en francés, habría pasado lo mismo. Después, desconecté. Ya no lo veía, no lo oía. Y, de repente, el miedo. "Mierda, uno se puede morir de shock tóxico".

Y ahí surge la cuestión de la vida. Cuando entiendes que se te puede ir en cualquier momento, es pavor lo que sientes. Sé desde hace mucho tiempo que la muerte puede llegar así como así. La muerte se ha llevado a seres muy queridos sin avisar. Entonces, ¿por qué no me iba a pasar a mí? Esa pregunta, hasta entonces, nunca me la había hecho realmente. Nunca había pensado en ello. ¿Morir? ¿Yo? No, imposible. No ahora. Dejadme realizar todos mis proyectos. No he hecho más que empezar.

El ginecólogo me recetó antibióticos tratando de tranquilizarme. Me explicó también que tengo que dejar de usar tampones y que la copa menstrual tampoco se escapa del problema. Si no dejas que la sangre salga, hay un riesgo.

ENTRE EL MIEDO A MORIR Y LAS GANAS DE VIVIR, TOMABA ANTIBIÓTICOS

Diez días de angustia sorda en los que intenté disfrutar de la vida y en los que me callaba mi angustia. Diez días de fatiga en los que mi cuerpo luchó. Y hoy doy gracias porque logré superar la infección como una campeona.

Como se suele decir, tuve olfato. Me siento agraciada por conocer mi cuerpo tan bien. Unos días más sin tratar esa infección y la historia que os cuento hoy podría ser totalmente distinta.

SOMOS MUCHAS LAS QUE ELEGIMOS LOS TAMPONES

También pensé en la copa menstrual, pero es el mismo problema, si no peor... Hasta los tampones bio y la copa son, según el ginecólogo, susceptibles de producir un TSS, no por su composición, sino porque, al igual que los tampones convencionales, bloquean el flujo, lo cual puede favorecer la proliferación del estafilococo áureo y su entrada al organismo. Resulta lógico cuando lo piensas.

NO PUEDE SER BUENO BLOQUEAR ALGO QUE DEBE SER EVACUADO

Puedo prometeros que hace unos meses yo juraba lo contrario y me planteaba pasar a utilizar la copa. Si escribo este artículo es para prevenir más que curar, cosa que ya he hecho. Considero que es correr un riesgo (aunque mínimo) inútil. No vale la pena. En fin, la copa es una alternativa más sana con respecto a su composición, pero eso no resuelve el problema del shock tóxico. Así que he tenido que optar por las compresas. Y no me resultó agradable. Tuve la oportunidad de encontrar unas de algodón 100% natural de una marca australiana. Pasan totalmente desapercibidas para la vista y tampoco se sienten en caso de actividad deportiva. (Mi trabajo en la granja fue la prueba definitiva...) Por tanto, chicas, hay alternativas sanas y cómodas frente a los tampones (o a la copa).

MÁS ALLÁ DEL RIESGO DE SHOCK TÓXICO

Los tampones —calificados de "basura química" por Audrey Gloaguen— esconden otros peligros. Varios estudios demuestran la presencia de productos químicos en ellos. Un estudio realizado entre 60 millones de consumidores pone en evidencia trazas de dioxinas, uno de los doce contaminantes más peligrosos del mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y residuos de derivados halógenos, ligados a los tratamientos de materias primas.

Audrey Gloaguen pidió que se examinaran las seis marcas más utilizadas por las mujeres. Hay tantos componentes químicos "que nos resulta imposible hacer inventario", denuncia. El químico Bernard Tailliez encontró entre veinte y treinta. La celulosa de los tampones procede de los árboles, no del algodón. Las fibras son de color marrón. Para blanquearlas, las industrias pueden utilizar dióxido de cloro, o directamente cloro, que producen dioxinas, es decir, interruptores endocrinos.

Lesiones dérmicas, alteración de la función hepática o degradación del sistema inmune son sólo algunos de los efectos de estas dioxinas a los que se refiere la OMS.

Según el toxicólogo belga Dominique Lison, las dioxinas serían responsables también de la endometriosis, una patología muy dolorosa que puede producir infertilidad. Otros interruptores endocrinos que encontraron en algunas materias absorbentes son el DEHP —un ftalato, una sustancia cancerígena prohibida en Europa en los juguetes y cosméticos— y glifosato, es decir, un herbicida.

Las mujeres utilizan de media 11.000 tampones en su vida, recuerda el doctor Gérard Lina. "Aunque estén presentes en una cantidad mínima, los productos químicos se acumulan en el cuerpo", señala.

Se trata de TU salud, así que espero que mi artículo permita transformar tu rutina íntima en una rutina sana y 100% saludable.

Este post también se publicó en el blog Fit Your Dreams.

Leona R.

El artículo fue publicado con anterioridad en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano