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De incógnito y con ligueros

31/10/2012 08:20 CET | Actualizado 30/12/2012 11:12 CET

Mi amor por los disfraces es tal, que cuando hice la selectividad, puse Medicina como primera opción sólo porque en aquella época me encantaba vestirme de enfermera. Desgraciadamente, no me llegó la nota y me tuve que conformar con ponerme el uniforme en casa.

La verdad, compadezco a mi ligue del momento, de vez en cuando le esperaba con el kit completo del sex shop: mini vestido de látex con cremallera, medias blancas de rejilla, y lo que más me gustaba, la cofia con la cruz roja. Él me miraba resignado, mientras yo jugaba traviesamente con un estetoscopio y una inyección gigante que había encontrado en un todo a cien.

Cuando me aburrí del traje de enfermera, me hice con un listado de todas las profesiones que incluyen algún tipo de uniforme. Desde policía nacional, pasando por GEO, bombera, y hasta chica militar a lo Rambo, con rayas de camuflaje en la cara incluidas (las fuerzas del orden me dieron mucho juego, la verdad).

Luego pasé a los empleos con vestuarios más flexibles: secretaria, azafata, profesora exigente, y todas las ocupaciones que se supone son objeto de las fantasías sexuales masculinas. Y digo se supone, porque he comprobado que los hombres sueñan con la idea de que en el avión les atienda una morenaza con un escote que quite el hipo, o que les pare una guardia civil, que mientras les pone la multa, se quite de pronto el tricornio y se suelte la melena rubia como si estuviera "buscando a Jack".

Pero lo de abrir la puerta de casa y encontrarse a su chica con peluca y traje, les provoca más vergüenza que excitación. Cuando me disfracé de Lara Croft, el agraciado se puso tan nervioso, que empezó a inspeccionar las pistolas que llevaba sensualmente en un cinturón encajado en la cadera, y acto seguido me dio una clase magistral de los distintos tipos de calibre (que para quien no lo sepa, es el diámetro del proyectil que dispara un arma, me aprendí bien la lección).

Si lo que quiero es 100% de efectividad, recurro a la socorrida colegiala. Con trenzas y calzas no hay silencios incómodos. La faldita escocesa provoca siempre que se abalancen sobre ti. En cualquier superficie. Sin excepciones.

Agotado el asunto de las profesiones, empecé a necesitar ayuda y organicé con las chicas mi primer brainstorming "Li Pontejos", reunión que se ha convertido ya en toda una tradición. Juntas, hemos ideado temáticas geniales como vaquera cowboy del Lejano Oeste o cabaretera de Moulin Rouge, con barra de stripdance desmontable incluida (éste sí que se quedó sin palabras con razón!).

He tenido que prohibir el alcohol en estos encuentros, porque la última vez, tras no sé cuántos Gin&Tonics, y sabiendo que el afortunado era un apasionado de los juegos de mesa, decidimos entusiasmadas que disfrazarse de ficha de parchís iba a ser de lo más sexy. Doy gracias de que se nos hiciera tarde y las tiendas hubieran cerrado ya, porque si no, sé de una que amanece con tela de forro azul suficiente para empapelar una casa y gomaespuma para rellenar 7 dados gigantes.

A pesar de todas las situaciones cómicas vividas, es un costumbre que yo, a día de hoy, sigo practicando. Porque disfrazarme siempre me ha parecido una forma divertida de utilizar la imaginación para romper la rutina. Y al final consigue que todo acabe en el dormitorio, que es el objetivo principal.

A veces no es necesario ni disfraz, se trata sencillamente de sorprender. Puede ser tan fácil como esperarle cocinando desnuda con un delantal de El Padrino, unos tacones negros y por supuesto, la espumadera en la mano. O envolverte en un lazo rojo gigante y meterte en una caja, a modo de regalo de cumpleaños (eso sí, haciendo dos agujeritos para ver, que a mí se me olvidó y así es como descubrí que sufro de claustrofobia).

Para quien le haya seducido la idea, un par de consejos. Si vais a buscarle al trabajo con lencería fina y un buen abrigo, procurad evitar encontraros a su jefe mientras le esperáis muertas de frío, y que insista en invitaros a cenar sin aceptar un no por respuesta.

Y muy importante, no practiquéis el bondage a solas para impresionar, y si lo hacéis, no os olvidéis de quitar la llave de la puerta de la entrada. O podéis encontraros atadas a la cama y vestidas de diablesa, mientras una legión de bomberos entra a rescataros. Lo cual, pensándolo bien, no es tan mal plan.

PD. Feliz Halloween a tod@s. Yo este año he decidido disfrazarme de golosina con pintura corporal sabor fresa. No sé si voy a dar mucho miedo, pero va a ser un "truco o trato" de lo más entretenido ;)