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Cinco errores que probablemente estás cometiendo con la salud

12/07/2017 07:28 CEST | Actualizado 12/07/2017 07:28 CEST
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A la hora de intentar mantenernos sanos, gran parte de lo que necesitamos es muy sencillo. Son cosas que sabemos que deberíamos hacer pero que, por un motivo u otro, no hacemos.

Habrías tenido que estar los últimos treinta años encerrado en una cueva para no enterarte de que comer más verdura, menos carne procesada y hacer algo de ejercicio son buenos aliados para la salud. También sería raro que no supieras que hay que beber bastante agua para mantenerse hidratado o que es necesario dormir el tiempo suficiente para que el cuerpo descanse y se recupere. Sin embargo, hay demasiada información ahora mismo rondando por ahí sobre cómo hay que cuidarse, información que a veces puede ser confusa y contradictoria. ¿Cómo saber entonces qué es sano y qué no?

A continuación expondré los errores más frecuentes contra la salud para que puedas rectificarlos lo antes posible.

1. Creer que los excesos en la mesa pueden "quemarse" sin más

No puedes ponerte las botas y creer que todo va a seguir igual. Es sentido común. Y aun así, miles de personas se entrenan con frecuencia (y mucha intensidad), sobre todo después de haber cometido excesos en la mesa, con la intención de "quemar" las calorías que se metieron al cuerpo el día anterior. La ecuación de calorías ingeridas y calorías gastadas que nos enseñaron está desfasada y no tiene en cuenta todas las variables que pueden influir en el modo en que el cuerpo metaboliza el combustible que le damos. No existe ningún modo de sustituir una dieta de alto valor nutritivo y ningún ejercicio puede hacer desaparecer los efectos de una mala dieta. Lo mejor para la salud es optar por alimentos que hayan requerido la mínima intervención humana y aumentar la ingesta de verduras.

2. Creer que por ser sin gluten ya es un alimento sano

Adelante. Has decidido dejar el gluten haciendo caso a tus tripas, que llevan ya un tiempo mandándote señales de que no digieres bien (hinchazón, estreñimiento u otras molestias). Y no se te ocurre otra cosa que ir al súper y echar al carro un montón de alimentos marcados con la etiqueta de "sin gluten": patatas fritas, galletas, barritas de cereales y otros snacks. Solo porque sean sin gluten (o sin azúcar o sin lactosa) no significa que sean mejores en términos nutritivos. Sigue siendo necesario mantener una baja ingesta de alimentos procesados y envasados. Ten mucho cuidado con la etiqueta de "sano" y comprueba siempre los ingredientes para evitar aditivos indeseados.

3. No darle al hígado el trato que merece

En lo que respecta a la salud, el hígado tiene muchas (y fundamentales) cosas que decir. Pese a ello, muchas veces la gente toma decisiones que sobrecargan el hígado con sustancias que tiene que transformar (desintoxicar) antes de poder eliminarlas. Por ejemplo, cuando tienen que pasar el día a base de café, bebidas azucaradas, una copa de vino..., ¡ah!, y ni rastro de verduras. Al sobrecargar el hígado, los efectos repercuten en la energía, la calidad de sueño, el equilibrio hormonal y muchas más cosas. Habría que ser mucho más conscientes y realistas sobre la cantidad que puede asumir el hígado de estas sustancias que me gusta llamar, de forma cariñosa, "lastres del hígado", e intentar reducir al mínimo su consumo. Algunos de los lastres del hígado son el alcohol, la cafeína, el azúcar refinado, las grasas trans y otras sustancias sintéticas como las que pueden hallarse en lociones para la piel y productos domésticos.

4. Ignorar las señales que te manda el cuerpo

Demasiada gente soporta síntomas fácilmente curables solo porque creen que son algo "normal". El síndrome premenstrual, el estreñimiento, la hinchazón, el ardor estomacal y los dolores de cabeza son afecciones frecuentes pero no por ello "normales". Si piensas en las afecciones que sufres de forma habitual como una forma que tiene el cuerpo de comunicarse contigo y decirte que tienes que cambiar algo (lo que comes, lo que bebes, el ejercicio que haces...), empezarás a verlas de forma diferente. Así que escucha a tu cuerpo, porque puede mejorar tu salud y tu vitalidad en el día a día.

5. No desconectar nunca

El cuerpo necesita descansar, y descansar no solo es dormir. Si eres de esos que no paran de hacer cosas en todo el día durante toda la semana, siempre pendiente del móvil u otros dispositivos, te va a pasar factura. Intenta hacer un hueco de un par de horas en tu agenda semanal para "hacer" nada, o amplía ese hueco a un día entero si te es posible.

Puedes seguir a la doctora Libby Weaver en Twitter.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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