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He dejado de quejarme y esto es lo que ha pasado

31/03/2017 17:07 CEST | Actualizado 05/04/2017 07:25 CEST
Lindsay Holmes
Nieve: algo de lo que me suelo quejar.

¿Qué has dejado de hacer? Durante todo el mes de febrero he intentado dejar de quejarme. Apunté todo en un diario de quejas y digamos que las cosas no fueron tan bien como esperaba.

¿Por qué decidiste dejar de hacerlo? Mis amigos y mi familia lo confirmarán: puedo ser una persona un poco dramática cuando me enfrento a inconvenientes o a situaciones irritantes. Por eso, en un esfuerzo por reducir el estrés (ya he tenido suficiente este año... uy, ¿eso cuenta como queja?) he querido comprobar qué pasaría si dejara de ser una quejica y adoptara una actitud más positiva y productiva.

¿Cómo han reaccionado tus amigos y familia? Me han apoyado mucho... probablemente porque, como he mencionado antes, suelo ser una exagerada y una dramática. Y no han tenido miedo de avisarme cuando volvía a quejarme.

¿Te informaste antes de empezar? Llevaba queriendo hacer este experimento desde que leí que la escritora Melissa Dahl intentó dejar de quejarse en 2014. Me releí ese artículo antes de empezar para motivarme más.

¿Fracasaste en algún momento? Sí, varias veces. No te das cuenta de lo interiorizado que tienes quejarte hasta que lo analizas. Era automático para mí. Fue una experiencia muy reveladora, tuve que apuntar cada brote de queja (muchos eran muy estúpidos):

Lindsay Holmes
"Ayer me quejé de que tenía hambre, pero no me apetecía nada y me pasé 17 minutos en la sección de alimentos integrales mirando a la sección de comida preparada después de mi cita".

Creo que lo que más me costó fue apuntar la frecuencia con la que me quejo de la política o de los últimos acontecimientos (razones perfectamente válidas para estar disgustada). Quería separar el estrés de las noticias de las cosas más simples, pero una queja sigue siendo una queja. Era difícil porque, independientemente de lo mucho que comprendía esta manía mía, me daba la sensación de que siempre tenía una queja que apuntar en mi diario.

Ser proactivo puede resultar beneficioso. Es cierto que hay temas sobre los que (inevitablemente) necesitas compartir tus quejas, pero puedes cambiar algunas cosas para sentirte bien (donar a una causa que te importe o hablar con alguien que no esté de acuerdo contigo).

¿Cuándo empezaste a sentir que te faltaba algo? El primer día. La noche anterior me dormí muy tarde y esa mañana estaba muy cansada. Según mi diario, hablé de eso en cuanto llegué al trabajo. Ups.

¿Hubo algún momento incómodo? Más bien hubo momentos difíciles. ¿Has pensado en lo mucho que une quejarse?

Muchas veces, mis amigos y yo empezamos a quejarnos sobre nuestros trabajos y nuestras relaciones, especialmente mientras bebemos (consejo: resulta muy difícil llevar este experimento con éxito con una copa de vino Pinot en la mano). Tuve que esforzarme mucho en no caer en la trampa. A veces funcionaba, pero otras no podía evitar quejarme.

¿Has notado algún cambio de humor? Por supuesto. Tengo la costumbre de darle muchas vueltas a mis problemas (y eso afecta mucho a mi salud mental). Me he dado cuenta de que cuanto menos me quejaba de algo, antes notaba que ya no me sentía mal por el problema. Irónico, ¿verdad?

¿Y cambios en la productividad? No se me ocurre nada en concreto, pero supongo que, en general, he sido más productiva. Si no pierdes el tiempo en quejarte del tiempo o de tus vecinos de arriba, tienes más tiempo para hacer cosas mejores.

¿Y cambios en tu relación con la gente? Puede que un poco. Estoy segura de que la mayoría han sido cambios a mejor. Soy una quejica reconocida así que, en teoría, que haya dejado de quejarme ha significado que las conversaciones y las interacciones con mis amigos ahora son más positivas. De hecho, hasta me han dado buenos consejos:

Lindsay Holmes
"Eso de hacer algo cada vez que te quejas puede servirte de algo algún día. Puedes utilizar la goma del pelo que llevas en la muñeca, puedes juguetear con ella un poco". Este truco, del libro 'El poder de los hábitos: por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en la empresa' de Charles Duhigg, me ayudó. Aunque acabé rompiendo la goma del pelo. Como ya he dicho, no soy perfecta.

¿Qué opinan los expertos? ¿Hay beneficios? Según los expertos, quejarse de un problema hace que te enfades más. También opinan que quejarse con un amigo provoca estrés en ambos. Es decir, quejarse no ayuda, empeora el problema. ¿Quién soy yo para contradecir a la ciencia?

¿Volverías a hacerlo? Sí. Aunque no puedo prometer que no me vaya a poner dramática de vez en cuando (hay veces que necesitas quejarte de que se te ha caído la leche, ¿vale?). Pero sí que puedo prometer que en el futuro intentaré ser más positiva en lo que a frustración se refiere.

En resumen, he aprendido una lección muy valiosa: puede que no sea capaz de controlar lo que ocurre en mi vida, pero sí puedo controlar cómo reacciono. Ahora lo tengo más en cuenta que nunca. El experimento merece la pena solamente por eso.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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