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La senectud del capitalismo: un reto a la juventud

07/04/2017 13:10 CEST | Actualizado 10/04/2017 07:19 CEST

Este libro se dirige a todos los lectores, pero especialmente a los jóvenes, para explicarles en un lenguaje sencillo y comprensible, con ejemplos y metáforas que les resulten cercanos, los fundamentos y mecanismos del sistema capitalista y de su declive biológico, su senectud. Se repasan temas como la idea de progreso, las diferencias entre crecimiento y desarrollo, la lucha de clases, el Estado del bienestar, la destrucción de la naturaleza, la precariedad laboral o el potencial y los peligros de la tecnología. Estos fenómenos se relacionan de un modo positivo con aspectos de la vida del lector: actitudes, sueños, estudios, trabajos, expectativas, valores... con el propósito de que viva mejor, animarle a superar el capitalismo y transmitirle la confianza de que es posible lograrlo.

La ley que rige la evolución del capitalismo quiere que vaya sustituyendo trabajo vivo, asalariado, por el trabajo condensado o muerto de las máquinas. Cuando lo muerto pesa más que lo vivo, se está en la senectud. Su síntoma más flagrante es la marginación de los jóvenes, con tasas de paro del 40%, y la sobreexplotación que sufren de diversos modos: renuncia a los ideales, incertidumbre medioambiental, dificultades para elegir profesión, contratos basura, trabajos precarios, salarios de miseria y lo que en el libro se llama "el onanismo laboral", es decir, trabajar gratuitamente ante el propio ordenador día tras día con la vaga esperanza de ser uno de los pocos elegidos en la lotería del capitalismo digital global. Como todo sistema vivo, el capitalismo está destinado a morir.

En los jóvenes se concentran las mayores energías creativas, y a ellos les corresponde la tarea ardua pero apasionante de crear una alternativa al capitalismo.

Su senectud constituye, por tanto, un verdadero reto a la juventud, cuya lucha debe favorecer también al resto de la sociedad. En los jóvenes se concentran las mayores energías creativas, y a ellos les corresponde la tarea ardua pero apasionante de crear una alternativa al capitalismo. El libro ofrece un marco analítico, conceptual, y también ético, de referencia que les ayude a conseguirlo, sin olvidar de dar algunas pautas para vivir mejor durante el trayecto, que puede ser largo. En este sentido se enraíza en la tradición clásica del arte de vivir, que incluye saber luchar.

Las luchas sociales han sido duras e incesantes bajo el capitalismo, pero han dado sus frutos. El más apacible y perdurable ha sido el Estado del bienestar, que hoy está amenazado. Hay que luchar por defenderlo, pues no hay mejor base de partida para la superación del capitalismo. A medida que el capitalismo va dejando cada vez más gente en los márgenes, surgen allí otras iniciativas, muchas alternativas parciales. Además, el desarrollo tecnológico en su dimensión positiva permite potenciar una estructuración social por afinidades electivas. Sin embargo, la batalla decisiva va a darse allí donde se deciden la creación y la orientación de la ciencia y la tecnología. Se está a tiempo y en el tiempo cierto para librarla.

El concepto fundamental del libro es el valor propio, que se tiene por el simple hecho de ser y es la fuente de donde surgen el resto de valores. Se critica al capitalismo por su incapacidad para reconocerlo, pues solo entiende de salarios y de ganancias, y reduce el valor a precio. Conlleva, por consiguiente, una enorme pobreza por los valores que ignora o nos hace perder. Ellos constituyen la base para afirmar que es posible crear un mundo más rico en valores donde también se reconocerá mejor el valor propio de los humanos y de los demás seres de la naturaleza.

Sin embargo, este milagro que nos hace distintos de todos los seres que han sido, son y serán, que nos hace únicos y, por tanto, nos da un valor inconmensurable, comporta la dificultad de reconocernos y de reconocidos. En el futuro que anhelamos el reconocimiento social podrá ser mejor, pero nunca será absoluto. Por este motivo, junto a la exhortación para crear un mundo más justo, se evoca en el corazón mismo del libro el mandato del santuario de Delfos: conócete a ti mismo.

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