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De Eros a San Valentín

16/02/2016 07:01 CET | Actualizado 15/02/2017 11:12 CET

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Imagen: ISTOCK

No me gustan los días comercialmente establecidos, la alienación de las masas comprando compulsivamente. No me gustan las tartas en tonos crema, pocas cosas he visto en mi vida más remilgadas. No me gustan los escaparates llenos de corazones rojo fuego con mensaje amoroso disponible en dos idiomas, a gusto del consumidor. No me gustan las campañas publicitarias sobre el tema, los supermercados lanzando ofertas, la gente buscando tarjetas que les faciliten las palabras. No me gusta el estereotipo. Hoy toca quererse mucho, mañana ya veremos.

El intento de angelito rechoncho y enano que acompaña tal celebración en poco se parece al gran hacedor de historias amorosas entre dioses, diosas, semis y vulgares mortales. Lo han convertido en caricatura del espíritu traicionero y airado que lo definió. Quizás tuviera más del padre que de la madre...

Sólo la belleza de Venus pudo desarmar el carácter combativo de Marte. Belleza aplacando guerra. De tan curiosa unión surgió Cupido, niño alado que, a veces, pervierte la inocencia de sus años con esos ojos vendados. Ojo con su arco, cuidado con el viaje de sus flechas. No siempre es un buen chico. Que le pregunten sino a la pobre Dafne, víctima de la venganza hacia Apolo.

Puestos a elegir, prefiero quedarme con la imagen del joven Eros, alejado ya de los primeros años de vida, esbelto y sensual, incluso proclive a enamorar hombres. ¿Sabrán los incautos enamorados cuando ofrecen el dulce postre rosa a sus chicas que aquel dios enamoraba jóvenes efebos? Me imagino a Ganímedes ofreciendo la copa a su amado Zeus, o a Layo, traicionando y raptando a Crisipo, provocando al mismo tiempo la futura desgracia de Edipo. Y aquí, nosotros, compramos vestidos de fiesta para salir, buscamos un restaurante con menú apropiado a la ocasión y, al final de la noche, tras el baile, brindamos con champagne.

¡Ay! Si Psique levantara la cabeza... ¿dónde ha quedado su bella historia de amor? Perdida entre whatsapp y mensajes en redes sociales.

No me gusta celebrar esta tradición. Que nadie me traiga flores o dulces. El amor no se puede celebrar un día al año. El amor ha de ser continuo y duradero, saber leer en los ojos del otro, interpretar gestos y prever acciones. El amor es fuego y bálsamo, te envuelve o abandona, te eleva y te deja caer hasta la profundidad más oscura. Aunque lo neguemos, no podemos resistirnos. Todos acabamos hechizados por sus cantos de sirena.

Dadme amor y quitadme consumismo. Dadme tiempo de silencio y llevaos luces de neón. El amor no se compra, se gana, se cuida día a día. Traedme a los viejos mitos y llevaos la farsa del presente.