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Dibújame un cordero

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Foto: ISTOCK

"Dibújame un cordero", pedía el Principito al aviador extraviado en el desierto. Y éste no acertaba a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, ni incluso a la cuarta. Solo cuando esbozaba una caja y le decía que el animal estaba allí dentro quedaba conforme el niño de otro planeta. Entonces empezaba a imaginar.

Algo parecido vamos a tener que hacer los profesores este inicio de curso... Imaginar qué habrá dentro de la caja cerrada que los políticos en funciones han dejado sobre la mesa de las Administraciones educativas de las comunidades autónomas. O intentar dibujar con lápiz -por si hay que borrar- los criterios de calificación que deberíamos explicar el primer día de clase para que los aterrados alumnos de 2º de bachillerato puedan hacerse una idea de qué se les va a pedir para entrar en la Universidad.

Veamos... Si te presentas a un concurso (de lo que sea) te remiten a las bases; si tienes que someterte a una operación, te dicen qué harán y cómo debes prepararte; si te decides a hacer un plato nuevo para comer, puedes dirigirte a un montón de recetas que te avisarán de los ingredientes que habrás de comprar y, en caso de apuro, te sacarán del mal paso; incluso cuando compras un mueble por piezas te llegan las instrucciones de cómo montarlo. ¿Por qué, entonces, no ha habido manera de que nuestros dirigentes políticos se hayan decidido a confeccionar las pruebas de las reválidas con tiempo? ¿Es normal que empecemos el curso sin tener una muestra, un modelo de lo que tendrán que hacer nuestros estudiantes? ¿Cuánto tendremos que esperar? ¿En qué país civilizado, avanzado, democrático y moderno pasa esto?

Dicen: "innovad", y nos atan de pies y manos con pruebas que parecen resurgir de un pasado remoto, arcaico y vetusto.

Dicen: "formaos", y promulgan la escuela de hace 50 años o más. Niños bajo un mismo rasero. Fabricación en serie.

Dicen: "cread", "promoved el pensamiento crítico", y arrasan con asignaturas que permiten reflexionar, sentir, relacionar.

Todo ha de quedar en manos del maestro. El riesgo a innovar casi en solitario, el esfuerzo de formarse, el precipicio de crear y de conseguir que piensen.

Oigo a altos mandos del gobierno comparar aspectos de esta ley con Finlandia. ¿Cómo pueden compararnos con Finlandia? Aulas aglomeradas, recortes en educación, bajas de profesores que no se cubren hasta que han pasado demasiados días, burocracia, pruebas, pruebas, más pruebas.

Todo ha de quedar en manos del maestro. El riesgo a innovar casi en solitario, el esfuerzo de formarse, el precipicio de crear y de conseguir que piensen. ¿Y para qué? Para acabar sometiéndose a unos exámenes que decidirán su futuro como estudiantes o como trabajadores precoces.

Sabemos que en 4º de la ESO las pruebas serán competenciales, pero ¿qué significará eso para los que las creen? ¿Estarán nuestros alumnos preparados para pasarlas cuando la mayor parte de su vida escolar han memorizado y vomitado conocimientos?

Competencias, ámbitos, inferencias...hay tantos términos necesarios que aún no han llegado a nuestro sistema...

En el universo de El Principito nuestro trabajo sería sensato y no le parecería ridículo porque, como el farolero del libro, nos ocupamos de algo más que de nosotros mismos. No pensaría que somos como semillas de baobab que, si no se cogen a tiempo, obstruyen y perforan con las raíces todo el terreno. No, más bien creería que nos parecemos al zorro con el que hace amistad, porque intentamos crear lazos, tener paciencia y acercarnos poco a poco a nuestros estudiantes y porque, finalmente, compartimos el secreto del animal: sabemos que lo esencial es invisible a los ojos (y a veces a las pruebas) y que el tiempo que pasamos al lado de ellos no es perdido porque hace que sean importantes, muy importantes. Muchos lo han olvidado, pero nos sentimos responsables de nuestras rosas.

Manolo García también lo cantaba: "Nunca el tiempo es perdido, es sólo un recodo más en nuestra ilusión ávida de cariño". Que no lo olviden nuestros gobernantes, sean del color que sean y por más difícil que nos lo quieran poner. Tiempo, ilusión y cariño. No como ellos.