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El actor que todo docente lleva dentro

28/03/2017 20:45 CEST | Actualizado 30/03/2017 07:25 CEST

Me gusta la radio, desde siempre. Cuando era pequeña recuerdo acompañar a mi abuela en el salón de su casa escuchando el consultorio sentimental de la Elena Francis. Ahora nos parecería desfasado, anticuado; aunque si nos fijamos bien simplemente hemos sustituido unos hábitos por otros: antes escribíamos nuestros problemas a un desconocido y esperábamos su respuesta. Ahora nos sumergimos en programas televisivos de dudosa calidad para escuchar cómo otros exponen las miserias ajenas. Hay a quien le consuela.

Pero volvamos a la radio. Hace un tiempo escuché a un locutor referirse a la permanencia en las ondas de su programa durante 20 años por los cambios que introducía. También decía pensar en los oyentes y centrarse en sus intereses. Ya entonces no pude evitar compararlo con lo que deberíamos hacer los docentes. Y unos días atrás, de nuevo por la radio me llegaba una noticia singular que ha vuelto a poner en marcha el engranaje del pensamiento.

Sergio Peris Mencheta y Marta Solaz han llevado al teatro textos de Mario Benedetti. En su montaje, A voz en cuello, juegan con la poesía, la música, la intimidad de unas luces suaves y la cercanía que ofrece este género. No se mueven, reconoce el actor. Sólo cuentan y cantan algunos poemas. Sólo... Además, a la entrada entregan antifaces al público para que se concentre en las voces.

Me parece un experimento genial, y me planteo hasta qué punto no hacemos lo mismo los profesores día a día en nuestras aulas para conectar con ellos; aunque aquí los antifaces se convierten en un arma de doble filo y no siempre nos ayudan.

Nuestros alumnos entran, se sientan y esperan a ver el espectáculo. En los últimos años, debido a la gran estimulación que reciben por factores externos y tecnológicos, la exigencia respecto a la calidad ha ido subiendo. Por desgracia, no solemos contar con los mismos medios de los que disponen ellos en sus casas, así que debemos convertirnos en actores, y de los buenos, para conseguir captar su atención más de 10 minutos seguidos.

La voz me parece uno de los instrumentos fundamentales. Recorremos a ritmos y tonalidades variadas para no resultar tediosamente monocordes. Si conectamos con ellos, cada 50 minutos verán una obra diferente: Bécquer identificándose con la alta torre que desafía el poder de la amada; Goya y los afrancesados; ecuaciones de 2º grado...y así en cada curso con cada asignatura. A veces la puesta en escena se complica: la sintaxis, por ejemplo, tiene menos posibilidades de representarse ante un público receptivo. En estas ocasiones nos toca echar el resto.

¿Y qué ocurre con los antifaces? Dependerá de si son de los que ofrecemos nosotros para engancharlos o si son de los que llevan ellos incorporados en su kit de "aburrimiento escolar" desde principio de curso.

Los primeros están confeccionados con un material especial que permite ver lo que el profesor les ofrece y repele distracciones. Los segundos son los peligrosos y, desgraciadamente, los que más abundan.

A veces la diosa tecnología se pone de nuestro lado y nos permite aprovecharnos de Google y de las múltiples Apps que contiene. Pero no todos los centros disponen de la infraestructura necesaria para poder ofrecerles imagen, color, ritmo y conocimientos.

Así que, volviendo al inicio del artículo, de momento nos tocará, como en la radio, seguir proponiendo un buen hilo conductor, una trama interesante y sobre todo, tendremos que seguir siendo grandes contadores de historias mientras esperamos a que la educación pueda subirse al carro del S.XXI y sea más ágil llegar y conectar con nuestros estudiantes.