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'Casa Lupe desde 1798': primera obra teatral española estrenada en redes sociales

08/09/2017 08:00 CEST | Actualizado 08/09/2017 08:00 CEST

Entre San Bernardo y Conde Duque, muy cerca de la Plaza de España, existe un lugar donde todavía pervive la magia. Desde 1798, una larga estirpe de mujeres que han creído en el amor han regentado Casa Lupe, un curioso local que, sin situarse en Diagon Alley, está a la altura de la tienda de varitas Ollivander. Su actual dueña, descreída por distintos reveses de la vida, ha invertido su creatividad y su tiempo en contraponer la tradición familiar, decidiendo ayudar a personas de todo el mundo con su mal de amores. Muchas personas, muchos males y demasiados amores. Sus remedios contra el enamoramiento son eficaces y personalizados, sin posibilidad de cambios ni devoluciones, y actúan como un hechizo abriendo los ojos ipso facto a los quejosos amantes. No hay fascinación que sobreviva a un artilugio de Lupe. Hasta que una extraña cliente, descontenta con el resultado de su última adquisición, entra en la tienda sin avisar.

Casa Lupe desde 1798

Casa Lupe desde 1798 es obra de la dramaturga Inés de Miguel, quien se dedicase a otros ámbitos creativos y decidiera gestar su pieza en otro enclave mágico de Madrid, la Biblioteca Nacional. Nunca se hubiese imaginado que un compañero de un taller de escritura, el director cinematográfico David Couso, iba a ponerse al frente de su proyecto para sacar adelante la obra que ahora puede disfrutarse en la Sala Nueve Norte. Ya saben, entre San Bernardo y Conde Duque; cerca de la Plaza de España y la Gran Vía.

Si algo destaca de esta obra es, sin duda, su capacidad de fusionar teatro y cine, ámbitos siameses que comparten su raíz creadora. Esta ligazón es debida a la proyección audiovisual con la que Couso ha dotado a la pieza. Su trayectoria en periodismo, escritura y dirección han transformado la mágica obra de De Miguel en un discurso casi cinematográfico, con puesta en escena, banda sonora, iluminación y rodaje propios del universo del cine

Porque sí, Casa Lupe desde 1798 ha sido la primera obra teatral española en emitirse simultáneamente por las redes sociales, en concreto en el servicio de streaming Facebook Live, en un claro intento por abrir los cauces de la pieza a un ámbito mucho más amplio y heterogéneo. Con siete cámaras apostadas a lo largo de la sala, con el propósito de transmitir todos los matices de la pieza al gran público, se ha conseguido no ya romper la cuarta pared, sino situar al espectador digital en el epicentro de su emisión "fusionando el lenguaje escénico con el cinematográfico" como afirma Couso, y así "llegar desde una sala pequeña a millones de personas en el mundo".

Hay algo de pureza y de autenticidad en esta obra que merece experimentarse; un aspecto que hace que todos encontremos en nuestro interior a una resignada Lupe y una irreflexiva Fani.

Dos únicas actrices son suficientes para dar vida a los personajes de la obra. Fani (Veki Velilla), es una enamorada irredenta. Su juventud e impetuosidad hacen que cada hombre que se cruce por su camino se convierta en el amor de su vida. Sea como sea, sea quien sea. Lupe (María Segalerva) es la obsequiosa dueña de la tienda. Tras su frialdad se oculta una mujer doliente, cuyo padecimiento hace recordar a Elinor Dashwood, uno de los muchos personajes impecables de cuantos creó Jane Austen. Si no han leído la novela, recordarán la versión cinematográfica de Sentido y sensibilidad (1995) que realizó Ang Lee. En ella, la hija mayor de los Dashwood (Emma Thompson) atesoraba en silencio sus verdaderos sentimientos hacia el señor Ferrars (Hugh Grant). Pese a ello, nadie se había percatado de su pesar, dada la tendencia a bloquear estos sentimientos bajo capas de racionalidad y protocolo. También Lupe vive una constricción similar, con un dolor inenarrable que le ha postrado en un hieratismo completo, casi enfermizo, del que solo podrá salir con la ayuda de la tarambana Fani, quien a su vez madurará hasta lo inexpresable a lo largo de su encuentro con Lupe.

Muchos pensarán que en el amor no hay nada nuevo, que la edad del romanticismo ya se acabó. El propio David Couso admite que "el tema del amor es tan manido, que cualquier frase al respecto acaba sonando a cliché". Sin embargo, hay algo de pureza y de autenticidad en esta obra que merece experimentarse; un aspecto que hace que todos encontremos en nuestro interior a una resignada Lupe y una irreflexiva Fani, una emoción que "va más allá de aquello que conceptuamos como amor; de esos sentimientos y experiencias que marcan nuestra vida".

No lo duden, si se encuentran en Madrid acudan a ver Casa Lupe desde 1798, porque cuando uno se adentra en Casa Lupe, nadie sabe lo que puede pasar.