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Julie Delpy: la irreverencia del sentido común

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Foto: REUTERS

El cine, como la propia vida, adquiere todo su sentido en la paradoja. Los más grandes personajes han sido odiados y admirados; las más sublimes historias se han visto rodeadas de controversia, y los gustos, que exceden los colores, varían de uno a otro a través de un interminable gradiente. Así es que una directora como Julie Delpy, a quien le atribuyen vetas allenianas y ademanes para la comedia, resulta ser precisamente una ferviente admiradora de Pier Paolo Pasolini, adalid del cine personal y del exceso, con altas dosis de narcisismo y sexualidad. Tampoco tiene cortapisas sensuales el cine de Julie Delpy, actriz, compositora, guionista, cantante y directora que ahora presenta su sexta película, Lolo, sobre los sinsabores de ser madre del hombre de tu vida. Cosmopolita y extravertida, Delpy aprovecha su estreno en nuestro país para viajar a Madrid y hablar con gracejo y seriedad (de nuevo la paradoja) acerca de los entresijos de la escritura cinematográfica y de lo difícil de sacar adelante una película. Como ella misma indica: "Un guion no es como un libro. Mi mente práctica procura escribir películas que sean plausibles y que pueda hacer, porque un guion no es nada hasta que no se hace la película". Sorprende que en su ánimo esté rodar un drama, una suerte de "cuento de hadas oscuro sobre la pérdida", cuya idea surgió a raíz de una discusión que mantuvo con Krzysztof Kieślowski, y para el que lleva veinticinco años intentando encontrar financiación. Inteligente y perseverante, sin lugar a dudas Delpy conseguirá rodarla.

Porque si en algo destaca esta intelectual parisina, además de por ser la coprotagonista de la mítica saga de Richard Linklater Antes de, es por ser firme y luchar por sus ideas, contra todo pronóstico, contra toda convención. Así arremete contra los esquemas hollywoodienses a base de sensatez, especialmente por la despiadada costumbre de proscribir a las mujeres cuando superan los cuarenta años: "En Estados Unidos viven en el mundo de Disney", confiesa Delpy: "Viven en Blancanieves. Si eres mujer y tienes cuarenta años, te convierten en una bruja malvada que quiere acabar con la jovencita de veinte", asevera con rotundidad: "Lo peor es que los estudios no son tan catastróficos, algún día habría que hablar de las compañías independientes, que son aún más machistas que ellos".

Esta mujer categórica, de amplias gafas negras, carácter contundente y lengua mordaz es la clara encarnación del sentido común.

Con sentido del humor, aunque sobre todo con las ideas claras, Delpy remarca que esta desigualdad no tiene visos de llegar a su fin: "La vida de las mujeres en Hollywood es muy corta, acaba a los cuarenta. Para cambiarlo se necesitan más directoras y guionistas". Y es que esta mujer categórica, de amplias gafas negras, carácter contundente y lengua mordaz es la clara encarnación del sentido común, eso sí, aderezado con amplias dosis de indisciplina: "A las mujeres no se les toma en serio", sostiene ante el pasmo de quien la escucha y con total adhesión de quien lo transcribe: "En Hollywood tienen una idea ancestral de que el director es un general. Viene de tiempos de Griffith, cuando dirigía vestido de cazador y parecía que iba a matar a un elefante. Si una mujer directora es dura, es una cabrona; si lo es un hombre, es serio. Quizá por eso Kathryn Bigelow ha ganado el Oscar, por vestir como una militar mientras rueda", confiesa con su característico toque de irreverencia.

Resulta curioso, aunque del todo lógico, que su crítica se haga igualmente extensiva al presentismo de la sociedad actual, al modo en que se anula la experiencia y se relega la madurez y la vejez a un segundo plano. Como la propia Delpy indica: "En nuestra sociedad se lleva la juventud y su vida, pero para mí los mayores son los que tienen que hablar, los que tienen más que decir. Cuando era pequeña siempre prefería estar con gente mayor que yo, siempre he sido así. Old is cool".

Admiradora de directores tan dispares como Rossellini, Bergman, Cukor, Godard o Cassavetes, Julie Delpy no abandona Madrid hasta que no nos habla de otro de sus directores fetiche, Richard Linklater, con quien trabajó en 2013 en Antes del anochecer. Entre risas cómplices, confiesa lo que muchos de nosotros, admiradores de la saga y deseosos de que sus episodios perduren a lo largo de las décadas, esperamos escuchar: "Me gustan los finales abiertos, me gusta saber que los personajes evolucionan y cambian a lo largo del tiempo". Quién sabe si en pocos años, la historia de Jesse y Céline seguirá su curso en las calles de cualquier otra capital europea.