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Lucía Tello Díaz Headshot

Un millón de fotogramas

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Primer fotograma del proyecto My Life in 1.000.000 Frames, de Candice Drouet.

Intenten hacer memoria. Piensen en cuántas películas han marcado su vida, cuántas secuencias han rememorado a lo largo de su historia o cuántos fotogramas han reconocido, de repente, en sus propias acciones. Mezclas azarosas y además imposibles se unirán en su recuerdo, en un cóctel seguramente explosivo capaz de combinar clasicismo y actualidad; comedia y drama.

"Siempre nos quedará París" es una expresión patrimonio de la humanidad, como lo son "que la fuerza te acompañe" o "se está mejor en casa que en ningún sitio". Nuestras vidas están forjadas en la fragua del cine. No se avergüencen si su factura es desigual, no todas las vidas están 'rodadas' como una película de Kubrick, con una organización precisa y milimétricamente planificada. La mayor parte de sus experiencias, como las mías, les traerán vagos recuerdos de escenas ya vividas con anterioridad, no en el mundo real sino en el de la ficción, como un déjà vu quimérico en el que a ciencia cierta se verán como testigos pero también como protagonistas.

Reconozcámoslo sin pudor, también nosotros hemos bailado Girl you'll be a woman soon en un travelling lateral con Uma Thurman en Pulp Fiction; hemos estado sobre un ring con Robert De Niro en Toro Salvaje; hemos visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser con Rutger Hauer en Blade Runner, y todos nos hemos indignado al no entender por qué Kate Winslet y Leonardo Di Caprio no encontraron manera de compartir aquel tablón a la deriva en Titanic. Absolutamente todos sabemos de qué estamos hablando y, precisamente por ello, todos hemos estado allí.

Navegando sin rumbo por Internet, con las redes hipertextuales echadas en busca de nuevos horizontes, di con un proyecto audiovisual en el que, de inmediato, centré toda mi atención: My Life in 1.000.000 Frames. Su autora, una joven creativa francesa llamada Candice Drouet, ha reunido en un solo vídeo imágenes de películas que ha visto a lo largo de toda su vida, y las ha montado según distintos bloques temáticos y líneas de similitud. No contiene un millón de fotogramas, se lo adelanto para que no sumen dioptrías a su vista, ni es un vídeo sencillo de distinguir. Sus cinco minutos y medio de duración son lo suficientemente intensos como para transportarnos a otro mundo y producirnos, en más de una ocasión, devaneos por encontrar el título exacto para tantos fragmentos.

Les recomiendo verlo en más de una ocasión, realizando paradas de rigor con relativa frecuencia, para poder asimilar el aluvión de imágenes por segundo que entrará en su mente, cercano a la inoculación subliminal. Son segmentos, en su mayoría, pertenecientes a películas de los últimos tiempos, con sobreabundancia de Wes Anderson, Lynne Ramsay, Martin Scorsese o Quentin Tarantino, en una combinación sorprendente y además estimulante, que obliga a un ejercicio constante de evocación y reajuste.

Escudada bajo el seudónimo de Really Dim, esta creadora ha compuesto con semejante modus operandi un sinfín de vídeos, que incluyen remembranzas a Wong Kar Wai, homenajes a Kill Bill o, y esto es sorprendente, recopilaciones de todas las zapatillas deportivas que han sido retratadas en el cine o todas las despedidas pre mortem del séptimo arte. Su cuenta de Vimeo es un amplio abanico de montajes curiosos en el que, cuando menos, es recomendable invertir una buena decena de minutos. Y lo es porque siempre resulta agradable regresar a nuestra patria cinematográfica, a todos los rincones a los que nos hemos visto empujados a viajar a lo largo de los años. A pesar de su corta duración, My Life in 1.000.000 Frames nos ofrece la posibilidad de recordar el cine y de recordarnos a nosotros mismos, no a través de evocaciones bucólicas, ni lugares comunes, sino a través de películas, eminentemente independientes, que consiguieron conmovernos o, al menos, conformar nuestro bagaje cinematográfico.

De Moonrise Kingdom a Birdman, pasando por Doce años de esclavitud y De óxido y hueso, Candice Drouet realiza una inabarcable tarea de recopilación de instantes que también son nuestros. Risas, llantos, viajes interestelares, abrazos maternales, conversaciones con un sistema operativo, despedidas a media asta, coches que se escapan sin que se intente evitarlo. Una compilación de momentos que ya forman parte de nuestra existencia y sobre los que no se necesita decir nada. Una vida entera compuesta por un millón de fotogramas.