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Humor, emoción y verdad en la noche de 'Blancanieves'

18/02/2013 14:31 CET | Actualizado 20/04/2013 11:12 CEST

Billy Wilder dijo: "Si vas a decir la verdad, sé divertido o te matarán". En la ceremonia del 2003, la del "No a la guerra", los profesionales del cine español dijeron verdades como puños pero sin ningún humor. Y les mataron.

La gala del 2013 coincidía con uno de los momentos más delicados de la historia reciente de España, distinguido, entre otras muchas catástrofes, por los furiosos disparos del Gobierno al Estado del bienestar y, concretamente, al mundo de la cultura. Algunos interpretaban esos ataques como una venganza por el abierto enfrentamiento entre la gente del cine y la España del PP que se escenificó como nunca en los Goya del 2003. Muchos temían, escarmentados, que, si se volvía a "politizar" la ceremonia, los efectos secundarios pudieran resultar aún más terroríficos.

Sin embargo, alguien debió invocar a Billy Wilder y dio en el clavo. En los Goya de este domingo se escucharon muchas verdades pero arropadas por una mezcla muy afortunada de humor, clase y emoción. La gala fue un modelo de cómo integrar en una fiesta -cuyo principal objetivo es jalear el talento del cine español- la mirada crítica hacia una realidad insoportable.

Los guionistas se lucieron y exhibieron inteligencia, finura y gracia para, con la voz y el salero de Eva Hache -espléndida toda la noche-, ironizar sobre todo lo ironizable sin eludir los asuntos y personajes más espinosos. El discurso de Enrique González Macho no tuvo humor pero, a cambio, fue muy contundente en su denuncia de los principales problemas que amenazan con asfixiar un cine como el español que, paradójicamente, acaba de cerrar uno de sus años más brillantes desde hace mucho tiempo. Algunos de los entregadores y premiados -José Corbacho, Javier Bardem, Candela Peña y una deslumbrante Maribel Verdú, que no olvidó a los perdedores ni a los culpables- deslizaron mensajes rotundamente reivindicativos que fueron muy celebrados.

No hubo ninguna sorpresa en la gran triunfadora de la noche. Desde que se presentó en el Festival de San Sebastián se comenzó a extender el runrún de que Blancanieves era la película del año. Pablo Berger se quedó sin el premio al mejor director tal vez porque ya había recibido dos Goyas personales -guión y canción- y porque la Academia no quería dejar de reconocer el extraordinario trabajo de Juan Antonio Bayona en una película (Lo imposible) que ha sido la principal responsable de la cuota de mercado más alta del cine español en los últimos 27 años.

Yo estaba convencido de que Paco León iba a lograr el Goya al director novel. Carmina o revienta no solo había gustado sino que su popular y querido director había sido pionero en desafiar la ortodoxia en el modo de distribuir y exhibir una película. Además, parecía claro que Las aventuras de Tadeo Jones lograría el Goya a la película de animación y pensaba que los profesionales de la Academia considerarían que ese premio era suficiente para distinguir a la otra película del 2012 que había cautivado al gran público. Sin embargo, se prefirió subrayar el mérito de Enrique Gato, uno de los grandes artistas de la animación en Europa. Pero la gran sorpresa, para mí, fue no ver subir al escenario a Ángela Molina, una leyenda del cine que aún no tenía un Goya. Creía que con Ángela funcionaría el efecto Pepe Sacristán y se aprovecharía la ocasión para subsanar el absurdo de que una actriz de su talla, después de cuatro nominaciones, aún no hubiera resultado premiada. La propia Candela Peña -que llevaba tres años sin trabajar- debió ser una de las más sorprendidas: ella había insinuado en los días previos que le parecía exagerado un Goya por un trabajo que le había llevado tres días. Pero es evidente que sus compañeros le adoran y este Goya fue una preciosa manera de decirle hasta qué punto la echaban de menos. Y, también, era la única oportunidad para que no se fuera de vacío la gran película de Cesc Gay Una pistola en cada mano, víctima de su coincidencia en el mismo año con cuatro películas muy potentes que le habían impedido figurar en las principales candidaturas.

Algunos de los momentos más graciosos -e inquietantes- de la retransmisión se producían cada vez que en el plano aparecía Juan Antonio Bayona al lado de su hermano gemelo, asombrosamente parecido. Sería genial que en unos próximos Goya en los que Bayona estuviera nominado, fuera candidata Icíar Bollaín, que también tiene una hermana gemela idéntica. Si los organizadores les sentaran a los cuatro juntos, esa foto pasaría, sin duda, a la historia.

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Los hermanos Bayona. FOTO: Gala retransmitida por RTVE.

Estos Goya se van a recordar por algunas otras cosas: por las recreaciones paródicas de Bienvenido Mr Marshall y las películas candidatas; por el empeño de los realizadores de TVE en no enfocar el rostro del ministro Wert cuando se decía lo que él detestaba oír; por el sensacional monólogo de Concha Velasco al recoger el Goya de Honor; por el gesto de Bayona bajando al patio de butacas para entregar el Goya a María Velón -inspiradora del personaje de Naomi Watts- o por los delirantes momentos que nos regalaron las estrellas del mundo chanante (Julián López, Carlos Areces, Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla), que compensaron la ausencia de Santiago Segura, la gran figura cómica de los Goya del 2012. Y, desde luego, estos Goya también corren el riesgo de recordarse por el error cuando se leyó el premio a la canción original. Carlos Santos y Adriana Ugarte anunciaron que el ganador era el músico Pablo Cervantes por la canción de Los niños salvajes y que el premio lo recogía otra persona. Cuando varios miembros del equipo de Los niños salvajes se dirigían al escenario entusiasmados, los entregadores rectificaron y dijeron que, en realidad, la ganadora había sido la canción de Blancanieves. Carlos Santos y Adriana Ugarte asumieron el insólito error pero es preciso aclarar que ellos no tuvieron la culpa. Justo antes de entrar al escenario, les entregaron tres sobres. Uno de ellos correspondía a la categoría de música original -que entregaban en segundo lugar y que iba a leer Carlos Santos- y los otros dos a la de la canción, que era el primero que Adriana tenía que leer. En uno de estos dos sobres, lacrado, figuraba el nombre del ganador a la mejor canción. En el otro, abierto, aparecía quién recogería el premio en el caso de que la ganadora fuera Los niños salvajes, cuyo candidato no había asistido a la gala. Pero nadie de la organización les explicó a los entregadores el porqué de los dos sobres de la mejor canción ni el protocolo que se seguía cuando en la sala no estaba el ganador. Envuelta en las prisas y la tensión del momento, Adriana leyó el primer sobre que tenía a la vista -el que estaba abierto- y eso provocó tanto la lamentable confusión como el intento de ironizar sobre ello en ese mismo instante. Tampoco ayudó mucho el que a última hora los organizadores tuvieran que cambiar el compañero de Adriana en la entrega: Carlos Santos sustituyó al actor previsto que, por cierto, era el inicialmente destinado a leer el premio a la mejor canción -mientras Adriana leía el de la música-, tal y como se hizo en los ensayos previos a la ceremonia. Sería muy injusto que esta maravillosa actriz arrastrara el sambenito de ser "la que metió la pata" en los Goya. Confío en que no suceda como con Cardeñosa y Arconada, dos de los mejores futbolistas españoles de todos los tiempos a los que aún les persiguen dos errores puntuales que nadie ha olvidado. Porque, además, en el caso de Adriana, ni siquiera el error fue suyo.

Pero, sobre todo, la gala del 2013 será memorable por su estupendo retrato de las mejores luces del cine español. Resulta muy reconfortante reparar en el grupo de las ocho películas con mayor presencia en la ceremonia: Blancanieves, Lo imposible, Grupo 7, El artista y la modelo, Las aventuras de Tadeo Jones, El muerto y ser feliz, Hijos de las nubes y Una pistola en cada mano. El talento, el coraje, la capacidad de riesgo, el afán de abrir nuevos caminos, el compromiso y la diversidad de estilos, propuestas, presupuestos géneros y generaciones que se concentran en ese conjunto de películas destruyen muchos prejuicios y resultan muy reveladores del enorme poderío que podría tener el cine español. Si sus enemigos y rivales no fueran tan poderosos.

Alfombra roja Goya 2013