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María León, la chispa de la vida

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Lo mejor de los festivales de cine son las personas que descubres en ellos, a las que no es fácil encontrar tan dispuestas a dejarse conocer. La gente, fuera de su rutina habitual, está deseando verse con la gente para hablar y reír. En los festivales, sobre todo en los pequeños, he consolidado muchas amistades. Mi último gran descubrimiento ha sido María León. María se colocó en la primera fila del cine español cuando el pasado Festival de San Sebastián la bendijo con la Concha de Plata por La voz dormida, una ilustre distinción rematada hace unos meses con el Goya a la actriz revelación. Con ella he coincidido varios días y noches en Málaga - en cuyo festival arrasó Carmina o revienta, la primera película dirigida por su hermano Paco- y en Melilla, en la Semana de Cine que dirige Moisés Salama.

María es sevillana y tiene 27 años. Al acabar el colegio quiso ser bailarina pero su hermano Paco, diez años mayor que ella, le convenció de que era tarde para la danza y le deslizó la idea de estudiar interpretación. Paco enseguida detectó las facultades de María pero era muy consciente de los peligros de la profesión y tampoco se puso demasiado pesado. Simplemente, le puso la opción delante de sus ojos verdes. María le hizo caso, estudió con Juan Carlos Sánchez en Sevilla y luego saltó a Madrid. Participó en varias series y, en 2010, Benito Zambrano barruntó que ella era la actriz perfecta para la Pepita de La voz dormida. Dio en el clavo. María ha deslumbrado. Sin embargo ella, cuando la piropean por ese trabajo, se esfuerza por quitarse importancia y atribuye el mérito a la fuerza de su personaje. Pero María es una cómica genial y una trágica conmovedora.

De una manera que he conocido muy pocas veces, María tiene un gen que ya no puede ser más envidiable: el gen de la alegría. Hay actores que con capaces de ser muy graciosos detrás de un personaje pero que, luego, en la "vida real", se muestran más bien apagados o incluso cenizos. Pero María es de esas personas que no pierden la gracia ni cuando preguntan la hora. María es, además, extremadamente cálida. Le encanta besar y tocar a la gente, aunque apenas la conozca. María despierta la inmediata confianza que transmiten las personas cariñosas. A María la he visto entrar en una fiesta y saludar a la gente bailando y sonriendo. Me resulta imposible no sentir una debilidad total por seres que, como María, te recuerdan la chispa que puede llegar a tener la vida.

Carmina o revienta es la película que Paco León -el inmenso Luisma de "Aída"- ha hecho alrededor de Carmina Barrios, su impactante y divertidísima madre. La película es una mezcla de ficción y realidad pero en ella todo parece verdad. Interpretarse a sí mismo es uno de los retos más delicados para cualquiera. Tal vez por eso, Carmina, que no es actriz, logró en Málaga el premio a la mejor actriz. Antes de esa película, Carmina pensaba que el mundo del cine era una mamarrachada y, después, lo sigue pensando, ahora con más razón. Pero ella está asombrosa. Su personalidad y su vida -en la que las ha pasado canutas- te ayudan a entender mejor cómo son Paco y María, tan poco pagados de sí mismos y tan definitivamente alegres.

María habla con su madre a cada rato. Es su gran referencia, su cómplice insuperable. Lástima que las dos fumen tanto. María fuma desde los 14 años y en Melilla le di una chapa casi insoportable para que abandone esa estúpida adicción. Lograr derrotar a ese poderoso enemigo es algo de lo que uno se puede sentir muy orgulloso. Ella me prometió que lo va a procurar con todas sus fuerzas y yo le prometí que no dejaré de darle la lata hasta que lo consiga.

María se considera un poco vintage. Le atraen las cosas un poco antiguas y de calidad y le resbalan las redes sociales. Le vuelven loca la copla y las canciones de Marisol. María tiene una voz estupenda con la que aflamenca todo lo que canta. En las sobremesas, María brilla con toda su luz y su energía interminable. El otro día, en Melilla, Ignacio Martínez de Pisón me lo dijo, mientras miraba a María: "Qué desparpajo". Ignacio va a ambientar parte de su próxima novela en Melilla y aprovechó la semana de cine para hacer trabajo de campo.

En Melilla también había otros invitados, de los que no nos separamos: Raúl Arévalo, Carlos Areces, Verónica Sánchez, Pilar López de Ayala, Aitana Sánchez Gijón, Goya Toledo, José Mota o Santiago Segura. Durante una de las comidas, José Mota le propuso a María León gastar una broma a un amigo suyo y de Santiago, un relaciones públicas al que María conoce muy poco y que es célebre por su racanería. La cosa consistía en que María llamara por teléfono a ese hombre y que fingiera estar muy apurada y necesitar 6.000 euros para una urgencia. María aceptó de inmediato el envite, le llamó por teléfono, puso el altavoz y por poco nos desmayamos de risa -reprimida- mientras asistíamos a la delirante charla de María con la víctima que, como buen tacaño, se resistía como gato panza arriba a soltar un euro: "De verdad que no puedo María, lo tengo todo a plazo fijo", decía.

Hassan -un icono de Melilla- nos llevó a visitar el rastro, a tomar cervezas en bares castizos y nos enseñó la tienda de especias más especial de la ciudad. María quería llevarse todas las especias. Eso le sucede a menudo. Tiene una irresistible tendencia a encandilarse. María utiliza un verbo magnífico que retrata su ansiedad por devorar y exprimir las cosas de la vida que más le gustan: "Es que yo me engolosino". Maribel Verdú, cuando conoce a alguien tan adorable y adictiva como María, tiene una expresión muy suya: "Me la como". Y yo tengo otra: "Viva la madre que te parió".

Este artículo ha sido publicado también en El Heraldo de Aragón.